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Etiqueta: años 50

Crítica | La Casa Torcida

Prácticamente desde el principio se tuerce esta desacertada adaptación de la novela homónima de Agatha Christie y ni tan siquiera el golpe de efecto final, sello inconfundible de las obras de la escritora británica, logra enderezarla. Es un querer y no poder donde la mediocridad recorre los apartados artísticos y la mayoría de aspectos técnicos, echando por tierra el resultado que merecía la historia.

El film traslada la acción a finales de los años 50. Tras la repentina muerte de un famoso multimillonario en su lujosa mansión, el detective londinense Charles Hayward recibe la visita de la nieta del difunto. Está convencida de que su abuelo fue asesinado por algún miembro de su familia y por eso le encarga la investigación a este joven con quien tuvo un affaire tiempo atrás.

Lo primero que falla de manera clamorosa es el escaso carisma del protagonista: Max Irons presenta un perfil pusilánime y se muestra incapaz de darle al papel la entidad que merece. Se supone que es el hijo de un insigne policía de Scotland Yard y desde luego, nada parece haber heredado de él (tampoco el actor de su padre, Jeremy Irons). Esta carencia no queda ni mucho menos compensada por el resto del elenco de personajes que le van acompañando: mujeres extravagantes y tipos histriónicos, todos, sin excepción, muy artificiosos.

A ello se suma la desentonada realización que proporciona una narración errática y precipitada, además del abierto tono teatrero que evidencia la puesta en escena en demasiados momentos. Más allá de algunos detalles de la ambientación, poco se puede salvar. La misma casa a que hace referencia el título parece un collage de estancias variopintas, cuya decoración pasa alegremente de lo clásico a lo tétrico o a lo moderno y colorido, y los temas musicales se introducen a destiempo.

Con tantos desaciertos, la sorpresa que guarda celosamente el relato para coronar la intriga, aun no siendo inverosímil, llega tarde y sin la fuerza suficiente para hacer olvidar las sensaciones de cuanto le precede.

En el reparto encontramos nombres de peso, sin que ninguno alcance a brillar especialmente: Glenn Close, Gillian Anderson, Julian Sands, Christina Hendricks y Terence Stamp, en un rol secundario, unos pecan de exagerados y otros de acartonados.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | El Hilo Invisible

Las excelentes interpretaciones del trío protagonista matizan una historia irregular, cuya intencionada elegancia y exquisitez llevan a conferirle un tono demasiado frío, perceptible sobre todo en su primera hora. El film se sustenta básicamente en una especie de tour de force psicológico a tres bandas, donde las frustraciones, los deseos y las pasiones reprimidas le dan un halo de complejidad sostenida que eclosiona de forma tan sorprendente como mesurada.

La acción nos lleva al Londres de los años 50. Allí vive Reynolds Woodstock, el modisto preferido por las damas de la alta sociedad de media Europa. Ha estado siempre tan volcado en el trabajo que no ha tenido tiempo para el amor; no obstante, dos mujeres condicionan lo que hace: su hermana, una solterona de carácter recio y su madre, cuyo recuerdo tiene siempre presente. Inesperadamente conocerá a una camarera que le llegará al corazón, aunque no parece preparado para integrarla en la disciplinada vida que lleva.

La narración se contagia desde el principio del carácter introvertido y perfeccionista del reputado y genial diseñador y se desarrolla con los alicientes justos, componiendo bellas imágenes a las que, sin embargo, le falta fuerza. No es que la historia se atasque pero hasta que adquiere la entidad esperada parece avanzar sin rumbo. Solo el magnetismo que generan los personajes, cuyos recovecos emocionales se muestran con ribetes maquiavélicos y los atractivos escenarios en que se mueven permiten mantener la atención en la pantalla.

Pese a no abandonar ese aire retorcido, cobra mayor interés en su tramo final, donde hay detalles que se intuyen más que se ven, en consonancia con su título; hasta culminar con un desenlace poco estimulante. Por eso, después del visionado, es difícil de entender que haya sido bendecida con la candidatura al Óscar a la mejor película del año entre las seis nominaciones con las que cuenta, si bien el resto son relativamente defendibles.

El conjunto de los apartados técnicos pasa por ser uno de sus puntos fuertes, con mención destacada para el vestuario y la fotografía. Por otro lado, la banda sonora compuesta por Jonny Greenwood, con hechuras de música clásica, es de una belleza indiscutible, a pesar de que Paul Thomas Anderson se excede en la manera de utilizarla, superponiéndola reiteradamente al resto de elementos en varias secuencias.

Daniel Day-Lewis vuelve a demostrar su oficio y roza la excelencia, aun cuando no alcanza las elevadas cotas de algunos de sus recordados papeles. Frente a él, no le pierde la cara la joven y prometedora Vicky Krieps, ratificando su buen momento tras ‘El joven Karl Marx’ (2017). Pone la guinda la veterana Lesley Manville, completando el magnífico elenco del que son deudores muchos de los reconocimientos obtenidos por esta producción.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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