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Etiqueta: cannes

Crítica | En la Sombra

El director Faith Akin, que tiene en su haber títulos tan aplaudidos como ‘Contra la pared’ (2004) y ‘Soul Kitchen’ (2009), aborda un tema que conoce bien de cerca y lo hace desde una perspectiva intimista. El odio y violencia que generan el racismo y la intolerancia sirven de base argumental a una historia muy personal que conjuga el drama, la intriga judicial y el thriller, con un resultado aceptable. Ello no quita para apuntar cierta descompensación en el desarrollo de los tres actos en que se estructura. Sin perder nunca el interés, acaba desembocando en unos terrenos convencionales que difuminan parcialmente sus mensajes.

La vida de Katja, una joven alemana, se derrumba cuando su pequeño hijo y su marido, de origen turco, mueren en un atentado. Tras ese impacto emocional, el film se preocupa, en primer lugar, en mostrar su dolor y la manera de afrontar tan terrible situación, en lo que es el tramo más trabajado y prometedor. Escenifica perfectamente el shock y el desconsuelo en que se ve sumida la protagonista y se apoya en personajes secundarios que, aun resultando superficiales, cumplen unos papeles necesarios.

A continuación, nos coloca como observadores de un juicio duro y desagradable, donde apreciamos que el hundimiento emocional ha quedado matizado por el anhelo de hacer justicia. En esta parte es cuando sus contenidos de calado adquieren mayor visibilidad, pese a intuir fácilmente el desenlace de la vista. Ante el estrado cobran relevancia de peso figuras como el fiscal, el abogado defensor y los testigos, que sirven para elevar la tensión y acercarnos al coraje contenido de la joven viuda.

Finalmente, lograda la empatía del espectador con la víctima, y sin dudar del buen propósito del guion, el último capítulo y la resolución de la trama se ven salpicados de detalles inverosímiles y rutinarios, de forma que el impacto que pretende causar no acaba de ser eficaz, arriesgando a confundirnos sobre el carácter de sus verdaderas intenciones.

La interpretación de Diane Kruger, premiada en el Festival de Cannes, es un pilar indiscutible de la cinta; alejada del tipo de papeles que le hemos visto en títulos comerciales, demuestra una implicación absoluta. Es fácil pensar que ha sido determinante para la consecución de los diferentes reconocimientos obtenidos por esta producción, incluyendo el Globo de Oro a mejor película de habla no inglesa.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | 120 Pulsaciones por Minuto

Premiada por el jurado y por la prensa internacional en el Festival de Cannes, esta producción francesa, candidata a 13 César, es difícil de recomendar. Y ello sin poner en duda sus valores, el interés que puedan despertar los hechos que recrea y los méritos artísticos que aglutina. No obstante, aun aceptando estas consideraciones, razones suficientes para justificar los galardones obtenidos, nos encontramos con una historia que peca de cíclica en determinados apartados y cuya puesta en escena alcanza una dureza visual que cuesta soportar en los compases finales, con unas imágenes demasiado explícitas y no siempre necesarias, que pueden herir la sensibilidad.

Nos lleva a principios de los 90, al seno de la organización Act Up París que un grupo de seropositivos había constituido poco antes con los objetivos de presionar a los políticos y a los laboratorios farmacéuticos para que aceleraran la aplicación de remedios eficaces contra el SIDA y de concienciar a la población sobre los riesgos y consecuencias del virus. En ese marco va centrando la atención en dos activistas que comienzan una relación sentimental.

Los compases iniciales, en los que la narración fluye con soltura, despiertan la atención del espectador. Asistir a las asambleas y acciones reivindicativas de estos jóvenes y a la desazón que sentían, así como, paralelamente, a la presentación de los protagonistas y de sus circunstancias, siembra el terreno para despertar elevadas expectativas; en mayor medida cuando la realización se mueve en terrenos muy verosímiles a través de la aparente espontaneidad de sus intérpretes.

Sin embargo, el guion entra en una especie de bucle y carga el metraje (140 minutos), hasta que intenta oxigenarse con los apasionados encuentros de una pareja de gays que viven su romance desde perspectivas diferentes. Pese a ello, este paulatino cambio de inclinación, del relato coral al personal, sin abandonar completamente ninguno, se realiza de forma brusca y en ocasiones el desarrollo de la película se dispersa en detalles insustanciales y transiciones desangeladas.

Finalmente nos aboca a un desenlace que se ve venir con bastante antelación, además de ilustrarnos sobre los estragos de la enfermedad de manera contundente y dejar para el último tramo ciertas secuencias verdaderamente desagradables.

En el apartado artístico resulta incuestionable la implicación total del argentino Nahuel Pérez Biscayart, una actuación descollante digna de los mayores elogios. Junto a él, son reseñables las participaciones de Arnaud Valois y Adèle Haenel (‘La chica desconocida’).

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | Sin amor

Desde Rusia llega este drama desgarrador que conjuga el conflictivo divorcio de un matrimonio con la desaparición de su hijo de corta edad. La película, técnicamente impecable y con un leitmotiv loable, funciona a la perfección en su vertiente de thriller, pero se excede al mostrar las desagradables desavenencias entre los protagonistas, resultando contundente y extenuante al mismo tiempo.

Desde el principio, el guion se preocupa por enfatizar el lado más oscuro e irritante de los excónyuges, enfrascados en una guerra sin cuartel tras su ruptura, pese a que los dos han comenzado a rehacer sus vidas con otras parejas. El espectador asiste a los desencuentros como un testigo silencioso e indudablemente violentado por sus envenenados y mutuos reproches.

Cuando el pequeño se marcha de casa, harto de escuchar las peleas donde él mismo se ha convertido en un arma arrojadiza, ambos deberán colaborar forzosamente con la policía. A partir de ese momento, el relato toma los aires de una intensa intriga, sin renunciar a seguir incidiendo en el panorama malsano que presenta, incrementando su virulencia con la introducción de otros personajes: unos, egocéntricos, como la nueva novia del padre y otros tan antipáticos, rudos y despreciables como la madre de su exmujer.

En esta segunda parte de la historia, la tragedia planea en forma de condena merecida, aunque se ve lastrada por todo cuanto le precede. Ello no le resta méritos a la notable realización, que sabe mover y colocar la cámara para lograr imágenes atractivas y hasta hechizantes cuando la acción sale al exterior.

El trabajo de los actores, enfrentándose a papeles exigentes y poco agradecidos, es digno de elogio; con especial mención para la sensacional Maryana Spivak, que llena completamente la pantalla y ensombrece, al igual que en la ficción, a su compañero Aleksey Rozin.

Andrey Zvyagintsev no alcanza las excelencias de ‘El regreso’ (2003) y de la galardonada ‘Leviatán’ (2014), si bien el film es igualmente recomendable, tal como acreditan el Premio del Jurado del Festival de Cannes y la nominación al Óscar en la categoría de mejor película de habla no inglesa.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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