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Etiqueta: comedia

Crítica | La tribu

El veterano director Fernando Colomo (‘Bajarse al moro’, ‘Los años bárbaros’, ‘Al sur de Granada’) firma esta comedia resultona. Lejos de ser memorable, cumple con su propósito de entretener y provocar las risas entre el público que busca meramente evadirse con humor.

El guion desarrolla hábilmente un presupuesto argumental aparentemente sencillo, introduciendo continuamente circunstancias hilarantes e incorporando con sentido nuevos personajes que aportan chispa, siquiera sea en roles secundarios.

El eje de la historia consiste en el reencuentro de un ejecutivo sin escrúpulos con su madre biológica, quien lo dio en adopción al nacer, siendo ella adolescente. Todo se complica cuando él sufre un accidente que le deja en un estado de amnesia transitoria. A partir de ese momento comenzará una nueva vida en la que un grupo de mujeres que práctica el streetdance cambiará su destino.

El ritmo con que se suceden los acontecimientos provoca que vuelen los 90 minutos de metraje, además de dejar la sensación de que termina cuando debe hacerlo, evitando alargues innecesarios.

Desde luego, el gracejo que recorre la cinta sufre ligeros altibajos y junto a gags eficaces encontramos otros que no acaban de cuajar o se apoyan en recurrentes detalles de sal gorda. A ello se añade la previsible resolución con contrapuntos emotivos, seguida del epílogo que remata, con los créditos del final, esta propuesta fresca y divertida.

Paco León y Carmen Machi son una apuesta segura en estos menesteres y aquí remozan la buena química que les encumbró en la serie ‘Aida’. Gracias a ellos el film se mantiene siempre en un estimable nivel de comicidad.

Están acompañados por un elenco que contribuye convenientemente a que la película funcione y donde destacan Luis Bermejo (‘Kiki, el amor se hace’) y la debutante Maribel del Pino, a quienes se une Julián López, bastante desaprovechado en esta ocasión, pese a las virtudes acreditadas en este terreno.

Vistos los títulos oscarizados de la cartelera, si se quiere pasar un rato sin calentarse la cabeza esta opción es recomendable.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | Sin Rodeos

Santiago Segura dirige esta comedia impregnada de humor facilón y situaciones exageradas, si bien evita caer en los chistes escatológicos y de mal gusto a que nos tiene acostumbrados. Partiendo de una premisa ya explotada cinematográficamente (’24 horas sin mentir’, ‘Mentiroso compulsivo’), lleva a la pantalla una historia que comienza con mal pie, donde todo resulta tan inverosímil como ridículo. Por fortuna, se recupera ligeramente en su tramo central, para acabar con un epílogo enlazado a los créditos de cierre, un tanto chirriante.

Paz vive con un pintor fracasado que no pega golpe, es ninguneada en el trabajo y su mejor amiga no le presta atención porque está pendiente del móvil y algo parecido le sucede con su hermana. Cuando el mundo se le viene encima decide, a la desesperada, visitar a un chamán indio. A partir de ese momento, no puede contener los impulsos de decir lo que piensa en la cara de quienes le hacen la vida imposible.

Los primeros minutos ya dan una idea de la senda que seguirá el resto de la historia. Se pone a la protagonista como sufrida y callada víctima de los abusos ajenos de manera tan increíble como justa de gracejo. A medida que se va desarrollando intenta esgrimir un mensaje liberador a favor de la mujer actual, caricaturizando extendidos clichés machistas, pero le falta contundencia en este apartado, incluso en ocasiones, tal como escenifica determinados gags, se aleja de este propósito.

Maribel Verdú se ha embarcado en esta aventura, seguramente para cambiar de aires, aunque por su talla interpretativa merece producciones de mayor nivel. Aquí es su consumado oficio el que impide un peor resultado, dejando muestras de su capacidad para adaptarse y sobresalir en cualquier papel.

Le secunda un elenco en el que encontramos actores de garantías cuando se mueven en registros cómicos y que, sin embargo, rinden de forma desigual, como Enrique San Francisco, una excesiva Candela Peña, Florentino Fernández, Toni Acosta, asumiendo un rol estridente, y el propio director, quien nuevamente ha contado con un buen puñado de sus “amiguetes”, algunos de ellos metidos con calzador: Cristina Pedroche, David Guapo, El Gran Wyoming, ‘Cañita Brava’ y Paco Collado, entre otros.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | Plan de Chicas

Como se intuye por el título, estamos ante otra comedia coral de desmadre grupal tan olvidable como la mayoría de películas que pretenden explotar este filón. El éxito de ‘Resacón en Las Vegas’ (2009) marcó el camino a una serie de sucedáneos que nunca han llegado a tener la misma repercusión, fundamentalmente porque evidencian un sentido del humor burdo, escasamente ingenioso e incluso de mal gusto. Este es un caso más, en clave femenina, que se suma a films como ‘La boda de mi mejor amiga’ (2011), ‘Despedida de soltera’ (2012), ‘Malas madres’ (2016) y ‘Una noche fuera de control’ (2017), que han ido repitiendo los mismos argumentos y gags sin rubor.

A pesar del intento de dar un poco de empaque a la personalidad de las protagonistas y de sus conflictos personales, acaba en los terrenos de siempre y esos elementos emocionales, vinculados al ensalzamiento de la verdadera amistad, parecen un pretexto para sostener los abundantes momentos de despiporre.

Como tantas veces, nos presenta a cuatro íntimas amigas desde los tiempos de la escuela que han perdido el contacto. Una de ellas aprovecha el hecho de tener que viajar a Nueva Orleans con el fin de promocionar sus exitosas publicaciones de autoayuda, para invitar a sus, en otrora, inseparables compañeras.

Tras una presentación prometedora, con un flasback bien montado sobre el pasado de estas chicas y el acercamiento individualizado al presente de cada una, marca su grotesca impronta desde el instante en que vuelven a reunirse en el aeropuerto. Además, el guion ubica la acción en medio de un popular festival musical de la ciudad sureña (Essence) para proporcionar el marco adecuado a sus desmanes.

Ya asentadas en ese escenario, la narración sigue los patrones habituales, siendo previsible en demasiados detalles hasta el final. Solo una secuencia en la que se produce un vistoso duelo de bailes evidencia algo de imaginación y esfuerzo coreográfico.

Las actrices pecan de sobreactuar constantemente, a pesar de que intentan mantener el tipo. Destacan especialmente Tiffany Haddish y Queen Latifah, superando a las sosas Regina Hall y Jada Pinkett Smith, y a la exagerada y chirriante Kate Walsh.

Nada hace este estreno recomendable, salvo para quienes sean absolutos incondicionales de este trillado subgénero.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | Qué fue de Brad

Sin abandonar del todo sus registros cómicos, Ben Stiller consigue mantener dignamente una cinta irregular que habla de la crisis de los 50, donde se alternan lecturas interesantes y muy reales con otras situaciones hiperbolizadas que descolocan. Al margen de ello, estamos ante un film que se deja ver pero al que le falta algo de chispa y de ritmo.

El actor neoyorquino, en la línea de alguno de sus trabajos anteriores, como ‘Mientras seamos jóvenes’ (2014), interpreta a un padre de familia frustrado por la vida que lleva en comparación con las de quienes fueron sus amigos de juventud, convertidos en auténticos triunfadores. Esta sensación la acentúa el hecho de que tenga que viajar con su hijo desde Sacramento a Boston, donde él estudió, con el fin de que el chico pueda instar el acceso a alguna de las prestigiosas universidades de la ciudad. Durante varios días la convivencia entre ambos, sacará sus inseguridades a la luz.

Una de las bazas llamativas del guion es la forma en que maneja los cambios en el estado de ánimo del protagonista, nunca en paz consigo mismo. Inicialmente, nos lo presenta como un tipo hundido en su pesimismo y baja autoestima, para luego insuflarle un poco de ilusión, cuando se proyecta en las virtudes y logros de su vástago, al tiempo que pone en duda esos mismos sentimientos. Precisamente los momentos íntimos de la relación paternofilial deparan las mejores secuencias de la película. Logra así esbozar una radiografía psicológica compleja que alcanza extremos muy cómicos, ridiculizando a un tipo cuyo perfil es, hasta cierto punto, reconocible y que genera compasión; solo que la manera de enfatizar sus salidas de tono peca de exagerada.

El otro elemento que va ganando entidad es el de los personajes que le rodean: tanto el de una adolescente, que le hace ver como han cambiado las perspectivas de las nuevas generaciones, como el de esos viejos compañeros que ahora le han olvidado y cuya realidad no es tan idílica como él piensa. Con ello construye un meritorio mensaje desmitificador sobre los modelos de éxito que nos impone la sociedad.

Del resto del reparto, destaca el joven Austin Abrams (‘Ciudades de papel’) quien pone un agradecido toque de equilibrio y espontaneidad. Por su parte, aprovechan sus pequeñas intervenciones Jenna Fischer, Michael Sheen y Luke Wilson.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica: Fe de Etarras

Borja Cobeaga, director de las desternillantes ‘Pagafantas’ (2009) y ‘No controles’ (2010), vuelve a moverse por los terrenos que domina, con la colaboración de Diego San José como coautor de la historia, repitiendo el tándem de coguionistas que firmó ‘Ocho apellidos vascos’ (2014). Este estreno, sin llegar a la altura de los mencionados, cumple con el propósito de hacer pasar un rato divertido.

La nueva propuesta del realizador donostiarra alterna un humor eficaz, propio de una comedia de situación como es esta, con la caricatura de tópicos y costumbres que extiende a los temas delicados que apunta su título. Así, aborda sin prejuicios y con sarcasmo, referencias históricas vinculadas al terrorismo etarra, construyendo, en este ámbito unos gags inteligentes y acercándose al tono que ya mostró en ‘Negociador’ (2014).

La acción nos sitúa en una ciudad de provincias durante el verano de 2010, en pleno Mundial de Sudáfrica. Allí aguarda instrucciones un comando de ETA liderado por un veterano de la banda, de origen riojano, que tiene a su mando a dos jóvenes, cuyo futuro como pareja depende de lo que suceda con la organización, y a un chico de Chinchilla que se siente tan vasco como el que más. Mientras esperan órdenes, se producirán situaciones verdaderamente pintorescas.

Si bien la continuidad a la hora de enlazar chistes tiene algún pequeño altibajo, su metraje, de 87 minutos, no se resiente de ello en ningún momento y explota a la perfección el choque de culturas. Además, tiene la habilidad para provocar la risa a partir de satirizar, e incluso ridiculizar con ingenio, aspectos que van desde el nacionalismo o la llamada lucha armada, hasta la exaltación de la gastronomía local y las euforias futbolísticas.

Solo la resolución de la intriga peca un tanto de seca y cortante, pese a quedar matizada por su epílogo.

La selección del reparto no admite reparo alguno. Javier Cámara encabeza un elenco solvente al que poco le queda por demostrar en este ámbito. Él mismo asume un papel exigente que resuelve de forma notable. A su lado despunta la arrolladora vis cómica que exhibe Julián López. Completan el casting dos habituales del género, como Gorka Otxoa y Miren Ibarguren, y secundarios que ponen gotas de veteranía: Ramón Barea y Tina Sainz, a quienes se suma, en pequeñas pero tronchantes intervenciones, Luis Bermejo, encarnando a un forofo de la selección española.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova.

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