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Títulos de Crédito Entradas

Crítica | Operación: Huracán

Superficial, tópica y previsible resulta esta americanada que no aporta nada destacable pese a sus abiertas intenciones de ser original, propósito que se queda solo en el planteamiento. El cine de catástrofes y el thriller policíaco se conjugan en una cinta que viene a ser un mix de ‘Juego de ladrones’ y ‘Twister’, con toques de ‘Lo imposible’, agitado a velocidad huracanada, en el que las licencias de la ficción se alejan demasiado de cualquier atisbo de verosimilitud.

Un ciclón de enorme fuerza se acerca a la localidad costera de Gulfport (Alabama), donde el Departamento del Tesoro dispone de unas instalaciones en la que están pendientes de destrucción 600 millones de dólares. Coincidiendo con la llegada del asolador torbellino, las dependencias gubernamentales son atacadas por un grupo de hombres armados que pretenden llevarse el dinero. En medio del caos, una policía federal, intentará impedírselo con la ayuda de un meteorólogo que estaba de paso.

Si bien es cierto que el desarrollo de la intriga no tiene respiro, más allá de los aparatosos efectos especiales, apenas sorprende. El guion se esfuerza en sacar partido a tan atrevida conjunción de géneros y no acierta porque se le va la mano al querer rizar el rizo, con secuencias tan espectaculares como imposibles que llegan a tocar techo en los minutos finales, provocando vergüenza ajena hasta alcanzar su movido y desangelado cierre.

Por otra parte, se busca dotar de entidad y cierta profundidad emocional a los protagonistas desde la introducción, sin embargo, entre tanto ajetreo quedan reducidos a lo básico, es decir, a peones imprescindibles dentro de una trama de manual. Peor parada sale la heterogénea banda de malhechores, auténticamente de tebeo.

Toby Kebbell, el Mesala del infumable remake de ‘Ben-Hur’, y Maggie Grace (‘Venganza’) andan justos de carisma y se limitan a cumplir con papeles que tienen mucha exigencia física. Otro de los rostros destacados es del ya veterano Ben Cross (‘Carros de fuego’), que desacredita su “medallero” con esta intervención.

Rob Cohen (‘A todo gas’, ‘Triple X’), dirige este estreno: expresión vulgar de evasión palomitera “made in Hollywood”, que seguramente arrasará en la pantalla, pero no en las taquillas.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | Mi Familia del Norte

Diez años después del estreno, ‘Bienvenidos al Norte’ (2008) sigue siendo una referencia de la buena comedia francesa. El artífice de aquel éxito, Dany Boon, vuelve a ejercer de actor y director con una fórmula similar, pero en clave coral. El resultado no llega a ser tan tronchante como lo fue su antecesora, aunque tampoco sea completamente desdeñable. Así, junto a golpes de humor inspirados encontramos pasajes insípidos, en un film que convence en su primera hora y va decayendo en el tramo final.

El prestigioso arquitecto y diseñador Valentín D., afincado en París, finge ser huérfano ante los medios de comunicación porque se avergüenza de su familia, unos chatarreros que viven en la región más septentrional del país, cuyos rudos modales no encajan con los selectos ambientes que frecuenta. Sin embargo, verá peligrar la reputación que se ha ganado cuando sus parientes se presenten de improviso en una exposición retrospectiva de sus trabajos.

El guion explota nuevamente el tema del choque de culturas, en sentido amplio, entre urbanitas y pueblerinos, poniendo el énfasis en las distintas maneras de expresarse de unos y otros, llevándolos a situaciones ya abordadas de forma parecida en títulos como ‘La ciudad no es para mí’ (1966) o ‘Rústicos en Dinerolandia’ (1993). En este caso su mejor baza reside en la personalidad dispar que confiere a cada personaje, consiguiendo, dentro del concurrido elenco, dotarlos del gracejo preciso y singular para que el conjunto funcione.

Por otra parte, dado que el desarrollo argumental se sustenta en un conflicto que va enfrentando a diferentes protagonistas, conforme se acerca a la resolución pierde chispa para dar cabida a la vertiente emotiva, apartado que alarga en su escenificación.

De entre quienes acompañan al realizador, que también se luce delante de la cámara desplegando su habitual vis cómica, destacan especialmente Valérie Bonneton (‘No molestar’) y de los veteranos Line Renaud, François Berléand y Pierre Richard (‘En lugar del Sr. Stein’).

Estamos, pues, ante un divertimento irregular, que flojea sensiblemente en los últimos instantes.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | The Wall

La tensión que se respira en este drama bélico es más propia de cualquier cinta de terror. Realizado sin un gran despliegue de medios, consigue el clima asfixiante preciso para mantener en vilo al espectador de principio a fin. Con un argumento sencillo nos aboca a una situación límite que prolonga hasta los últimos minutos, compensando así ciertas carencias de la historia. Su premisa recuerda a ‘Infierno en el Pacífico’ (1968), si bien se desarrolla de manera muy diferente, de hecho aquí el mensaje antibelicista apenas se atisba.

Dos marines quedan atrapados en una zona solitaria del desierto de Irak durante una misión, al ponerse en el punto de vista de un francotirador certero e implacable. La única protección es un endeble muro de ladrillos que separa la vida de la muerte.

Con solo tres personajes y la destreza en la dirección que demuestra Doug Liman (‘El caso Bourne’, ‘Sr. y Sra. Smith’, ‘Al filo del mañana’), la película logra, tras unos instantes iniciales de incertidumbre, destapar una espiral de pequeños y vibrantes acontecimientos que espolean la intriga en sentido ascendente, eludiendo la sensación de estancamiento a que se presta el relato.

La puesta en escena juega a la perfección la baza de que no sepamos de donde proceden exactamente los disparos dirigidos a los soldados estadounidenses. A ello se suma un elemento de marcada incidencia psicológica que evidencia retorcidas intenciones, aunque se acaba abusando de esta circunstancia. No obstante, el guionista parece ser consciente del limitado recorrido de estos recursos y por eso el metraje no se extiende innecesariamente.

Aaron Taylor-Johnson (‘Kick Ass’, ‘Animales nocturnos’) lleva el peso del film con la intensidad suficiente para que sintamos de cerca el miedo y la desesperación.

No es que este título vaya a perdurar en la memoria, pero funciona como vehículo de evasión.

Estamos ante uno de esos casos en que resulta aconsejable obviar el tráiler, pero allá cada cual.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | Rebelde en el Centeno

Dado que J. D. Salinger no autorizó la adaptación al cine de su novela más conocida, ‘El guardián entre el centeno’, publicada en 1951, esta película es una recreación de los hechos que la inspiraron: su propia vida. El resultado es muy notable, imposible de comparar con lo que hubiese sido la transposición a la gran pantalla del libro, pero indudablemente interesante y a ratos cautivador, si bien pierde fuerza en los compases finales.

En el Nueva York de 1939, Jerry es un chico rebelde con la ilusión de ser escritor, a pesar de arrastrar un pésimo expediente académico y de la oposición de su padre, quien prefiere que siga con el negocio familiar de venta de carne. Todo cambia cuando encuentra el apoyo que le hace falta en un profesor que cree en él, aunque su paso por el frente le causará un fuerte impacto psicológico que transformará su carácter y determinará su carrera.

La historia, donde predominan los matices dramáticos, tiene un arranque prometedor y consigue suscitar atracción por tan singular y engreído joven, especialmente al entrar en acción quien se convertirá en su mentor. Las intervenciones de este maestro propician los mejores diálogos del film. Las confrontaciones dialécticas con su discípulo, acompañadas de pinceladas sarcásticas, deparan secuencias redondas. De manera que, conforme va desarrollando la primera parte del relato, da la sensación de que el resto de los apartados biográficos que aborda, aun siendo necesarios e incluso esenciales en el devenir del autor, quedan lejos de tener el mismo calado, incluyendo la parcela romántica.

El ingreso a filas y su participación en la Segunda Guerra Mundial marcan el punto de inflexión en el tono de la narración, tal como avanza el prólogo. A partir de aquí, ya no alcanza la misma brillantez y centra la mirada en las incidencias relativas a la publicación de la que sería su exitosa obra y en la forma en que se fue aislando del mundo. No obstante, el cierre se ve beneficiado por un ligero toque emotivo.

En cualquier caso, es loable que esta producción, de elevadas ambiciones, consiga su propósito en líneas generales, arropada por una buena factura técnica y sin excederse de metraje.

Nicholas Hoult (‘Jack el cazagigantes’) realiza una interpretación convincente, mientras que Kevin Spacey deja muestras de su excelso oficio en la que puede ser una de las últimas veces que le veamos actuar. Otro nombre a destacar es del de Hope Davis ejerciendo de madre del protagonista.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | Mi Querída Cofradía

No será, ni mucho menos, la comedia del año y probablemente a la hora de votar las candidaturas a los Goya, dentro de unos cuantos meses, este título se habrá borrado de la memoria de los académicos, a pesar de contar con un par de actrices sobradamente merecedoras de nominación. Por lo demás, estamos ante un vodevil cinematográfico que tiene varias secuencias tronchantes, igual que tira de humor rancio en momentos puntuales.

En un pueblo andaluz encontramos a Carmen, que lleva toda la vida dedicada plenamente a su cofradía, tanto que sueña con ser nombrada presidenta, pero quien gana las elecciones es Ignacio, un tipo prepotente y machista. Cuando accidentalmente el nuevo rector de la hermandad se queda inconsciente en el baño de su casa, se ve en un aprieto de difícil solución. Su hija, esposa del alcalde, y una vecina de confianza tratarán de ayudarla, y ello a pocas horas de que comience la procesión.

El guión construye con gracejo la típica intriga de enredo que avanza con el efecto de bola de nieve, concatenando circunstancias inesperadas, algunas con ligeros toques surrealistas. Tres cuartos de su ajustado y bien aprovechado metraje tienen lugar en la vivienda de la protagonista, con una puesta en escena muy teatral. Sin embargo, esta es la parte que mejor funciona, dinamizando su desarrollo con constantes entradas y salidas de personajes y detalles que incrementan el suspense de tan hilarante situación.

Al alejarse de ese marco que domina a la perfección, el film decae sensiblemente. Cuando traslada la acción a la iglesia y tiene que resolver la trama parece perderse. En esos terrenos se salva básicamente el mensaje feminista en contra de ciertas tradiciones bastante trasnochadas; una reivindicación expresada con absoluto respeto a las costumbres religiosas, evitando cualquier agravio posible de manera meritoria.

Gloría Muñoz, habitual en roles secundarios, resuelve de forma sobresaliente el tour de force que exige su papel, con una implicación digna de elogio. Junto a ella, Carmen Flores Sandoval constituye la auténtica revelación de la película, haciendo gala de tal vis cómica que cada intervención resulta descacharrante, recordando, guardando las distancias, a la desaparecida Chus Lampreave en las colaboraciones con Pedro Almodóvar. Por esta actuación fue justamente galardonada en el pasado Festival de Málaga. Son igualmente apreciables las aportaciones de Pepa Aniorte, Manuel Morón y Joaquín Núñez.

No es para echar cohetes, pero, sin grandes recursos, consigue un aceptable divertimento.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | Lucky

Harry Dean Stanton llena de humanidad esta sencilla historia que aporta reflexiones sobre el ocaso de la vida, en una película pequeña y que paradójicamente sirve de homenaje al actor, quien murió poco después de finalizar el rodaje. Es precisamente su interpretación el pilar fundamental del film, al impregnar de naturalidad y realismo cada secuencia; lo que tampoco es de extrañar si tenemos en cuenta que el protagonista está inspirado parcialmente en su propia biografía y además, le acompañan varios amigos en el reparto.

Lucky es un anciano sin familia que nunca se siente solo, ya que es muy querido por los vecinos del pueblo sureño en el que reside. Todos los días realiza ejercicios de gimnasia, acude a la misma cafetería y por las noches charla con los clientes del club nocturno que frecuenta. Sin embargo, cuando sufre un repentino mareo y acaba con sus huesos en el suelo empieza a tomar conciencia de que el final se acerca.

Con este argumento, el guion alterna ironías con certeras reflexiones imbuidas siempre de un espíritu vitalista y en ocasiones poético, intentando desdramatizar la pérdida y la muerte para acercarse a ello como algo ineludible y necesario.

Si bien el desarrollo del relato transcurre sin grandes altibajos y fluye con serenidad, sorprende con escenas emotivas, especialmente en los últimos compases, hasta llevarnos a un cierre que incluye un pequeño y simpático gag.

Por otro lado, se debe hacer mención de su correcta realización y más si se tiene en consideración que supone la ópera prima de John Carroll Lynch, secundario de peso habitual (‘Gran Torino’, ‘Zodiac’, ‘El fundador’), que se pasa a la dirección y demuestra un solvente manejo de la cámara y la capacidad para trasladarnos tanto la aridez de los parajes donde sitúa la acción como la afabilidad de sus gentes.

En el elenco encontramos las participaciones destacadas del cineasta David Lynch, y de los veteranos Barry Shabaka Henley, Ed Begley Jr. y Tom Skerritt, quienes aprovechan sus breves intervenciones.

El cinéfilo disfrutará con esta joya de aroma indie, estrenada en menos salas de las que merece.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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