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Autor: Eduardo Casanova

Críticas: Blade Runner 2049

Las enormes expectativas que ha ido generando este proyecto, desde que empezó a fraguarse la idea de rodar la secuela de un clásico indiscutible de la ciencia ficción, quedan sensiblemente por debajo de lo que finalmente ofrece. No es una mala propuesta dentro del género, sin embargo, el hecho de ser tan deudora de su predecesora conlleva una comparación de la que sale perdiendo por donde se mire.

En lo concerniente a su contenido, aportar una reflexión sobre la soledad en un futuro deshumanizado pasa por ser el valor más preciado de la película. Y ello aun cuando el protagonista se presenta como un tipo en apariencia demasiado frío, condicionado por su singular naturaleza. En cualquier caso, esto le resta vigor a la hora de acercarnos sus tribulaciones.

El argumento da continuidad al thriller que ya conocemos, situándose tres décadas después. Los tiempos han cambiado y los replicantes se han integrado en la sociedad, aunque todavía quedan unidades antiguas que constituyen una amenaza y deben ser retiradas. Un nuevo Blade Runner tiene asignada esa misión pero sus pesquisas le llevarán a destapar un secreto sobrecogedor.

Con independencia de las reflexiones que pretende trasladarnos, la intriga parece atascarse en varios momentos y evidencia un innecesario exceso de metraje, sin llegar a caer completamente en el tedio. Y ello gracias al control de los resortes que reactivan el interés por la resolución de la trama, introducidos en los precisos instantes en que empieza a perder energía.

Entre esos golpes de efecto, el más eficaz, después de una larga espera, es la recuperación de Rick Deckard. A partir de su aparición el film gana enteros de manera notable y la narración cobra súbitamente una agradecida agilidad.

El otro apartado que funciona por su originalidad y por la inspirada visión de lo que puede ser una realidad no muy lejana, corresponde a la particular historia romántica, escenificada con mucho tacto para sensibilizar al espectador. Complementa así el nudo central del relato, provocando casi el mismo interés por esta parcela que por la investigación del inspector.

Su desenlace esconde alguna sorpresa y no es tan brillante como cabía imaginar, dejando cabos sueltos que se prestan a futuras continuaciones.

En los aspectos técnicos, pese a haber pasado 35 años desde el estreno de su antecesora, no alcanza a crear los envolventes ambientes de aquella, con calles concurridas e iluminadas por el neón que destilaban cierta magia entre penumbras. Aquí esa oscuridad queda limitada en sus alicientes y los escenarios aparecen imbuidos de una gélida sobriedad y un patente minimalismo, acorde con una visión pesimista de lo que está por venir.

Algo parecido cabe apuntar de la banda sonora, compuesta por Benjamin Wallfisch y el reputado Hans Zimmer, en líneas generales impersonal y muy incidental. Tal vez el hecho de que se sustituyera al compositor que inicialmente empezó a trabajar en la partitura, Johann Jóhannsson, ha dejado poco tiempo para elaborar una música perdurable y solo se hace perceptible al homenajear a las retentivas notas de Vangelis.

Ryan Gosling (‘La La Land’) se muestra un punto inexpresivo y mantiene prácticamente el mismo registro desde el principio hasta el final, seguramente para dejar entrever el lado artificial de su personaje. De ahí que quede ensombrecido cuando comparte la pantalla por Harrison Ford, quien vuelve a ser lo mejor del elenco en un feliz reencuentro con un papel que lo consagró definitivamente.

De quienes se mueven a su alrededor, merece destacarse la participación de Ana de Armas, aportando un contrapunto preciso de calidez y ternura. Por su parte, Jared Leto asume un rol imbuido de un halo tan enigmático como endeble, resultando poco convincente. Algo parecido sucede con Robin Wright en sus pequeñas intervenciones; mientras que Sylvia Hoeks, como una especie de trasunto de lo que fue Sean Young, se antoja desaprovechada. Para los nostálgicos, se esconden también algunos cameos inesperados.

El prestigioso realizador canadiense Denis Villeneuve, que tiene en su haber títulos como ‘Incendies’, ‘Prisioneros’, ‘Sicario’ y ‘La llegada’ dirige, bajo la supervisión de Ridley Scott, esta producción que, sin defraudar, tampoco será recordada como una obra maestra.

Ficha técnica en IMDB

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Críticas: La montaña entre nosotros

El trabajo actoral, más que los bellos y gélidos paisajes donde transcurre la acción, mantienen la dignidad cinematográfica de este estreno, que de no ser por ello, podría haber pasado por un discreto telefilm vespertino.

Idris ElbaLa historia tiene una parte dramática en la cual siempre atisbamos que los protagonistas, pese a encontrarse en una situación extrema, van a estar a salvo, con lo cual minimiza la incertidumbre del relato, pero aun así se deja ver en esa parcela. Sin embargo, cuando, de golpe, introduce argumentos románticos empieza a flaquear.

Una fotógrafa que debe coger un avión para llegar a tiempo a su boda y un cirujano que ha de viajar hasta Baltimore con urgencia ven como sus planes se trastocan cuando se cancelan los vuelos debido a una tormenta. Esta previsión no les impide alquilar los servicios de un veterano piloto para que les lleve en su pequeño bimotor, pero en medio de las nevadas montañas de Colorado surge un imprevisto.

El guion, una vez centra las delicadas circunstancias que se ciernen sobre los personajes, va concatenando con habilidad diferentes incidentes a los que se han de enfrentar, trazando una línea de dificultades ascendente. De manera que aun acumulando contratiempos, dota a su desarrollo de una agradecida agilidad. No obstante, le cuesta alcanzar unas cotas de tensión sustanciales y da por supuestos o evita algunos detalles esenciales, restando realismo a la odisea.

Lo que peor encaja son las notas de mutua e irrefrenable atracción que surgen repentinamente entre ambos y que, si ya en un contexto desesperante tienen mala cabida, cuando pasan a un primer plano, en el último tramo del metraje, resultan todavía más difíciles de asumir. Es precisamente, en esos minutos finales, que alargan demasiado el cierre, donde adquiere un tono excesivamente pastel.

La apreciable fotografía de las localizaciones naturales en que ha tenido lugar el rodaje es un elemento a favor de esta producción que encuentra su mejor baza en la implicación de sus intérpretes. Tanto Kate Winslet como Idris Elba, pese a encarnar a dos desconocidos, consiguen generar una química aceptable a la hora de afrontar una prueba de supervivencia, lástima que no sean tan convincentes cuando se trata de emociones más íntimas. Además, sería injusto obviar la activa participación de un perro perfectamente adiestrado.

El director palestino Hany Abu-Assad, realizador de las premiadas ‘Paradise Now’ (2005) y ‘Omar’ (2013), se pasa al cine comercial sin la misma fortuna.

Ficha técnica en IMDB

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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