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Mes: mayo 2018

Crítica | Lean on Pete

Partiendo de la novela homónima de Willy Vlautin, se presenta este film con una bonita y conmovedora historia sobre el tránsito de la adolescencia a la madurez por un camino de duras experiencias. Son muchas las virtudes que atesora la cinta, no obstante, le resta méritos el hecho de alargar el metraje, al excederse en el carácter contemplativo de determinadas secuencias que lastran el conjunto e impiden redondear el resultado.

Al margen de ello, su título es escasamente atractivo, lo que, aun siendo una cuestión de detalle, supone un hándicap de cara a la taquilla a no ser que se conozca la obra que adapta.

Charley, de 15 años, vive humildemente en Portland con su padre, esperando asentarse en la ciudad después de haber estado yendo de un lugar a otro. En el hipódromo local consigue trabajo como cuidador de caballos de carreras de la mano del tramposo Del. Poco a poco se va encariñando con ‘Lean on Pete’, pero cuando el equino deja de ser apto para competir y su dueño decide enviarlo a un matadero de México, se embarca con él en una auténtica odisea de final incierto.

La película, con un guión que prácticamente la estructura en dos actos, funciona bastante bien durante la primera hora, tanto en la introducción del protagonista como de los variopintos personajes con los que se topa y que tienen la perceptible entidad de la que carecen quienes van irrumpiendo en su entorno posteriormente.

Sin embargo, en la segunda mitad, cuando intenta dar énfasis a temas de calado, se muestra irregular, aunque nunca llega a decaer por completo. La soledad, el amor, la amistad y la familia son aspectos que laten en el relato a través de la retahíla de vivencias que marcan el acercamiento del chico al complejo universo de los adultos, donde se topará con buenas y malas personas, para cerrar la aventura de forma muy emotiva y positiva.

Charlie Plummer supera su ya brillante participación en ‘Todo el dinero del mundo’ y resuelve perfectamente un papel difícil, al exigir una transformación que el joven actor desarrolla sin reparos, lo que le valió el reconocimiento y un galardón en el pasado Festival de Venecia. Las escenas que comparte con el siempre notable Steve Buscemi y con Chloë Sevigny son lo mejor de este largometraje; sin obviar las destacadas participaciones de Travis Fimmel y Steve Zahn.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | Sansón

Pese a estrenarse en los cines, pasaría perfectamente por un telefilm olvidable, de los muchos que se emiten coincidiendo con la celebración de la Semana Santa. La ambición de la propuesta, la que merece la figura bíblica, es inversamente proporcional a los medios invertidos y consecuentemente, al mediocre resultado que presenta.

Sansón es un joven y fornido hebreo (aquí con aspecto de indio americano), elegido por Dios para proteger a su pueblo ante la opresión de los filisteos. El cruel príncipe Rallah ve en él la peor amenaza para lograr sus oscuros propósitos y tratará inútilmente de amedrentarlo amenazando a quienes más quiere. Sin embargo, ha subestimado su inquebrantable voluntad y descomunal fortaleza.

El primer pilar que falla en esta producción es el guion. La historia se proyecta como una sucesión acelerada, deslavazada y desganada de aquellos célebres hitos que ensalzaron la leyenda del personaje. Ni siquiera deja asentarse a las parcelas románticas, determinantes en su devenir. En esa línea, los protagonistas no alcanzan a tener la entidad debida y los diálogos son simplones y repetitivos.

A medida que va avanzando o, mejor dicho, precipitándose en la escenificación de los acontecimientos, el cinéfilo sentirá añoranza por la recreación que Cecil B. DeMille dirigió en 1949, con Víctor Mature, Hedy Lamarr, George Sanders y Angela Lansbury, y que sin ser una obra maestra era bastante notable.

No obstante lo anterior, en cuanto a los apartados técnicos se refiere, nada se puede reprochar a la correcta fotografía que salva algunas secuencias, acompañada de la apropiada banda sonora compuesta por Will Musser, especializado en las partituras de este tipo de relatos.

En el reparto no encontramos grandes estrellas y los escasos nombres conocidos que participan pasan casi desapercibidos (Billy Zane, Rutger Hauer y Lindsay Wagner). Por otro lado, encabezando el elenco tenemos a actores con poco recorrido todavía, como Taylor James, Jackson Rathbone y Caitlin Leahy, quienes ofrecen unas interpretaciones impostadas.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | Han Solo: Una Historia de Star Wars

Cuando Disney adquirió los derechos de la saga galáctica, sus rectores vieron las enormes posibilidades de maximizar el filón de esta franquicia; por lo que desde esa posición meramente crematística (algo parecido sucede con los superhéroes de Marvel) hay que entender el goteo de spin-offs como el que nos ocupa. Indudablemente constituyen un reclamo para los millones de fans del universo cinematográfico creado por George Lucas, pero debe comprenderse que su realización, casi en cadena, no los puede acercar a las excelencias de los títulos más dignos y emblemáticos de ‘Star Wars’. Teniendo esto en consideración, cabe rebajar las exigencias a este estreno que en líneas generales es un divertimento. No obstante, si se compara con ‘Rogue One’, de naturaleza similar, sale claramente perdiendo, además de antojarse bastante mejorable.

La historia, que no tiene descanso, cuenta los orígenes de Han Solo, el atrevido y chulesco contrabandista que conocimos en ‘La Guerra de las Galaxias’ (1978), aunque la personalidad que presenta dista sensiblemente de la figura que recordamos. Tras un arranque titubeante, va adquiriendo consistencia conforme desarrolla la trama central: el joven piloto se alía con un grupo de ladrones para robar un peligroso y valioso cargamento. Su propósito es obtener parte de la recompensa y volver a los peligrosos suburbios de la ciudad en la que creció con la intención de liberar a su amada de la mafia; sin embargo, varios contratiempos e imprevistos alterarán esos planes.

Los puntos fuertes del guion residen en ir descubriendo como se van incorporando al protagonista los elementos visibles que le caracterizan, incluyendo a sus habituales compañeros de viaje, compensando parcialmente las carencias advertidas en su perfil. Dejando al margen ese apartado, la aventura sigue un camino descendente, decepcionando en su resolución y aun en mayor medida con una de sus últimas secuencias que descoloca.

En los apartados técnicos, a diferencia de otras entregas, adquieren especial relevancia los escenarios naturales (parajes de Fuerteventura y de los Dolomitas han servido de plató del rodaje), que se integran adecuadamente en la intriga; lo que confiere a esta propuesta un sello particular y novedoso. En cuanto a la banda sonora, el enérgico leitmotiv compuesto por John Williams se deja notar, si bien en ocasiones se abusa de la utilización de la música.

Era difícil que Alden Ehrenreich (‘¡Ave, César!’) o cualquier otro interprete alcanzará a tener el carisma de Harrison Ford en sus tiempos mozos; pese a ello hay que reconocer que se esfuerza en estar a la altura. Mucho mejor queda Donald Glover, convincente en el rol de Lando Calrissian, haciendo olvidar a Billy Dee Williams. Woody Harrelson asume un papel que parece pensado para él, al que le presta unos registros que domina plenamente. Menos afortunadas resultan las planas participaciones de Emilia Clarke y de Paul Bettany, que encarna a un villano inconsistente.

Atendiendo a la dirección de Ron Howard (‘Cocoon’, ‘Willow’, ‘Llamaradas’, ‘Una mente maravillosa’, ‘Apolo 13’, ‘Cinderella man’, etcétera), quien se puso al frente de la producción una vez comenzada, se podía esperar una película sobresaliente, pero no es exactamente así.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | El Doctor de la Felicidad

En amable y bienintencionada se queda esta producción francesa, adaptación de una obra de Jules Romains, que ya fue llevada al cine en 1951; una película que, atendiendo a su premisa, podría haber llegado a más. Sin embargo, el hecho de seguir un camino descendente en su desarrollo, al menos en cuanto a comicidad se refiere, provoca sensaciones encontradas.

Knock es un timador a quien buscan dos mafiosos marselleses que quieren ajustar cuentas con él. Para librarse de ellos huye en un barco donde se hace pasar por médico. Años después recala en el bello pueblo de Saint-Maurice, donde comienza a ejercer la medicina a su manera. Pronto, los lugareños, aparentemente sanos, irán tomando conciencia de que padecen diferentes enfermedades y se someterán a los tratamientos del nuevo galeno.

Los compases iniciales, dedicados a la presentación del protagonista y de los vecinos de la localidad, están imbuidos de un sentido del humor eficaz, sin llegar a ser descacharrante, y de un agradecido aire costumbrista. Así, se suceden secuencias que irradian jovialidad, apoyadas en la excelsa dirección de fotografía que proporciona unas imágenes luminosas y saca partido a los escenarios en que se sitúa el relato. También suma atractivos el que la historia esté perfectamente ambientada a mediados de los 50, lo cual le confiere un innegable encanto.

Al mismo tiempo, en esa primera hora, funciona la ironía sobre el componente psicológico vinculado al estado de salud, enlazando con ‘El enfermo imaginario’ de Molière y satirizando, sin hacer sangre, acerca de la tan extendida hipocondría.

Desgraciadamente, mediado el metraje incorpora otro tipo de argumentos que no funcionan igual de bien. Tanto la parcela romántica como las pinceladas de thriller vinculadas al pasado del singular doctor, se abordan sin la misma energía, incluso la resolución, pretendiendo aportar un toque emotivo y de humanidad, tampoco logra tocar la fibra sensible y cierra el film discretamente.

Omar Sy llena la pantalla, especialmente en el aspecto físico, y su simpático carisma sostiene la cinta cuando se mueve en registros cómicos, aunque flojea en terrenos dramáticos. En el nutrido elenco encontramos a veteranos en estas lides que cumplen sin despuntar: Sabine Azéma, Christian Hecq, Hélène Vincent, Nicolas Marié y Michel Vuillermoz.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | Deadpool 2

Quienes conociendo al personaje acudan a las salas, apreciarán que esta secuela supera a su predecesora en muchas facetas, lo cual es reconfortante incluso para aquellos a los que no convenció completamente la irrupción del superhéroe más gamberro de Marvel. Los responsables de su adaptación a la gran pantalla parecen haber tomado conciencia de la necesidad de mejora y superación y han conseguido armar una propuesta nada desdeñable.

Resulta paradójico que cuando en las taquillas arrasa ‘Vengadores: Infinity War’, se presente Deadpool dispuesto a darle réplica moviéndose por unos derroteros bien diferentes. La aventura que protagoniza esta especie de “Torrente con mallas” viene cargada de comicidad y acción digerible. Solo peca de excederse en los alargados compases finales. No obstante, este reparo queda compensado con la retahíla de gags ingeniosos subidos de tono, guiños con toques nostálgicos, un sinfín de referencias cinematográficas en clave sarcástica y elevadas dosis de autoparodia.

Esta vez Wade Wilson se enfunda su peculiar atuendo con el propósito de proteger a un joven mutante, que se ha convertido en el objetivo del letal Cable. Este tipo, equipado con armas demoledoras, ha viajado en el tiempo desde el futuro para saldar deudas pendientes con el chico. A tan arriesgada misión se unirán otros valientes formando un auténtico equipo de élite (o no tanto): los ‘X-Force’.

Ya antes de los títulos iniciales asistimos a una auténtica declaración de intenciones de lo que depara el film: de manera vertiginosa concatena secuencias trepidantes en las que los tiroteos alternan con la ironía y pinceladas gore. Ello desemboca en los rompedores créditos de apertura, toda una humorada con hechuras propias de la saga ‘007’.

A partir de ahí no hay respiro. Tampoco faltan los chistes de sal gruesa, que a buen seguro espera el espectador que vio la película anterior. Así, la intensidad va creciendo hasta llegar a la cantada resolución, donde el guion se explaya y se gusta demasiado. Afortunadamente, al desenlace siguen varias escenas extras auténticamente sorprendentes, sin que debamos esperar al último fotograma para disfrutar de ellas.

Ryan Reynolds parece estar en su salsa, totalmente desatado, pero conviene señalar que el papel también tiene una elevada exigencia física. Cumple perfectamente como villano Josh Brolin; mientras que Zazie Beetz aporta el contrapunto preciso de desparpajo y frescura en un rol que pide continuidad en las próximas entregas.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | Borg – McEnroe. La Película.

Los aficionados al tenis disfrutarán con esta película que recrea la mítica final de Wimbledon de 1980, al tiempo que aporta una interesante radiografía personal de los dos campeones que se enfrentaron en aquel inolvidable partido. La caracterización y el trabajo actoral, unido a una cuidada factura técnica y a la acertada vertebración de la historia hacen de este estreno una propuesta recomendable.

Björn Borg era ya leyenda de la raqueta cuando se las vio con el prometedor John McEnroe en el prestigioso torneo británico, tal como, desde su comienzo, habían augurado y deseado los especialistas y hasta ellos mismos. Frente a la serenidad e imagen de control que daba el sueco en la pista, “el hombre de hielo”; su contrincante, estrella en ciernes, era popular por sus pataletas y airados reproches a los jueces de silla. Dos estilos de juego, sendos reflejos de personalidades opuestas, iban a verse las caras en un encuentro memorable.

El film juega hábilmente la baza de tan dispares caracteres de los protagonistas. Así, no solo consigue presentarlos adecuadamente, con sus virtudes y defectos en ese momento crucial para ambas carreras deportivas, sino que rescata experiencias de sus pasados, remontándose a la infancia de ambos. Este recurso es esencial y permite componer un guion redondo y dinámico, además de recuperar pasajes biográficos de indudable interés y poco conocidos que nos ayudan a comprender la dimensión de estas indiscutibles figuras.

Como era de esperar, los últimos compases se centran en lo ocurrido sobre la hierba durante el largo e intenso match que deleitó a millones de espectadores en todo el mundo, reproduciendo muchos de los increíbles puntos disputados; rematando con un epílogo perfecto.

Por otra parte, la dirección artística, sin grandes alardes, cumple de manera notable a la hora de reproducir las localizaciones y el ambiente de aquella época, lo que se puede apreciar en diferentes detalles.

Sverrir Gudnason resulta un descubrimiento y se luce dando los matices justos al astro nórdico, apoyándose en su asombroso parecido físico. Le acompaña Shia LaBeouf quien está a la altura de la visceralidad de su personaje; mientras que Stellan Skarsgård, pone unas agradecidas notas de veteranía a un rol de peso. Y atención a la destacada participación de Leo Borg encarnando a su padre en plena pubertad.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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