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Mes: enero 2018

Crítica | Loving Vicent

Los méritos artísticos de esta producción y el enorme y esmerado trabajo que lleva detrás compensan sobradamente cualquier reparo que se pueda oponer a tan notabilísima película de animación, toda una gratificante experiencia. Puede que la intriga no esté a la brillante altura de las imágenes que nos ofrece, pero aun así capta la atención desde el principio y prácticamente en clave de thriller nos acerca un detallado perfil íntimo de quien está considerado como uno de los grandes maestros de la historia de la pintura.

La acción comienza en la ciudad francesa de Arles, durante el verano de 1891, donde un joven recibe el encargo de su padre de entregar la última carta que escribió Vincent Van Gogh a su hermano Theo que reside en París. Así comienza un viaje en el que el protagonista irá descubriendo los entresijos de la vida del pintor, al tiempo que intentará averiguar la verdad sobre las extrañas circunstancias que causaron su muerte.

Desde el inicio, cada secuencia se empapa del estilo de sus obras, provocando la continua sensación de estar viendo cuadros animados. De hecho, más de 100 artistas han realizado 65.000 lienzos siguiendo sus patrones pictóricos, lo que unido a las técnicas digitales de captura de movimiento arroja unas coloridas y vistosas secuencias que hechizan a cualquier amante del arte.

Esta propuesta visual, lejos de distanciarnos, proyecta una innegable calidez que arropa las indagaciones del improvisado investigador, puntualmente interrumpidas con unos interesantes flashbacks, ilustrativos del drama y la desazón que soportaba el genio del pincel, nunca reconocido en su tiempo.

Por otra parte, el guion, sin ser redondo, consigue caracterizar suficientemente bien a los distintos personajes que van incorporándose a la trama, mostrando su sensibilidad y la vinculación con la desaparecida figura, querida por quienes le conocieron de cerca.

Desde luego, resulta recomendable acercarse a este estreno tan original como gratificante a poco que se admire a este referente indiscutible del impresionismo.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | El Extranjero

Viendo el cartel y los nombres del reparto podría pensarse que detrás de este título encontraremos una cinta de acción al uso; sin embargo, la adaptación de la exitosa novela ‘The Chinaman’, obra de Stephen Leather, da como resultado un intenso thriller, actual y entretenido, que conforme se desarrolla va multiplicando el interés y la incertidumbre sobre su desenlace. Lo que parece una simple historia de venganza, derivada de un acto terrorista, extiende sus ramificaciones hacia una intriga policial y política sin desperdicio que demuestra una notable capacidad para sorprender.

Después de la explosión de una bomba en el centro de Londres, el dueño de un pequeño restaurante, de origen chino, queda abatido por la terrible pérdida que acaba de sufrir. Cuando se da a conocer que la autoría corresponde a un grupo radical irlandés, utilizara medios muy expeditivos con el fin de presionar a un reputado político, antiguo militante del IRA, convencido de que éste sabe quienes son los culpables.

La primera parte del film peca de llevar hasta extremos insospechados los ardides que el protagonista prepara con el objetivo de amedrentar al viceministro británico. Dedica demasiado tiempo a este apartado en lo que se antoja una reacción ofuscada y carente de motivación suficiente como para alcanzar estas cotas violentas.

No obstante, a medida que la trama avanza consigue redimirse, tanto al dedicar la debida atención a otros argumentos esenciales que abren nuevos interrogantes, como cuando destapa impensables secretos de los distintos personajes que van entrando en juego. Todo ello sin olvidarse de la acción, que dosifica paulatinamente para que resurja en los momentos realmente precisos, hasta abocarnos a una vibrante resolución y un epílogo muy justo, dejando la sensación de haber visto una película de género bastante notable.

Jackie Chan intenta reverdecer laureles y sin el mismo carisma y energía de antaño, se gana al espectador por la humilde personalidad que confiere a su rol, haciendo que incluso asumamos las proezas físicas que es capaz de realizar. Pierce Brosnan le da adecuada réplica en un perfil que va ganando matices a lo largo del relato.

Estamos ante un estreno plenamente recomendable para los amantes del cine de evasión que, seguro, verán cumplidas sus expectativas.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | Tres Anuncios a las Afueras

Tras este título tan peculiar como poco atractivo se esconde un thriller sólido que navega, a veces de forma aparentemente caótica, entre el drama y el humor negro hasta alcanzar una entidad y contundencia sobresalientes. La original y sórdida historia que pone en pantalla resulta absorbente y se ve espoleada en los momentos justos por acontecimientos imprevisibles y sorprendentes.

Mildred Hayes intenta sobrellevar el asesinato de su hija pero no puede asumir que, varios meses después, la policía prácticamente haya cerrado el caso sin ningún sospechoso. Por esa razón decide declarar su particular guerra a la fuerza pública colocando tres carteles a la entrada del pueblo que la desacreditan. Ese acto tan simple generará reacciones en cadena de consecuencias impredecibles.

Es meritorio como, desde el principio y con las secuencias precisas, realiza la detallada descripción de la comunidad donde tiene lugar la acción. Ebbing es una pequeña localidad de Missouri en la que todos conocen las intimidades, virtudes y defectos de sus vecinos y algunos llevan por bandera el racismo y la homofobia.

En ese contexto va introduciendo lo que vendrían a ser diferentes arquetipos de la América profunda, debidamente matizados para dar consistencia a una intriga que durante muchos minutos de metraje parece desenfocada. Eso no supone que pierda interés porque juega a la perfección con otros argumentos, a priori accesorios, que, sin embargo, incorporan paulatinamente elementos intrigantes o desconcertantes, a la vez que cautivadores, hasta converger en un todavía más brillante tramo final. Es en esa última parte cuando el relato se muestra condescendiente con los personajes mostrando aspectos insospechados, destapados con el tacto suficiente para que sean asumibles.

Frances McDormand se luce plenamente, asumiendo un rol protagonista, de perfil duro, al que dota del temperamento preciso para empatizar con el espectador y que le podría dar su segundo Oscar veintiún años después, curiosamente por una película que emparenta con ‘Fargo’ (1996), por la que obtuvo su primera estatuilla. Junto a ella hay que destacar las espléndidas participaciones de Woody Harrelson y Sam Rockwell, a quienes se suman en papeles secundarios unos eficaces Peter Dinklage, el joven Caleb Landry Jones, Abbie Cornish y John Hawkes, conformando un reparto de lujo para esta producción totalmente recomendable.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | El Instante más Oscuro

El nuevo biopic parcial, sobre el que está considerado el político británico más relevante de la historia, tiene bastantes puntos en común con el film estrenado el pasado mes de septiembre, solo que en este caso cambia el momento histórico en que pone la atención. No obstante, en favor de esta producción procede señalar que, en la medida de lo posible, evita encorsetarse en hechuras teatrales y aplica recursos narrativos que le confieren mayor dinamismo e interés que su antecesora en la cartelera.

Los primeros días de mayo de 1940, con la Europa continental a merced de los nazis, la crisis gubernamental del Reino Unido se resuelve nombrando a un nuevo primer ministro: Winston Churchill, cuestionado por su partido pero bien visto por la oposición. La inminente y crucial decisión que deberá tomar a la vista de los acontecimientos que están ocurriendo en Francia, con el ejército batiéndose en retirada, será pactar la paz con Hitler o resistir hasta una victoria con la que solo él parece soñar.

El reputado estadista vuelve a ser el protagonista absoluto de la cinta, pero aquí se muestra enérgico e ilusionado con el cargo, convencido de sus ideas y dispuesto a cautivar con su brillante oratoria que deja frases rotundas. De manera que el conjunto se contagia de ese talante arrollador y forzosamente positivo, mostrando detalles de lo sucedido en aquellas convulsas semanas que no tienen desperdicio. El resto de personajes que se mueven a su alrededor se quedan en lo esquemático, solo su esposa y el rey Jorge VI tiene un poco de peso, pero aun así sus ocasionales participaciones oxigenan la puesta en escena sin restarle tensión dramática al relato.

Se debe mencionar la notabilísima dirección artística, apreciable tanto cuando la acción sale a los exteriores como en las cuidadas imágenes de las lujosas estancias por las que transcurre; un apartado vistoso gracias a la espléndida fotografía, que incluye llamativas vistas aéreas, y todo ello arropado por las eficaces notas musicales de Dario Marianelli.

Gary Oldman realiza una interpretación extraordinaria y sostiene con enorme oficio el peso de la película proyectando hacia el espectador ese don para la seducción dialéctica de la figura que encarna. Kristin Scott Thomas, Ben Mendelsohn y Lily James le sirven de apoyo y le dan pequeños y agradecidos relevos en pantalla.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | Qué fue de Brad

Sin abandonar del todo sus registros cómicos, Ben Stiller consigue mantener dignamente una cinta irregular que habla de la crisis de los 50, donde se alternan lecturas interesantes y muy reales con otras situaciones hiperbolizadas que descolocan. Al margen de ello, estamos ante un film que se deja ver pero al que le falta algo de chispa y de ritmo.

El actor neoyorquino, en la línea de alguno de sus trabajos anteriores, como ‘Mientras seamos jóvenes’ (2014), interpreta a un padre de familia frustrado por la vida que lleva en comparación con las de quienes fueron sus amigos de juventud, convertidos en auténticos triunfadores. Esta sensación la acentúa el hecho de que tenga que viajar con su hijo desde Sacramento a Boston, donde él estudió, con el fin de que el chico pueda instar el acceso a alguna de las prestigiosas universidades de la ciudad. Durante varios días la convivencia entre ambos, sacará sus inseguridades a la luz.

Una de las bazas llamativas del guion es la forma en que maneja los cambios en el estado de ánimo del protagonista, nunca en paz consigo mismo. Inicialmente, nos lo presenta como un tipo hundido en su pesimismo y baja autoestima, para luego insuflarle un poco de ilusión, cuando se proyecta en las virtudes y logros de su vástago, al tiempo que pone en duda esos mismos sentimientos. Precisamente los momentos íntimos de la relación paternofilial deparan las mejores secuencias de la película. Logra así esbozar una radiografía psicológica compleja que alcanza extremos muy cómicos, ridiculizando a un tipo cuyo perfil es, hasta cierto punto, reconocible y que genera compasión; solo que la manera de enfatizar sus salidas de tono peca de exagerada.

El otro elemento que va ganando entidad es el de los personajes que le rodean: tanto el de una adolescente, que le hace ver como han cambiado las perspectivas de las nuevas generaciones, como el de esos viejos compañeros que ahora le han olvidado y cuya realidad no es tan idílica como él piensa. Con ello construye un meritorio mensaje desmitificador sobre los modelos de éxito que nos impone la sociedad.

Del resto del reparto, destaca el joven Austin Abrams (‘Ciudades de papel’) quien pone un agradecido toque de equilibrio y espontaneidad. Por su parte, aprovechan sus pequeñas intervenciones Jenna Fischer, Michael Sheen y Luke Wilson.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | El arte de la amistad

Este acercamiento cinematográfico a la figura del pintor y escultor Alberto Giacometti depara una historia que parece impregnarse demasiado de su peculiar personalidad. Así, a través de un episodio muy localizado de su vida, nos encontramos con una narración a veces caótica, otras interesante y en ocasiones reiterativa, que parece obsesionarse, como el propio artista, por alcanzar una perfección imposible, solo que en el caso del film el resultado acaba siendo poco estimulante.

En 1964 el novelista y biógrafo estadounidense James Lord viajó a París con la intención de encontrarse con el genio suizo. Una vez allí, éste le pidió que posase para hacerle un retrato. Confiado en que sería cuestión de pocos días aceptó; pero las sesiones de trabajo se alargaron bastante, un tiempo que le serviría para conocer a fondo a su admirado amigo.

El guion parece excesivamente preocupado en mostrar el carácter desmesuradamente perfeccionista de esta celebridad, provocando un desasosiego en su invitado que se proyecta sobre el espectador. Tal desazón se genera a partir de una serie de situaciones que comienzan en el estudio de pintura y tienen continuidad en las diferentes charlas que ambos protagonistas mantienen mientras pasean por las calles de un cementerio. Especialmente, estas últimas secuencias suelen acabar en conversaciones ciertamente vacías y repetitivas.

Por otra parte, en lo que es un loable ejercicio de honestidad, nos muestra la cara frívola y canalla del reputado personaje. Esto, afortunadamente, sirve para incorporar un contrapunto de frescura al entrar en juego su joven y libertina amante, de la que se vale el relato para completar un cuadro absolutamente ilustrativo, incluso desmitificador, de la forma de ser de este bohemio; lo que no quita para señalar la endeble consistencia de sus argumentos.

Con todo, procede apuntar que la dirección artística y la fotografía cumplen con su cometido, arrojando unas texturas apropiadas e igualmente nada se puede reprochar al reparto: Geoffrey Rush realiza una convincente interpretación, haciendo asumibles los ribetes histriónicos de los que hace gala. Su contrapeso lo pone un sereno y flemático Armie Hammer, que también ejerce como elemento vertebrador y en ocasiones, como observador silencioso y necesario; mientras que el toque desenfadado lo pone Clémence Poésy.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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