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Mes: febrero 2018

Crítica | 120 Pulsaciones por Minuto

Premiada por el jurado y por la prensa internacional en el Festival de Cannes, esta producción francesa, candidata a 13 César, es difícil de recomendar. Y ello sin poner en duda sus valores, el interés que puedan despertar los hechos que recrea y los méritos artísticos que aglutina. No obstante, aun aceptando estas consideraciones, razones suficientes para justificar los galardones obtenidos, nos encontramos con una historia que peca de cíclica en determinados apartados y cuya puesta en escena alcanza una dureza visual que cuesta soportar en los compases finales, con unas imágenes demasiado explícitas y no siempre necesarias, que pueden herir la sensibilidad.

Nos lleva a principios de los 90, al seno de la organización Act Up París que un grupo de seropositivos había constituido poco antes con los objetivos de presionar a los políticos y a los laboratorios farmacéuticos para que aceleraran la aplicación de remedios eficaces contra el SIDA y de concienciar a la población sobre los riesgos y consecuencias del virus. En ese marco va centrando la atención en dos activistas que comienzan una relación sentimental.

Los compases iniciales, en los que la narración fluye con soltura, despiertan la atención del espectador. Asistir a las asambleas y acciones reivindicativas de estos jóvenes y a la desazón que sentían, así como, paralelamente, a la presentación de los protagonistas y de sus circunstancias, siembra el terreno para despertar elevadas expectativas; en mayor medida cuando la realización se mueve en terrenos muy verosímiles a través de la aparente espontaneidad de sus intérpretes.

Sin embargo, el guion entra en una especie de bucle y carga el metraje (140 minutos), hasta que intenta oxigenarse con los apasionados encuentros de una pareja de gays que viven su romance desde perspectivas diferentes. Pese a ello, este paulatino cambio de inclinación, del relato coral al personal, sin abandonar completamente ninguno, se realiza de forma brusca y en ocasiones el desarrollo de la película se dispersa en detalles insustanciales y transiciones desangeladas.

Finalmente nos aboca a un desenlace que se ve venir con bastante antelación, además de ilustrarnos sobre los estragos de la enfermedad de manera contundente y dejar para el último tramo ciertas secuencias verdaderamente desagradables.

En el apartado artístico resulta incuestionable la implicación total del argentino Nahuel Pérez Biscayart, una actuación descollante digna de los mayores elogios. Junto a él, son reseñables las participaciones de Arnaud Valois y Adèle Haenel (‘La chica desconocida’).

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | El Hilo Invisible

Las excelentes interpretaciones del trío protagonista matizan una historia irregular, cuya intencionada elegancia y exquisitez llevan a conferirle un tono demasiado frío, perceptible sobre todo en su primera hora. El film se sustenta básicamente en una especie de tour de force psicológico a tres bandas, donde las frustraciones, los deseos y las pasiones reprimidas le dan un halo de complejidad sostenida que eclosiona de forma tan sorprendente como mesurada.

La acción nos lleva al Londres de los años 50. Allí vive Reynolds Woodstock, el modisto preferido por las damas de la alta sociedad de media Europa. Ha estado siempre tan volcado en el trabajo que no ha tenido tiempo para el amor; no obstante, dos mujeres condicionan lo que hace: su hermana, una solterona de carácter recio y su madre, cuyo recuerdo tiene siempre presente. Inesperadamente conocerá a una camarera que le llegará al corazón, aunque no parece preparado para integrarla en la disciplinada vida que lleva.

La narración se contagia desde el principio del carácter introvertido y perfeccionista del reputado y genial diseñador y se desarrolla con los alicientes justos, componiendo bellas imágenes a las que, sin embargo, le falta fuerza. No es que la historia se atasque pero hasta que adquiere la entidad esperada parece avanzar sin rumbo. Solo el magnetismo que generan los personajes, cuyos recovecos emocionales se muestran con ribetes maquiavélicos y los atractivos escenarios en que se mueven permiten mantener la atención en la pantalla.

Pese a no abandonar ese aire retorcido, cobra mayor interés en su tramo final, donde hay detalles que se intuyen más que se ven, en consonancia con su título; hasta culminar con un desenlace poco estimulante. Por eso, después del visionado, es difícil de entender que haya sido bendecida con la candidatura al Óscar a la mejor película del año entre las seis nominaciones con las que cuenta, si bien el resto son relativamente defendibles.

El conjunto de los apartados técnicos pasa por ser uno de sus puntos fuertes, con mención destacada para el vestuario y la fotografía. Por otro lado, la banda sonora compuesta por Jonny Greenwood, con hechuras de música clásica, es de una belleza indiscutible, a pesar de que Paul Thomas Anderson se excede en la manera de utilizarla, superponiéndola reiteradamente al resto de elementos en varias secuencias.

Daniel Day-Lewis vuelve a demostrar su oficio y roza la excelencia, aun cuando no alcanza las elevadas cotas de algunos de sus recordados papeles. Frente a él, no le pierde la cara la joven y prometedora Vicky Krieps, ratificando su buen momento tras ‘El joven Karl Marx’ (2017). Pone la guinda la veterana Lesley Manville, completando el magnífico elenco del que son deudores muchos de los reconocimientos obtenidos por esta producción.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | El pasajero

Quienes hayan visto las anteriores colaboraciones del director español Jaume Collet-Serra con el actor Liam Neeson, se pueden imaginar sin temor a equivocarse lo que depara este estreno. Sigue la estela de ‘Sin identidad’ (2011), ‘Non-Stop (Sin escalas)’ (2014) y ‘Una noche para sobrevivir’ (2015) y aunque no se aparta demasiado de estos títulos, en ningún caso los supera.

Su argumento se antoja familiar y ciertamente predecible: Michael acaba de ser despedido de su trabajo y vuelve a casa abatido en el tren al que sube cada día. Mientras piensa la forma de decírselo a su familia, una desconocida le propone, casi como si fuera un juego, que encuentre a un determinado pasajero. A cambio le ofrece 100.000 dólares, pero lo que no sabe es el riesgo que corre y las fatales consecuencias que pueden sufrir las personas que quiere.

Llama poderosamente la atención la original manera de presentar al protagonista, mediante varias secuencias de sus rutinas diarias en diferentes fechas, con un espléndido montaje, que sirven para mostrarlo como un tipo normal y sin habilidades especiales. Así pues, tiene un arranque afortunado y prometedor, abriendo las mejores expectativas con un loable ejercicio de dirección.

Sin embargo, esa imagen de hombre corriente pronto se transforma en una cortina de humo, cuando pocos instantes después se dan a conocer detalles del pasado de este comercial de los seguros que cambian dicha perspectiva. Ello resulta determinante para sostener el desarrollo de la intriga, especialmente a la hora de intentar hacernos creer las acciones y heroicidades de las que es capaz.

Tampoco faltan momentos completamente inverosímiles y aspectos de la trama que son previsibles desde el principio, además de perder algo de fuelle en los minutos que preceden al desenlace, sin dejar de ser, en una valoración global, un vehículo de evasión aceptable.

El intérprete irlandés, a sus 65 años (el personaje tiene 60), sigue cumpliendo en este tipo de papeles de exigencia física y dando la talla por su carisma. Esta vez el guion deja el mínimo espacio a sus acompañantes, pese a que veamos en el reparto los nombres de Sam Neill, Vera Farmiga, Patrick Wilson y de la española Clara Lago, correctos, sin más, en sus breves intervenciones.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | Sin amor

Desde Rusia llega este drama desgarrador que conjuga el conflictivo divorcio de un matrimonio con la desaparición de su hijo de corta edad. La película, técnicamente impecable y con un leitmotiv loable, funciona a la perfección en su vertiente de thriller, pero se excede al mostrar las desagradables desavenencias entre los protagonistas, resultando contundente y extenuante al mismo tiempo.

Desde el principio, el guion se preocupa por enfatizar el lado más oscuro e irritante de los excónyuges, enfrascados en una guerra sin cuartel tras su ruptura, pese a que los dos han comenzado a rehacer sus vidas con otras parejas. El espectador asiste a los desencuentros como un testigo silencioso e indudablemente violentado por sus envenenados y mutuos reproches.

Cuando el pequeño se marcha de casa, harto de escuchar las peleas donde él mismo se ha convertido en un arma arrojadiza, ambos deberán colaborar forzosamente con la policía. A partir de ese momento, el relato toma los aires de una intensa intriga, sin renunciar a seguir incidiendo en el panorama malsano que presenta, incrementando su virulencia con la introducción de otros personajes: unos, egocéntricos, como la nueva novia del padre y otros tan antipáticos, rudos y despreciables como la madre de su exmujer.

En esta segunda parte de la historia, la tragedia planea en forma de condena merecida, aunque se ve lastrada por todo cuanto le precede. Ello no le resta méritos a la notable realización, que sabe mover y colocar la cámara para lograr imágenes atractivas y hasta hechizantes cuando la acción sale al exterior.

El trabajo de los actores, enfrentándose a papeles exigentes y poco agradecidos, es digno de elogio; con especial mención para la sensacional Maryana Spivak, que llena completamente la pantalla y ensombrece, al igual que en la ficción, a su compañero Aleksey Rozin.

Andrey Zvyagintsev no alcanza las excelencias de ‘El regreso’ (2003) y de la galardonada ‘Leviatán’ (2014), si bien el film es igualmente recomendable, tal como acreditan el Premio del Jurado del Festival de Cannes y la nominación al Óscar en la categoría de mejor película de habla no inglesa.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | Una mujer fantástica

Aunque se estrenó en España el pasado mes de octubre, esta premiada producción chilena vuelve a estar de actualidad después de su nominación al Óscar como mejor película de habla no inglesa, continuidad de la candidatura al Globo de Oro en esa misma categoría. A poco que se piense, no es que presente una gran historia, pero ciertas peculiaridades del drama intimista que pone en la pantalla y el excelente trabajo de la actriz protagonista le confieren un apreciable valor añadido.

Marina mantiene una apasionada y sincera relación con Orlando, divorciado y bastante mayor que ella. Justo cuando habían planeado irse de viaje y tras pasar la noche juntos, él se siente repentinamente indispuesto y fallece. A partir de ese momento la vida de la joven sufrirá un vuelco, condicionado por su secreto más íntimo, lo que le hará especialmente vulnerable.

La denuncia de extendidos prejuicios sociales y de la hipocresía que se atisba en muchos de quienes quieren vender la falsa imagen de personas comprensivas, civilizadas y modernas subyace en sus argumentos. Tales referencias sirven para desarrollar la historia, algo descompensada porque mientras su primera hora resulta muy intensa y emocional, se aprecia cierto decaimiento en el tramo que precede al desenlace.

Así, pese a los reconocimientos obtenidos, se ha de apuntar que el guion se muestra dubitativo en los compases finales, utilizando recursos que no acaban de aplicarse adecuadamente, lo que depara secuencias mal justificadas o desconcertantes. Las pinceladas paranormales que introduce en esos instantes y ciertas reacciones de los personajes encajan con dificultad. Aun así, no llegan a estropear las buenas sensaciones que, en conjunto, deja su visionado.

El relato provocará el coraje del espectador con sensibilidad, ya que también reivindica el derecho de cualquier ser humano a expresar el dolor y el pésame en situaciones traumáticas.

La magnífica interpretación de Daniela Vega es esencial para que este título haya conseguido los importantes galardones con que cuenta, además de cautivar a la crítica internacional. Sus elocuentes miradas y el temperamento que insufla a la “mujer fantástica” son determinantes. A su alrededor, destacan las intervenciones de Luis Gnecco (‘Neruda’) y de una implicada Aline Kuppenheim.

Sebastián Lelio, director de la aplaudida ‘Gloria’ (2013), se reafirma como un realizador digno de atención.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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