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Mes: mayo 2018

Crítica | Cada Día

El original planteamiento de esta comedia romántica daba mucho más juego del que al final le saca el guion. Es una lástima que, aunque toda la historia pivota en torno a un elemento sorprendente y a priori, imprevisible, acabe desviándose hacia manidos tonos remilgados, e incluso pierda su capacidad para asombrarnos. No obstante, el resultado es, cuanto menos, una cinta entretenida y dirigida fundamentalmente al público adolescente, dejando en los adultos la sensación de haber desaprovechado una interesante premisa.

Rhiannon tiene en su novio del instituto la vía de escape a la crisis por la que atraviesan sus padres, pese a que no le presta la atención que le gustaría. Todo cambia el día en que lo encuentra muy diferente, mostrándose sumamente atento con ella. Poco después sabrá que fue poseído por una sensible alma errante, que cada 24 horas ocupa el cuerpo de una persona distinta; lo cual no impedirá que entre ambos comience a surgir una atracción irreprimible.

Además de lo apuntado, el mensaje inspirador del relato y de la novela en que se basa, obra de David Levithan, no acaba de aflorar con la emoción y significación que merece. Esa noble idea de poner en valor la belleza interior y no la física, se plasma de forma irregular, porque la protagonista siempre comparte los instantes de mayor intensidad emocional con chicos de buena apariencia.

Coartada por los parámetros clásicos y nada transgresores, a lo largo de la película apenas se atisba la complacencia con relaciones que se aparten de los modelos tradicionales. Ello también se aprecia en la resolución, a la que incorpora un ligero aire emotivo, para terminar optando por una fórmula políticamente correcta.

Angourie Rice (‘La seducción’) conduce el film con soltura y frescura en un rol de exigencia limitada, en el que encaja perfectamente. Del numeroso elenco de jóvenes actores que dan vida a los personajes en quienes recala el inquieto y enamoradizo espíritu, destacan Lucas Jude por su simpatía y vis cómica y el desenvuelto Owen Teague. Por otra parte, María Bello realiza pequeñas intervenciones y aporta lo justo.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | Noche de Juegos

La sucesión de momentos absolutamente descacharrantes de esta comedia de enredo, sostenida por argumentos propios de un thriller convencional, hacen de ella un estreno muy recomendable que asegura el divertimento de principio a fin. La agilidad con que se desarrolla y el ingenioso sentido del humor que vuelca en cada gag invitan a disfrutarla entre sonrisas y carcajadas.

Funciona prácticamente como una película coral, siendo fundamental el trabajo realizado en la adecuada caracterización de los personajes, a quienes no se priva de ridiculizar, explotando hábilmente sus debilidades; de manera que todos realizan aportaciones destacadas cuando intervienen.

Nos presenta a varias parejas que habitualmente se reúnen para pasar la noche con algún juego de mesa. El hermano acomodado de uno de los participantes, después de estar varios años fuera, se une a tan lúdicas veladas y les propone una fórmula interactiva, donde la ficción y la realidad se confunden en un reto que consiste en resolver un supuesto secuestro.

El guion trufa el relato con inesperados acontecimientos que sorprenden tanto a los protagonistas como a los espectadores, que se convierten en concursantes a distancia. La trama va creciendo y concatenando situaciones cada vez más explosivas, pero siempre manteniendo la coherencia y sin abandonar el sarcasmo al sacar a luz los secretos, frustraciones y obsesiones de este grupo de amigos que transitan de la mentira a la verdad y viceversa; además introduce diversas referencias cinematográficas con chispeantes matices irónicos.

Rachel McAdams y Jason Bateman, dos habituales del género, se compenetran a la perfección y demuestran dominar sus respectivos papeles. Kyle Chandler (‘El lobo de Wall Street’) cambia de registro y está a la altura. Sin embargo, quien se lleva la palma es Jesse Plemons (‘Los archivos del Pentágono’) en un rol inicialmente secundario, el del policía seco que fue excluido de las animadas sesiones nocturnas por sus vecinos. Cuando aparece en escena, especialmente en los últimos compases, resulta completamente tronchante, efecto que logra por su desafiante presencia, lo que contrasta con las circunstancias en que se ve envuelto.

Para no perderse nada y poder reírse hasta el final, hay que esperar a que terminen los títulos de crédito y atender al chiste de cierre, merece la pena.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | 7 Días en Entebbe

Los interesantes hechos reales en que se basa esta película se prestaban a proporcionar un mejor resultado del que depara, pero una dirección pusilánime, que aplica licencias poéticas a destiempo, a buen seguro provocará cierta indiferencia y hastío en muchos espectadores.

El 27 de junio de 1976 un avión de Air France procedente de Tel Aviv y con destino París es secuestrado en pleno vuelo por miembros del Frente Popular para la Liberación de Palestina, con los que colaboran dos jóvenes revolucionarios alemanes. La aeronave, con 248 pasajeros, aterriza en Entebbe (Uganda), desde donde los raptores pretenden negociar con el primer ministro israelí, Isaac Rabin, con el fin de de que excarcele a varios presos de su organización, lo que coloca al mandatario en una tesitura de difícil solución.

Bastan unos minutos para percibir claras muestras de dispersión en su desarrollo. Así, el ritmo narrativo se rompe de forma intermitente, bien porque se dedica a introducir flashbacks desangelados sobre la implicación de los radicales germanos en estos acontecimientos, o al poner atención en la relación de un soldado hebreo con su esposa, una bailarina que se enfrenta al próximo estreno. Esta última parcela aporta muy poco y básicamente se incorpora con la intención de justificar la fallida metáfora visual que se utiliza al inicio y en la resolución.

Por otra parte, es patente como se estanca en la recreación del suceso al llegar a suelo africano. Además, en este ámbito los personajes se presentan bastante planos. El film es incapaz de exponer de manera asumible los ideales y motivaciones de los activistas europeos que supuestamente son los protagonistas. Únicamente al trasladarnos al gabinete de crisis del gobierno de Israel, entre quienes figura Shimon Peres, cobra algo de tensión e interés.

Los compases finales, que podrían haber mejorado las sensaciones que deja su visionado, las empeoran. Cuando cabe esperar secuencias de acción que levanten el ánimo, todo se precipita y se matiza mediante un absurdo montaje, donde en paralelo al supuesto clímax de la historia, asistimos a la representación de una coreografía. Este recurso, lejos de cumplir con la función de escenificar con elocuencia el mensaje que pretende transmitir el director, José Padilha (‘Tropa de élite’), acaba produciendo el efecto contrario, sembrando el desconcierto más absoluto.

Daniel Brühl y Rosamund Pike parecen perdidos, en sentido amplio, en una guerra que no es la suya. Solo Eddie Marsan y Lior Ashkenazi salvan sus papeles, igual que en un plano secundario cumple convincentemente Nonso Anozie como el temible Idi Amin.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | Vengadores: Infinity War

Las megalómanas ambiciones de tan aparatosa superproducción acaban convirtiéndose en su punto débil. Esto no quita para reconocer sus méritos y el espectáculo visual que depara de principio a fin; sin embargo, la intriga, compleja solo en apariencia, queda por debajo de las de entregas anteriores, al menos en lo que se refiere a esta primera parte que continuará en mayo de 2019. A pesar de lo cual salen bastante airosos sus directores, los hermanos Joe y Anthony Russo, realizadores de ‘Capitán América: Civil War’, sensiblemente superior, y de ‘Capitán América: El Soldado de Invierno’.

El infame tirano Thanos se ha convertido en una terrible amenaza, dado que pretende aniquilar a la mitad de los habitantes del universo. Para lograrlo necesita reunir las seis ‘Gemas del Infinito’ ocultas en diferentes lugares, cuyas propiedades le convertirían en un ser todopoderoso. Los Vengadores tratarán de evitarlo enfrentándose a él y a sus huestes asoladoras.

Partiendo de ese argumento, en el fondo muy sencillo y que ya fue plasmado en los cómics, se ha volcado suficiente imaginación en el guion para desdoblarlo en varias subtramas con sus propios alicientes, multiplicando los focos de atención, sin que ninguna decaiga un instante. A ello se une la forma que tiene de ligar la historia con lo ocurrido en el resto de títulos de la franquicia en que han venido participando los protagonistas del nutrido elenco que aquí entra en juego. Por lo tanto, procede advertir al espectador que si recuerda lo acontecido en los últimos estrenos de Marvel, entenderá completamente los guiños y detalles que en este sentido van apareciendo.

No obstante, aun aplaudiendo el virtuosismo de un andamiaje narrativo tan trabajado, a poco que escarbemos se puede apreciar que hay mucho de artificio. A diferencia de sus precedentes, los conflictos familiares y dilemas morales, un elemento recurrente y bien tratado en esos films, ahora se minimizan. Por otro lado, la idea de la superpoblación, esta vez a escala galáctica, que ante la insuficiencia de recursos pone en peligro su propia existencia, se atisba como una excusa cogida por los pelos para sostener la motivación que mueve al implacable ‘Señor Oscuro’. Es decir, que el relato anda justo de contenidos de peso.

Al margen de ello, funciona en otros terrenos perfectamente. En el compendio de humor, acción, tensión y contrapuntos dramáticos consigue el equilibrio adecuado, evidenciando el esfuerzo titánico de sus artífices. Se ha sabido conjugar la participación de multitud de personajes y aprovechar sus mejores cualidades, dando mayor relevancia a la comicidad y carisma que transmiten algunos de ellos, lo que resulta esencial para dinamizar su desarrollo y hacer llevaderos los 156 minutos de metraje. Igualmente, en este aspecto, se acierta con la caracterización del villano e independientemente de la escasa enjundia de las razones por las cuales actúa de manera demoledora, se presenta con la entidad y contundencia que exige esta propuesta si nos atenemos a las novelas gráficas en que se basa.

Técnicamente, en cuanto a los efectos visuales, llega a ser tan sobresaliente como avasalladora, lo cual no empece el seguimiento de la narración porque ha contado con un montaje excepcional y determinante, siendo uno de sus apartados especialmente destacables. Además, la sinfónica banda sonora de Alan Silvestri está a la altura, aunque básicamente se hace de notar cuando recupera los leitmotivs conocidos.

Los actores repiten en los registros habituales y si bien se reparten el tiempo de pantalla sin solaparse, disfrutando todos de su momento de gloria, vuelven a tener más calado Robert Downey Jr., Chris Hemsworth, Mark Ruffalo y, en esta ocasión, también Benedict Cumberbatch, Zoe Saldana y el joven Tom Holland.

Por supuesto, tras los créditos finales, encontramos la escena adicional que esperan los fans.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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