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Etiqueta: analisis

Crítica | Noche de Juegos

La sucesión de momentos absolutamente descacharrantes de esta comedia de enredo, sostenida por argumentos propios de un thriller convencional, hacen de ella un estreno muy recomendable que asegura el divertimento de principio a fin. La agilidad con que se desarrolla y el ingenioso sentido del humor que vuelca en cada gag invitan a disfrutarla entre sonrisas y carcajadas.

Funciona prácticamente como una película coral, siendo fundamental el trabajo realizado en la adecuada caracterización de los personajes, a quienes no se priva de ridiculizar, explotando hábilmente sus debilidades; de manera que todos realizan aportaciones destacadas cuando intervienen.

Nos presenta a varias parejas que habitualmente se reúnen para pasar la noche con algún juego de mesa. El hermano acomodado de uno de los participantes, después de estar varios años fuera, se une a tan lúdicas veladas y les propone una fórmula interactiva, donde la ficción y la realidad se confunden en un reto que consiste en resolver un supuesto secuestro.

El guion trufa el relato con inesperados acontecimientos que sorprenden tanto a los protagonistas como a los espectadores, que se convierten en concursantes a distancia. La trama va creciendo y concatenando situaciones cada vez más explosivas, pero siempre manteniendo la coherencia y sin abandonar el sarcasmo al sacar a luz los secretos, frustraciones y obsesiones de este grupo de amigos que transitan de la mentira a la verdad y viceversa; además introduce diversas referencias cinematográficas con chispeantes matices irónicos.

Rachel McAdams y Jason Bateman, dos habituales del género, se compenetran a la perfección y demuestran dominar sus respectivos papeles. Kyle Chandler (‘El lobo de Wall Street’) cambia de registro y está a la altura. Sin embargo, quien se lleva la palma es Jesse Plemons (‘Los archivos del Pentágono’) en un rol inicialmente secundario, el del policía seco que fue excluido de las animadas sesiones nocturnas por sus vecinos. Cuando aparece en escena, especialmente en los últimos compases, resulta completamente tronchante, efecto que logra por su desafiante presencia, lo que contrasta con las circunstancias en que se ve envuelto.

Para no perderse nada y poder reírse hasta el final, hay que esperar a que terminen los títulos de crédito y atender al chiste de cierre, merece la pena.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | 7 Días en Entebbe

Los interesantes hechos reales en que se basa esta película se prestaban a proporcionar un mejor resultado del que depara, pero una dirección pusilánime, que aplica licencias poéticas a destiempo, a buen seguro provocará cierta indiferencia y hastío en muchos espectadores.

El 27 de junio de 1976 un avión de Air France procedente de Tel Aviv y con destino París es secuestrado en pleno vuelo por miembros del Frente Popular para la Liberación de Palestina, con los que colaboran dos jóvenes revolucionarios alemanes. La aeronave, con 248 pasajeros, aterriza en Entebbe (Uganda), desde donde los raptores pretenden negociar con el primer ministro israelí, Isaac Rabin, con el fin de de que excarcele a varios presos de su organización, lo que coloca al mandatario en una tesitura de difícil solución.

Bastan unos minutos para percibir claras muestras de dispersión en su desarrollo. Así, el ritmo narrativo se rompe de forma intermitente, bien porque se dedica a introducir flashbacks desangelados sobre la implicación de los radicales germanos en estos acontecimientos, o al poner atención en la relación de un soldado hebreo con su esposa, una bailarina que se enfrenta al próximo estreno. Esta última parcela aporta muy poco y básicamente se incorpora con la intención de justificar la fallida metáfora visual que se utiliza al inicio y en la resolución.

Por otra parte, es patente como se estanca en la recreación del suceso al llegar a suelo africano. Además, en este ámbito los personajes se presentan bastante planos. El film es incapaz de exponer de manera asumible los ideales y motivaciones de los activistas europeos que supuestamente son los protagonistas. Únicamente al trasladarnos al gabinete de crisis del gobierno de Israel, entre quienes figura Shimon Peres, cobra algo de tensión e interés.

Los compases finales, que podrían haber mejorado las sensaciones que deja su visionado, las empeoran. Cuando cabe esperar secuencias de acción que levanten el ánimo, todo se precipita y se matiza mediante un absurdo montaje, donde en paralelo al supuesto clímax de la historia, asistimos a la representación de una coreografía. Este recurso, lejos de cumplir con la función de escenificar con elocuencia el mensaje que pretende transmitir el director, José Padilha (‘Tropa de élite’), acaba produciendo el efecto contrario, sembrando el desconcierto más absoluto.

Daniel Brühl y Rosamund Pike parecen perdidos, en sentido amplio, en una guerra que no es la suya. Solo Eddie Marsan y Lior Ashkenazi salvan sus papeles, igual que en un plano secundario cumple convincentemente Nonso Anozie como el temible Idi Amin.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | Vengadores: Infinity War

Las megalómanas ambiciones de tan aparatosa superproducción acaban convirtiéndose en su punto débil. Esto no quita para reconocer sus méritos y el espectáculo visual que depara de principio a fin; sin embargo, la intriga, compleja solo en apariencia, queda por debajo de las de entregas anteriores, al menos en lo que se refiere a esta primera parte que continuará en mayo de 2019. A pesar de lo cual salen bastante airosos sus directores, los hermanos Joe y Anthony Russo, realizadores de ‘Capitán América: Civil War’, sensiblemente superior, y de ‘Capitán América: El Soldado de Invierno’.

El infame tirano Thanos se ha convertido en una terrible amenaza, dado que pretende aniquilar a la mitad de los habitantes del universo. Para lograrlo necesita reunir las seis ‘Gemas del Infinito’ ocultas en diferentes lugares, cuyas propiedades le convertirían en un ser todopoderoso. Los Vengadores tratarán de evitarlo enfrentándose a él y a sus huestes asoladoras.

Partiendo de ese argumento, en el fondo muy sencillo y que ya fue plasmado en los cómics, se ha volcado suficiente imaginación en el guion para desdoblarlo en varias subtramas con sus propios alicientes, multiplicando los focos de atención, sin que ninguna decaiga un instante. A ello se une la forma que tiene de ligar la historia con lo ocurrido en el resto de títulos de la franquicia en que han venido participando los protagonistas del nutrido elenco que aquí entra en juego. Por lo tanto, procede advertir al espectador que si recuerda lo acontecido en los últimos estrenos de Marvel, entenderá completamente los guiños y detalles que en este sentido van apareciendo.

No obstante, aun aplaudiendo el virtuosismo de un andamiaje narrativo tan trabajado, a poco que escarbemos se puede apreciar que hay mucho de artificio. A diferencia de sus precedentes, los conflictos familiares y dilemas morales, un elemento recurrente y bien tratado en esos films, ahora se minimizan. Por otro lado, la idea de la superpoblación, esta vez a escala galáctica, que ante la insuficiencia de recursos pone en peligro su propia existencia, se atisba como una excusa cogida por los pelos para sostener la motivación que mueve al implacable ‘Señor Oscuro’. Es decir, que el relato anda justo de contenidos de peso.

Al margen de ello, funciona en otros terrenos perfectamente. En el compendio de humor, acción, tensión y contrapuntos dramáticos consigue el equilibrio adecuado, evidenciando el esfuerzo titánico de sus artífices. Se ha sabido conjugar la participación de multitud de personajes y aprovechar sus mejores cualidades, dando mayor relevancia a la comicidad y carisma que transmiten algunos de ellos, lo que resulta esencial para dinamizar su desarrollo y hacer llevaderos los 156 minutos de metraje. Igualmente, en este aspecto, se acierta con la caracterización del villano e independientemente de la escasa enjundia de las razones por las cuales actúa de manera demoledora, se presenta con la entidad y contundencia que exige esta propuesta si nos atenemos a las novelas gráficas en que se basa.

Técnicamente, en cuanto a los efectos visuales, llega a ser tan sobresaliente como avasalladora, lo cual no empece el seguimiento de la narración porque ha contado con un montaje excepcional y determinante, siendo uno de sus apartados especialmente destacables. Además, la sinfónica banda sonora de Alan Silvestri está a la altura, aunque básicamente se hace de notar cuando recupera los leitmotivs conocidos.

Los actores repiten en los registros habituales y si bien se reparten el tiempo de pantalla sin solaparse, disfrutando todos de su momento de gloria, vuelven a tener más calado Robert Downey Jr., Chris Hemsworth, Mark Ruffalo y, en esta ocasión, también Benedict Cumberbatch, Zoe Saldana y el joven Tom Holland.

Por supuesto, tras los créditos finales, encontramos la escena adicional que esperan los fans.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | Gorrión Rojo

La influencia de las producciones que han abordado la Guerra Fría es patente en esta producción que actualiza perfectamente los patrones clásicos y además incorpora unas gotas de thriller erótico, casi siempre bien traídas. Desde luego, la adaptación de la novela homónima de Jason Matthews está al nivel de los reconocimientos obtenidos por la obra.

Tras un inesperado accidente, la virtuosa bailarina Dominika Egorova seCrítica | Gorrión Rojo ve obligada a aceptar la oferta que le hace su propio tío para que colabore con los servicios secretos rusos. Ello le asegura a su madre el tratamiento que precisa, pero antes deberá someterse a una dura instrucción y despojarse de pudor y prejuicios. Su primera misión consistirá en sonsacarle información a un agente de la CIA.

Los mejores momentos del film, aun siendo muy notable en conjunto, los encontramos en los minutos iniciales y en su calculado e inesperado desenlace que pone el merecido broche a tan absorbente intriga. Así, presenta a los protagonistas mediante dos intensas y vibrantes secuencias que transcurren en paralelo, una de ellas, en el Teatro Bolshói, especialmente deslumbrante. A partir de ahí, a la maquiavélica preparación de la protagonista, sigue la toma de contacto con su objetivo americano, viéndose ambos involucrados en una trama de amenazas, engaños, seducción y arriesgadas estratagemas que les ponen en grave peligro. De manera que nos obliga a estar pendientes de cada paso que dan, con el mérito agradecido de eludir el exceso de complejidades habituales en esta clase de historias y alternando momentos de suspense y acción que van in crescendo. Afortunadamente, su resolución no defrauda y redondea justamente la película.

Poco se puede decir a estas alturas de Jennifer Lawrence. La joven actriz (27 años) vuelve a deleitarnos con una interpretación brillante en un papel exigente dadas las transformaciones que sufre su personaje, incorporando otro registro impecable a su ya amplio repertorio. Intenta aguantar el tipo Joel Edgerton (‘El regalo’), demostrando su solvencia y no dejándose eclipsar completamente por su compañera; lo mismo que Matthias Schoenaerts (‘Suite francesa’), muy convincente en su oscuro rol. Completan un plantel de lujo varios veteranos que están a la altura: Jeremy Irons, Charlotte Rampling, Ciarán Hinds y Mary-Louise Parker.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | En la Sombra

El director Faith Akin, que tiene en su haber títulos tan aplaudidos como ‘Contra la pared’ (2004) y ‘Soul Kitchen’ (2009), aborda un tema que conoce bien de cerca y lo hace desde una perspectiva intimista. El odio y violencia que generan el racismo y la intolerancia sirven de base argumental a una historia muy personal que conjuga el drama, la intriga judicial y el thriller, con un resultado aceptable. Ello no quita para apuntar cierta descompensación en el desarrollo de los tres actos en que se estructura. Sin perder nunca el interés, acaba desembocando en unos terrenos convencionales que difuminan parcialmente sus mensajes.

La vida de Katja, una joven alemana, se derrumba cuando su pequeño hijo y su marido, de origen turco, mueren en un atentado. Tras ese impacto emocional, el film se preocupa, en primer lugar, en mostrar su dolor y la manera de afrontar tan terrible situación, en lo que es el tramo más trabajado y prometedor. Escenifica perfectamente el shock y el desconsuelo en que se ve sumida la protagonista y se apoya en personajes secundarios que, aun resultando superficiales, cumplen unos papeles necesarios.

A continuación, nos coloca como observadores de un juicio duro y desagradable, donde apreciamos que el hundimiento emocional ha quedado matizado por el anhelo de hacer justicia. En esta parte es cuando sus contenidos de calado adquieren mayor visibilidad, pese a intuir fácilmente el desenlace de la vista. Ante el estrado cobran relevancia de peso figuras como el fiscal, el abogado defensor y los testigos, que sirven para elevar la tensión y acercarnos al coraje contenido de la joven viuda.

Finalmente, lograda la empatía del espectador con la víctima, y sin dudar del buen propósito del guion, el último capítulo y la resolución de la trama se ven salpicados de detalles inverosímiles y rutinarios, de forma que el impacto que pretende causar no acaba de ser eficaz, arriesgando a confundirnos sobre el carácter de sus verdaderas intenciones.

La interpretación de Diane Kruger, premiada en el Festival de Cannes, es un pilar indiscutible de la cinta; alejada del tipo de papeles que le hemos visto en títulos comerciales, demuestra una implicación absoluta. Es fácil pensar que ha sido determinante para la consecución de los diferentes reconocimientos obtenidos por esta producción, incluyendo el Globo de Oro a mejor película de habla no inglesa.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | The Party

Aun partiendo de un texto original para el cine, prácticamente el espectador se va a encontrar con una representación teatral en clave de comedia mordaz que tiene algunos altibajos. El guion maneja ideas loables y muy adecuadas con el fin de escenificar sus auténticos y corrosivos propósitos; sin embargo, en ocasiones se pierde en discusiones densas que le restan chispa y ralentizan el desarrollo de los acontecimientos, a pesar de que el metraje no supera los 70 minutos.

La nueva ministra de Sanidad, con motivo de su nombramiento, organiza una reunión de amigos en casa. Entre los participantes, además del esposo de la anfitriona, aparentemente ajeno a la celebración y absorto en sus pensamientos, se encuentran una pareja de lesbianas, un ejecutivo de las finanzas bastante alterado y su mejor amiga, cuyo marido es aficionado a la medicina natural. Distintas circunstancias enrarecerán el ambiente hasta cotas insospechadas.

En este marco, se suceden pequeños incidentes que sirven para ir destapando el lado agrio y cínico de las debilidades humanas, dejando al aire elocuentes muestras de hipocresía social y personal. Para ello se vale del sarcasmo y del drama matizado con la ironía, de forma que los personajes se van poniendo en ridículo, al tiempo que se atisban la dianas que subyacen en las intenciones de esta historia. Las envidas, falsas apariencias y rencillas soterradas en los círculos más cercanos, el feminismo mal entendido, la infidelidad, las vilezas que provoca el dinero y hasta las listas de espera en la atención sanitaria (también se dan en el Reino Unido) son puestos en solfa, al principio de manera contenida y después demasiado exagerada, con hechuras tragicómicas propias de un sainete, pero sin dejar títere con cabeza.

Con todo, queda lejos de alcanzar las cotas sublimes que tal planteamiento merecía, coqueteando con la bufonada, sensación compensada con su inesperado desenlace, a modo de gag eficaz y resolutivo.

El blanco y negro confiere un tono de calidez a las imágenes que permite al espectador colocarse en la posición de invitado invisible.

En el reparto destacan especialmente Kristin Scott Thomas, Timothy Spall y Cillian Murphy, pese a que sus papeles evolucionan a registros histriónicos. Otros cumplen correctamente, como Patricia Clarkson, Emily Mortimer, Bruno Ganz y Cherry Jones.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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