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Etiqueta: comedia

Crítica | El Buen Maestro

Se disfruta mientras se ve, gracias a la caracterización de su protagonista, quien traspasa la pantalla con humildad y buen corazón; sin embargo no perdurará en la memoria porque sus argumentos ya los hemos visto muchas veces en el cine. Estamos ante la típica historia del maestro que se enfrenta a alumnos de barrios marginados, cercanos a entornos delictivos en algunos casos, sin que, en líneas generales, encontremos aportaciones especialmente significativas respecto a la multitud de antecedentes que cabe recordar. No obstante, la sencillez y afabilidad que recorren la cinta compensan sobradamente su visionado.

François es, como su padre, profesor de literatura del prestigioso liceo Henri IV de París. Circunstancias imprevistas le llevan a aceptar la tutoría de una clase en un centro del extrarradio, con adolescentes problemáticos, nada dispuestos a prestarle atención.

El guión marca perfectamente los tiempos y dedica las secuencias precisas para describir a este personaje en su entorno habitual y así poder enfatizar el contraste cuando pasa a otro ambiente diametralmente opuesto al que domina. No obstante, en ese nuevo escenario se muestra muy ingenioso a la hora de escenificar los acertados métodos que se saca de la chistera para recabar el interés de los chicos. Es loable como introduce las referencias a ‘Los miserables’ de Víctor Hugo y adapta hábilmente los contenidos de la novela para conseguir que los estudiantes se enganchen a ella, gracias a su eficaz dialéctica.

Otro mérito pasa por contraponer a este docente con sus jóvenes colegas, encasillados en recursos convencionales y descreídos sobre la posibilidad de poner en el camino adecuado a los chavales más díscolos; para acabar dándoles una modesta pero elocuente lección sobre la manera de educar.

Todo ello sin renunciar al sentido del humor, al salpicar el relato de sutiles notas de comicidad debidamente mesuradas para no alejarse del discurso central. Aunque en algún instante, mediado el metraje, parece atascarse ligeramente, se resarce conforme se acerca al tramo final, imbuido de emotividad contenida.

Denis Podalydès (‘De Nicolas a Sarkozy’) logra transmitir la imagen entrañable que requiere su papel y es decisivo para que los actores no profesionales y debutantes que le acompañan se muevan con absoluta naturalidad delante de las cámaras, al punto de que, por momentos, el film se asemeja a un documental.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | Un Sol Interior

Muchos son los nubarrones que impiden brillar a esta película francesa de tono intimista y romántico. La loable intención de presentar una reflexión en torno a la soledad, a la insatisfacción sentimental y a aquello que se desea en una relación queda oscurecida por un guion que alterna contados destellos, apreciables en frases muy inspiradas, con situaciones que se repiten y secuencias que van languideciendo o que bordean lo absurdo.

Isabelle es una mujer divorciada, cuya profesión está vinculada a la pintura. Desde que se rompió su matrimonio intenta hallar nuevamente el amor sin conseguirlo. Ser la amante de un prepotente banquero casado, seducir a un joven actor, también comprometido y reencontrarse con su exmarido, solo le reportan decepciones que truncan las ilusiones depositadas en cada caso; lo que es bien lógico atendiendo a tan desatinadas elecciones.

El film se despreocupa bastante de la caracterización de los personajes. De hecho, de la protagonista apenas llegamos a conocer lo justo, más allá de sus devaneos e inquietudes personales. Mediado el metraje, por ejemplo, conocemos que tiene una hija, que no tiene peso alguno en la historia. Más superficiales y sosos resultan todavía sus distintos acompañantes.

Pese a desarrollarse supuestamente en clave de comedia, da la sensación de que intenta hacer reír mediante diálogos de besugos que terminan por transmitir el efecto contrario al pretendido, es decir, cierta ridiculez. En este sentido, riza el rizo con la escena final, que constituye un homenaje a la divagación en toda regla, a través de una figura desquiciante, a medio camino entre un adivino y un psicólogo, que se dedica durante casi 10 minutos a dar vueltas a predicciones y consejos sobre el futuro de la artista; lo que puede tomarse como un gag o una tomadura de pelo.

Juliette Binoche se muestra muy natural e interioriza las exigencias del papel, en ocasiones difíciles de digerir. Ella es, sin duda, lo más salvable de la cinta. El resto de intérpretes pasa sin pena ni gloria, incluyendo a a Xavier Beauvois y a la veterana Josiane Balasko, mientras que otros, como Gérard Depardieu, realizan intervenciones grotescas, y la participación de Valeria Bruni Tedeschi se queda en algo menos que testimonial.

El sol es tan interior que no lo vemos, ni siquiera lo intuimos, en ningún momento.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | Campeones

Esta comedia rebosa humanidad y buenas intenciones por los cuatro costados, además de estar imbuida de un sano sentido del humor, accesible a todo tipo de públicos. Ello no quita para reconocer que, en líneas generales, es previsible desde los primeros minutos. Sus fundamentos argumentales recuerdan a los de muchas películas de superación deportiva y transformación personal “made in Hollywoood”; no obstante, el tacto y frescura de su puesta en escena la hacen digna de elogio y plenamente recomendable.

El segundo entrenador del Estudiantes atraviesa una crisis personal y profesional que intenta ahogar en alcohol después de provocar un feo incidente en la cancha. Para colmo de males, en ese estado, sufre un accidente de tráfico y la jueza le impone como sanción que se haga cargo de un equipo de discapacitados. Lo que le parece la peor de las condenas se convertirá en un camino de redención y mejora.

Con estos mimbres, el film navega a la perfección entre gags y detalles emotivos, sin perder la mesura en ningún sentido. Aunque centre su atención en la caracterización y transformación del protagonista, no descuida al pintoresco grupo de ilusionados y peculiares jugadores. Proyecta con ello una auténtica lección de afecto y comprensión y reivindica el respeto y los valores de quienes necesitan bien poco para ser felices y todavía mucho menos para abrirse y dar su cariño a los demás.

No faltan las dosis de emoción hasta llegar a un vibrante desenlace. Sin embargo, siendo ese tramo final ligeramente más trivial que cuanto le precede, el director y también coguionista, Javier Fesser, pierde la oportunidad de poner el broche que merece la historia y acumula epílogos, alargando demasiado el cierre.

Javier Gutiérrez contribuye decisivamente a elevar el resultado que vemos en pantalla, demostrando que tras ganar su segundo Goya por ‘El autor’ continua en una forma interpretativa espléndida y a estas alturas del año se reivindica ya como justo candidato a su tercera estatuilla. No le van a la zaga el resto de actores, tanto los veteranos como Juan Margallo y Luisa Gavasa, como la cuadrilla de chicos, no profesionales, que se mueven ante las cámaras con una loable naturalidad y vis cómica, en lo que constituye otro de los méritos de esta excelente producción.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | Una Razón Brillante

La brillantez del guion es razón más que suficiente para recomendar el visionado de esta producción francesa. En clave de comedia ligera, pero inteligente, nos presenta una historia que bebe indudablemente del clásico ‘Pigmalion’ de George Bernard Shaw (cuya adaptación cinematográfica más conocida es ‘My Fair Lady’). Ahora bien, con esta premisa de fondo, logra construir un relato seductor, apoyado en buena parte en la fuerza envolvente de sus exquisitos diálogos. Este virtuosismo cobra fuerza por la acertada caracterización de los protagonistas, tan diferentes como complementarios y por la sutil mirada hacia determinadas circunstancias sociales, muy de actualidad, en la que vierte un punto de denuncia valiéndose de mordaces ironías.

Neïla Salah empieza con mal pie el primer día en la universidad: llega tarde a clase y el eminente catedrático de Derecho Romano, Pierre Mazard, la pone en evidencia. Sin embargo, poco después se ofrecerá a darle clases particulares de dialéctica y oratoria para que participe en un prestigioso concurso. Lo que desconoce es que el maestro quiere valerse de esa tarea para lavar la imagen de racista que tiene en el centro.

A la agilidad de la narración se suman frases y razonamientos sin desperdicio y situaciones impregnadas de comicidad, además de enfrentar a dos personajes interesantes por igual, aunque por razones muy diferentes y que se ven abocados a entenderse. De esta manera, la película se gana al público desde las secuencias iniciales. Pero no estamos solo ante una lección magistral sobre el poder de las palabras, impregnada de humor ingenioso, sino que también encontramos satíricas exposiciones en torno a temas como el clasismo y la discriminación, las perversiones del lenguaje y de la comunicación a que invitan las nuevas tecnologías, la manipulación y la arrogancia instalada en determinadas esferas.

El duelo entre el veterano Daniel Auteil (‘Conversaciones con mi jardinero’, ‘Salir del armario’) y Camélia Jordana es magnífico, apreciable en mayor medida por hacer evolucionar sus respectivos papeles a lo largo del metraje; con mención especial, si cabe, para la joven intérprete, ganadora del Premio César a la mejor actriz revelación por este trabajo.

El actor y director Yvan Attal da en la diana con esta propuesta, cuyos 95 minutos vuelan proporcionando un entretenimiento de altura.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | Paella Today

Desde que ‘Ocho apellidos vascos’ (2014) triunfará en la taquilla, son varios los largometrajes nacionales que han intentado seguir su estela, explotando el choque de culturas y caricaturizando los elementos más populares del folclore local. En esa línea nos encontramos con esta producción imbuida de la frescura y el desenfado propio del carácter levantino, haciendo de ello su aspecto mejor tratado y compensando la endeblez de la historia con un agradecido toque mediterráneo.

La relación fraternal entre dos amigos de toda la vida se ve alterada por la visita de una atractiva joven que les roba el corazón. Mientras ambos piensan en ella como la pareja ideal, la recién llegada quiere pasarlo bien, disfrutando del “poliamor” sin complicaciones ni compromisos. Sorprendentemente, un concurso de paellas en el centro histórico de Valencia les proporcionará la solución a sus dilemas.

Al revés de lo que suele ser habitual, las secuencias menos acertadas las encontramos en el tramo inicial de la película. El relato se precipita con formas trasnochadas, lo que choca con la moderna y desinhibida propuesta en torno a la que se construye. Esa aceleración para alcanzar cuanto antes el eje argumental descoloca y lastra el visionado de esos compases de apertura.

Afortunadamente, asentada la situación sobre la que pivota el guion, gana en comicidad, no tanto en el apartado romántico, un tanto irregular, sino gracias a las pequeñas pero hilarantes aportaciones que incorporan los personajes secundarios y algunas intervenciones en clave de cameo. De manera que la sal gruesa que puntualmente emerge en ese triángulo amoroso queda compensada por los ingeniosos gags que, en paralelo, vertebran el desarrollo narrativo del film.

En los papeles protagonistas encontramos a Olga Alamán, que le insufla a su papel la desenvoltura y toque frívolo que precisa. Junto a ella, constituye un grato descubrimiento la participación de Pau Gregori que llega a ensombrecer a su compañero Pablo Rivero (‘Cuéntame como pasó’).

Completan el elenco varias caras conocidas que hacen gala de una apreciable vis cómica, comenzando por el tándem, madre e hijo, que interpretan Mamen García y Brays Efe, a los que hay que sumar el desparpajo de Alberto Jo Lee (‘Tapas’) como un chino valenciano y las breves apariciones de, entre otros, Lolita Flores, Pablo Carbonell y Chimo Bayo.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | El Viaje de sus Vidas

No es ni mucho menos una película redonda, pero el hecho de contar con dos grandes actores y lo acertado del guion, en cuanto que va de menos a más, termina por tocar la fibra sensible y despertar suficientes emociones como para salir satisfecho del cine. La historia es bastante sencilla y tiene los alicientes justos, de esto se resiente especialmente su arranque que, como los propios protagonistas, parece avanzar sin rumbo fijo. No obstante, logra mantener abiertas las expectativas, extremo esencial para que cuando adquiere algo de entidad el espectador siga interesado en lo que vaya a ocurrir

John y Ella han llegado a la vejez como un matrimonio feliz, pero ahora han de lidiar con sendas enfermedades: él padece Alzheimer y a ella le han diagnosticado un tumor. Sin embargo, todavía les quedan energías para realizar juntos el que puede ser su último viaje, recorriendo la ruta por la que transitaban con su autocaravana cuando se iban de vacaciones décadas atrás.

A pesar de lo que podría pensarse a tenor de este argumento, equilibra bastante bien el humor y el drama, de manera que durante buena parte del metraje transcurre en un tono desenfadado, con situaciones puntuales que inevitablemente hacen reír. En ese apartado es fundamental la caracterización que se realiza de ambos ancianos, de forma que nos resultan completamente entrañables desde el primer instante. A ello se van sumando notas nostálgicas muy comunes, creando así un clima que invita a la empatía con el público.

Todo lo contrario cabe apuntar de los personajes secundarios, fundamentalmente sus dos hijos y la vecina de confianza, necesarios para estructurar la narración y jugar su papel en ciertos momentos, aunque nunca superan la superficialidad con que se presentan.

Siendo previsible en determinados aspectos, también se permite sorprendernos con circunstancias insospechadas y adecuadamente introducidas que espolean el desarrollo de los compases finales de esta road movie.

Donald Sutherland y Helen Mirren (nominada al Globo de Oro como mejor actriz de comedia por este trabajo) se compenetran a la perfección y vuelven a dar otra lección de excelente madurez interpretativa. Solo por ellos vale la pena pasar por taquilla.

El director italiano Paolo Virzi (‘La prima cosa bella’, ‘Locas de alegría’. ‘El capital humano’) demuestra nuevamente su tacto para abordar relatos intimistas.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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