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Mes: abril 2018

Crítica | La Casa Torcida

Prácticamente desde el principio se tuerce esta desacertada adaptación de la novela homónima de Agatha Christie y ni tan siquiera el golpe de efecto final, sello inconfundible de las obras de la escritora británica, logra enderezarla. Es un querer y no poder donde la mediocridad recorre los apartados artísticos y la mayoría de aspectos técnicos, echando por tierra el resultado que merecía la historia.

El film traslada la acción a finales de los años 50. Tras la repentina muerte de un famoso multimillonario en su lujosa mansión, el detective londinense Charles Hayward recibe la visita de la nieta del difunto. Está convencida de que su abuelo fue asesinado por algún miembro de su familia y por eso le encarga la investigación a este joven con quien tuvo un affaire tiempo atrás.

Lo primero que falla de manera clamorosa es el escaso carisma del protagonista: Max Irons presenta un perfil pusilánime y se muestra incapaz de darle al papel la entidad que merece. Se supone que es el hijo de un insigne policía de Scotland Yard y desde luego, nada parece haber heredado de él (tampoco el actor de su padre, Jeremy Irons). Esta carencia no queda ni mucho menos compensada por el resto del elenco de personajes que le van acompañando: mujeres extravagantes y tipos histriónicos, todos, sin excepción, muy artificiosos.

A ello se suma la desentonada realización que proporciona una narración errática y precipitada, además del abierto tono teatrero que evidencia la puesta en escena en demasiados momentos. Más allá de algunos detalles de la ambientación, poco se puede salvar. La misma casa a que hace referencia el título parece un collage de estancias variopintas, cuya decoración pasa alegremente de lo clásico a lo tétrico o a lo moderno y colorido, y los temas musicales se introducen a destiempo.

Con tantos desaciertos, la sorpresa que guarda celosamente el relato para coronar la intriga, aun no siendo inverosímil, llega tarde y sin la fuerza suficiente para hacer olvidar las sensaciones de cuanto le precede.

En el reparto encontramos nombres de peso, sin que ninguno alcance a brillar especialmente: Glenn Close, Gillian Anderson, Julian Sands, Christina Hendricks y Terence Stamp, en un rol secundario, unos pecan de exagerados y otros de acartonados.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | El Buen Maestro

Se disfruta mientras se ve, gracias a la caracterización de su protagonista, quien traspasa la pantalla con humildad y buen corazón; sin embargo no perdurará en la memoria porque sus argumentos ya los hemos visto muchas veces en el cine. Estamos ante la típica historia del maestro que se enfrenta a alumnos de barrios marginados, cercanos a entornos delictivos en algunos casos, sin que, en líneas generales, encontremos aportaciones especialmente significativas respecto a la multitud de antecedentes que cabe recordar. No obstante, la sencillez y afabilidad que recorren la cinta compensan sobradamente su visionado.

François es, como su padre, profesor de literatura del prestigioso liceo Henri IV de París. Circunstancias imprevistas le llevan a aceptar la tutoría de una clase en un centro del extrarradio, con adolescentes problemáticos, nada dispuestos a prestarle atención.

El guión marca perfectamente los tiempos y dedica las secuencias precisas para describir a este personaje en su entorno habitual y así poder enfatizar el contraste cuando pasa a otro ambiente diametralmente opuesto al que domina. No obstante, en ese nuevo escenario se muestra muy ingenioso a la hora de escenificar los acertados métodos que se saca de la chistera para recabar el interés de los chicos. Es loable como introduce las referencias a ‘Los miserables’ de Víctor Hugo y adapta hábilmente los contenidos de la novela para conseguir que los estudiantes se enganchen a ella, gracias a su eficaz dialéctica.

Otro mérito pasa por contraponer a este docente con sus jóvenes colegas, encasillados en recursos convencionales y descreídos sobre la posibilidad de poner en el camino adecuado a los chavales más díscolos; para acabar dándoles una modesta pero elocuente lección sobre la manera de educar.

Todo ello sin renunciar al sentido del humor, al salpicar el relato de sutiles notas de comicidad debidamente mesuradas para no alejarse del discurso central. Aunque en algún instante, mediado el metraje, parece atascarse ligeramente, se resarce conforme se acerca al tramo final, imbuido de emotividad contenida.

Denis Podalydès (‘De Nicolas a Sarkozy’) logra transmitir la imagen entrañable que requiere su papel y es decisivo para que los actores no profesionales y debutantes que le acompañan se muevan con absoluta naturalidad delante de las cámaras, al punto de que, por momentos, el film se asemeja a un documental.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | Proyecto Rampage

Ni los primeros veinte minutos aguanta esta infumable y abrumadora producción que sigue los peores patrones del cine estadounidense de ciencia-ficción, aventuras y acción, pretendiendo aproximarse, sin conseguirlo, a distintos títulos de éxito comercial. Pese a partir ya de premisas inverosímiles, parece esforzarse constantemente en hacernos ver que nada es mínimamente creíble y conforme avanza se va hundiendo en terrenos tan bochornosos como agotadores. No debe servir de excusa el hecho de estar inspirado en el popular videojuego ‘Rampage’ que triunfó a mediados de los 80.

Davis Okoye es el primatólogo del parque natural de San Diego. Allí cuida de George, el gorila albino con quien mantiene un vínculo muy especial, al punto de que ambos se comunican perfectamente por medio del lenguaje de signos. Cuando una sustancia química cae accidentalmente en esa zona, varios animales empiezan a crecer de forma exponencial y a arrasar con cuanto encuentran a su paso, entre ellos este simio aventajado.

En poco tiempo la película se convierte en un recargado y cansino festival de pirotecnia hollywoodense. Todo vale con tal de mantener ese tono vibrante de destrucción imparable a cargo de tres criaturas devastadoras. Intentando emular a films como ‘Godzilla’ o ‘King Kong’, el guion pierde el hilo y no le importa ir dejando detalles ridículos e inasumibles por el camino.

Como en cualquier historia del género, hay unos personajes malvados, en este caso los rectores de la empresa que experimenta con la mutación genética: dos hermanos, la lista y el tonto apocado (Malin Akerman y Jake Lacy), que ejercen de payasos fuera de contexto. Si ya su presencia resulta chirriante la manera en que cierran sus respectivas participaciones no tiene nombre, hasta hacernos dudar sobre cual era realmente su auténtica función. No sale mucho mejor parado, en un rol secundario, el militar de turno que quiere acabar a las bravas con los enfurecidos monstruos.

En cuanto a los protagonistas se refiere, Dwayne Johnson, habitual en estas lides, hace lo que puede para mantener el tipo, pero aquí su carisma es insuficiente. Naomie Harris se salva algo más de la quema y Jeffrey Dean Morgan (‘The Walking Dead’) está tan preocupado de caer bien que se olvida del papel.

Brad Peyton realizador de títulos como ’Viaje al centro de la Tierra 2: La isla misteriosa’ (2012) y ‘San Andrés’ (2015), continua en caída libre.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | Juego de Ladrones. El Atraco Perfecto

Lo mejor que se puede decir de este thriller policíaco es que hace llevaderos sus 140 minutos de metraje; un entretenimiento que maneja con corrección los lugares comunes del género, pero sin aportar nada destacable. La historia se apoya en el antagonismo entre sus dos coprotagonistas, que se mueven respectivamente a uno y otro lado de la ley; un hilo conductor que recuerda demasiado a ‘Heat’ (1995). Por lo tanto, la comparación es inevitable y en ese apartado sale perdiendo, aun así, obviando ese contraste, se deja ver.

Tras el violento ataque a un furgón blindado, el implacable sheriff del condado de Los Ángeles se pone tras la pista de los profesionales del robo que han llevado a cabo el asalto, donde se dan circunstancias sin explicación aparente. Pronto descubre a los autores, a quienes sigue de cerca, aunque desconoce el verdadero propósito de su siguiente atraco.

Dado que el guion se desarrolla tomando como referencia la rivalidad entre el expeditivo agente del orden y el cabecilla de los delincuentes, perfila con detalle a ambos, abriéndose a explorar sus convulsas parcelas personales para darles mayor entidad, especialmente en el caso del primero. Este aspecto se lleva a extremos, en ocasiones, innecesarios, mientras que, por el contrario, descuida la continuidad de la trama principal, de manera que, sin ser la tónica general, se aprecian vacíos a la hora de justificar adecuadamente determinadas secuencias cogidas por los pelos; así que el plan de “perfecto” tiene lo justo.

También se echan en falta los giros inesperados. La capacidad para sorprender al espectador es bastante limitada y solo a modo de epílogo introduce un golpe de efecto que resulta poco convincente.

Al margen de ello, no faltan las persecuciones y tiroteos (concentrados al principio y al final) por las calles de la ciudad angelina, que cumple su rol como marco idóneo para la acción; no obstante apuesta por el suspense contenido, con picos de elevada tensión que no acaba de explotar.

Gerard Butler (‘Objetivo: la Casa Blanca’, ‘300’), tiene estos papeles muy trabajados y cumple sin deslumbrar. Frente a él destaca el menos conocido Pablo Schreiber (‘13 horas: los soldados secretos de Bengasi’), quien confiere un convincente carisma a su personaje, sin caer en exceso.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | Un Sol Interior

Muchos son los nubarrones que impiden brillar a esta película francesa de tono intimista y romántico. La loable intención de presentar una reflexión en torno a la soledad, a la insatisfacción sentimental y a aquello que se desea en una relación queda oscurecida por un guion que alterna contados destellos, apreciables en frases muy inspiradas, con situaciones que se repiten y secuencias que van languideciendo o que bordean lo absurdo.

Isabelle es una mujer divorciada, cuya profesión está vinculada a la pintura. Desde que se rompió su matrimonio intenta hallar nuevamente el amor sin conseguirlo. Ser la amante de un prepotente banquero casado, seducir a un joven actor, también comprometido y reencontrarse con su exmarido, solo le reportan decepciones que truncan las ilusiones depositadas en cada caso; lo que es bien lógico atendiendo a tan desatinadas elecciones.

El film se despreocupa bastante de la caracterización de los personajes. De hecho, de la protagonista apenas llegamos a conocer lo justo, más allá de sus devaneos e inquietudes personales. Mediado el metraje, por ejemplo, conocemos que tiene una hija, que no tiene peso alguno en la historia. Más superficiales y sosos resultan todavía sus distintos acompañantes.

Pese a desarrollarse supuestamente en clave de comedia, da la sensación de que intenta hacer reír mediante diálogos de besugos que terminan por transmitir el efecto contrario al pretendido, es decir, cierta ridiculez. En este sentido, riza el rizo con la escena final, que constituye un homenaje a la divagación en toda regla, a través de una figura desquiciante, a medio camino entre un adivino y un psicólogo, que se dedica durante casi 10 minutos a dar vueltas a predicciones y consejos sobre el futuro de la artista; lo que puede tomarse como un gag o una tomadura de pelo.

Juliette Binoche se muestra muy natural e interioriza las exigencias del papel, en ocasiones difíciles de digerir. Ella es, sin duda, lo más salvable de la cinta. El resto de intérpretes pasa sin pena ni gloria, incluyendo a a Xavier Beauvois y a la veterana Josiane Balasko, mientras que otros, como Gérard Depardieu, realizan intervenciones grotescas, y la participación de Valeria Bruni Tedeschi se queda en algo menos que testimonial.

El sol es tan interior que no lo vemos, ni siquiera lo intuimos, en ningún momento.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | El Justiciero

Digno remake del violento thriller ‘El justiciero de la ciudad’ (1974), protagonizado por Charles Bronson. Más allá de lo que se pueda pensar, teniendo en cuenta tal referencia, esta producción intenta, desde los primeros instantes, separarse en lo posible de su antecesora actualizando las situaciones y adaptándose al gusto del espectador de hoy. Para ello añade a la conocida trama un mensaje de fondo que advierte, casi de forma subliminal, de las trágicas consecuencias derivadas de un contexto que permite a los estadounidenses adquirir alegremente armas de fuego; empezando por hacerse eco de varios sucesos por medio de las noticias que acompañan las imágenes iniciales.

La vida de un famoso cirujano de Chicago da un giro cuando, inesperadamente, su mujer y su hija son brutalmente atacadas por unos ladrones. Poco después, ante la falta de resultados en la investigación policial, decide tomarse la justicia por su mano sin prever las consecuencias.

La cinta cumple con creces su intención principal de ofrecer un entretenimiento completo y evita convertirse en un torrente de escenas de acción despiadada, que, no obstante, aparece en los momentos adecuados. Por el contrario, vuelca mayor atención en la caracterización del protagonista y en su progresiva transformación, aunque minimiza la parcela emocionalmente dramática que conlleva las tristes circunstancias por las que atraviesa. Por supuesto, en el tramo final se acumulan los esperados e ineludibles tiroteos para no distanciarse en exceso de la novela de Brian Garfield en la que está basada.

Además, en línea con lo apuntado, también alude al repertorio de tutoriales que se encuentran en Internet para aprender a disparar diferentes modelos de rifles y pistolas; incluso ironiza con mordacidad sobre este tema cuando coloca tras el mostrador de la tienda de armamento a una dependienta tan atenta y sonriente como versada en los letales artículos que ofrece, para cuya posesión y manejo todo son facilidades.

El protagonista que encarna Bruce Willis no tiene ya los bríos, ni la chulería socarrona de antaño, lo que supone un acierto dada la edad del actor (63) y considerando el perfil del personaje que asume. A pesar de lo cual, mantiene el carisma suficiente para llevar el peso de la cinta y deja en segundo plano a los compañeros del reparto como Vincent d’Onofrio, Dean Norris y Elisabeth Shue, entre otros.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

 

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