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Mes: noviembre 2017

Crítica: Thor: Ragnarok

Las aventuras cinematográficas del superhéroe del martillo se van superando poco a poco en espectacularidad y alicientes, y esta tercera entrega, sin duda, queda sensiblemente por encima de las anteriores. Para ello, un factor esencial reside en acompañar el desarrollo de la historia de acertadas notas de humor, casi siempre en clave de autoparodia; un recurso ya presente en ‘Thor: El mundo oscuro’ (2013) y que aquí se consolida como la fórmula idónea para aligerar tensiones, además de acercarse al espíritu de las historietas actuales.

Asgard se encuentra en manos de la despiadada y todopoderosa Hela, la diosa de la muerte, que pretende dominar el Universo comenzando por su lugar de origen, al que ha vuelto mucho tiempo después. Thor, cautivo en un planeta lejano, deberá regresar antes de que sea demasiado tarde. A su causa se acabarán uniendo unos cuantos valientes, forjando una alianza singular: ‘Los Vengativos’.

Al igual que sucede en los cómics y pensando especialmente en sus seguidores, también tienen cabida distintas figuras emblemáticas de Marvel que ya han aparecido en varias películas, e introduce referencias contenidas en títulos recientes de esta factoría, de manera que los aficionados entiendan esta producción como parte de un ambicioso proyecto global, lo que le confiere mayor entidad.

En lo que se refiere a los argumentos que maneja, consigue recrear un episodio bien estructurado, fácil de seguir y que diversifica sus puntos de atención, sin renunciar a esos continuos contrapuntos de comicidad. Para ello, el protagonista cede terreno a diferentes personajes que adquieren un peso destacable y enriquecen el conjunto.

Y por supuesto, como no podía ser de otra forma, las secuencias de acción resultan trepidantes, con un despliegue de efectos visuales eficaz, que nunca llega a ser apabullante.

Chris Hemsworth y Tom Hiddleston repiten en papeles que conocen a la perfección y esta vez se ven sorprendidos por Cate Blanchett, impecable y arrolladora como la temible villana que encarna. A ellos se suma una larga nómina de nombres que necesitan de poca presentación: Mark Ruffalo, Anthony Hopkins, Idris Elba y Jeff Goldblum, entre otros.

Al margen de quedarse en la butaca hasta que se enciendan las luces de la sala, para no perderse las consabidas escenas de propina, ocultas entre los créditos finales, es recomendable prestar atención a los sorprendentes cameos de rostros muy conocidos.

Ficha técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica: Nuestra Vida en la Borgoña

Desde Francia llega esta entrañable película con aroma a vino, que se mueve con ligereza entre el drama y la comedia. Sin contar una gran historia, su visionado resulta agradable, a lo que contribuyen decisivamente los bellos paisajes en los que transcurre y la bondadosa y tierna caracterización de los personajes.

Cédric KlapischJean dejó la mansión familiar hace diez años para dar la vuelta al mundo. Asentado finalmente en Australia, decide regresar cuando su padre, un reputado viticultor con quien no se ha llevado bien, está a punto de morir. Tras el deceso del patriarca tendrá que acordar con sus hermanos el reparto de la herencia, que incluye varias hectáreas de viñedos; una cuestión difícil de resolver.

El relato evita ahondar en el conflicto de la partición, que surge puntualmente y siempre tamizado por los fuertes vínculos fraternales de los tres protagonistas. Prefiere, por el contrario, poner el acento en los recuerdos de la infancia, los problemas personales que cada uno de ellos tiene pendientes de resolver y en la manera en que se apoyan mutuamente, madurando al ritmo que pasan las estaciones y han de tomar decisiones trascendentales.

De esta forma, además de apostar continuamente por los sentimientos más auténticos y sinceros, va construyendo un homenaje a las raíces y al amor paternofilial, colocando en el centro a estos jóvenes y proyectándolo tanto a sus progenitores, a través de emotivos flashbacks, como a sus propios hijos. Consigue así componer una propuesta con la que es fácil empatizar, ya que cualquiera se puede sentir próximo a sus inquietudes. No obstante, el desenlace deja algunos cabos sueltos, causando la impresión que el argumento central en el que se apoya ese largo reencuentro era un mero pretexto para hablarnos de cosas más profundas.

Por otra parte, la realización rentabiliza perfectamente el entorno embriagador en que sitúa la acción; incorporando un canto a la cultura vinícola, centrada en la Borgoña pero extrapolable a otras regiones de países mediterráneos, aprovechando además este apartado, tanto para ofrecernos una fotografía deslumbrante como para introducir guiños irónicos sobre costumbres y principios asentados por la enología.

Pio Marmaï, Ana Girardot y François Civil consiguen hacer real la fuerza de los lazos que les unen, a quienes se suma, muy convincente, María Valverde.

Estamos ante un recomendable estreno que pasa por ser el trabajo más sobresaliente del director Cédric Klapisch (‘Una casa de locos’, ‘Las muñecas rusas’).

Ficha técnica en IMDB

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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