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Etiqueta: estreno

Crítica | Rebelde en el Centeno

Dado que J. D. Salinger no autorizó la adaptación al cine de su novela más conocida, ‘El guardián entre el centeno’, publicada en 1951, esta película es una recreación de los hechos que la inspiraron: su propia vida. El resultado es muy notable, imposible de comparar con lo que hubiese sido la transposición a la gran pantalla del libro, pero indudablemente interesante y a ratos cautivador, si bien pierde fuerza en los compases finales.

En el Nueva York de 1939, Jerry es un chico rebelde con la ilusión de ser escritor, a pesar de arrastrar un pésimo expediente académico y de la oposición de su padre, quien prefiere que siga con el negocio familiar de venta de carne. Todo cambia cuando encuentra el apoyo que le hace falta en un profesor que cree en él, aunque su paso por el frente le causará un fuerte impacto psicológico que transformará su carácter y determinará su carrera.

La historia, donde predominan los matices dramáticos, tiene un arranque prometedor y consigue suscitar atracción por tan singular y engreído joven, especialmente al entrar en acción quien se convertirá en su mentor. Las intervenciones de este maestro propician los mejores diálogos del film. Las confrontaciones dialécticas con su discípulo, acompañadas de pinceladas sarcásticas, deparan secuencias redondas. De manera que, conforme va desarrollando la primera parte del relato, da la sensación de que el resto de los apartados biográficos que aborda, aun siendo necesarios e incluso esenciales en el devenir del autor, quedan lejos de tener el mismo calado, incluyendo la parcela romántica.

El ingreso a filas y su participación en la Segunda Guerra Mundial marcan el punto de inflexión en el tono de la narración, tal como avanza el prólogo. A partir de aquí, ya no alcanza la misma brillantez y centra la mirada en las incidencias relativas a la publicación de la que sería su exitosa obra y en la forma en que se fue aislando del mundo. No obstante, el cierre se ve beneficiado por un ligero toque emotivo.

En cualquier caso, es loable que esta producción, de elevadas ambiciones, consiga su propósito en líneas generales, arropada por una buena factura técnica y sin excederse de metraje.

Nicholas Hoult (‘Jack el cazagigantes’) realiza una interpretación convincente, mientras que Kevin Spacey deja muestras de su excelso oficio en la que puede ser una de las últimas veces que le veamos actuar. Otro nombre a destacar es del de Hope Davis ejerciendo de madre del protagonista.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | Mi Querída Cofradía

No será, ni mucho menos, la comedia del año y probablemente a la hora de votar las candidaturas a los Goya, dentro de unos cuantos meses, este título se habrá borrado de la memoria de los académicos, a pesar de contar con un par de actrices sobradamente merecedoras de nominación. Por lo demás, estamos ante un vodevil cinematográfico que tiene varias secuencias tronchantes, igual que tira de humor rancio en momentos puntuales.

En un pueblo andaluz encontramos a Carmen, que lleva toda la vida dedicada plenamente a su cofradía, tanto que sueña con ser nombrada presidenta, pero quien gana las elecciones es Ignacio, un tipo prepotente y machista. Cuando accidentalmente el nuevo rector de la hermandad se queda inconsciente en el baño de su casa, se ve en un aprieto de difícil solución. Su hija, esposa del alcalde, y una vecina de confianza tratarán de ayudarla, y ello a pocas horas de que comience la procesión.

El guión construye con gracejo la típica intriga de enredo que avanza con el efecto de bola de nieve, concatenando circunstancias inesperadas, algunas con ligeros toques surrealistas. Tres cuartos de su ajustado y bien aprovechado metraje tienen lugar en la vivienda de la protagonista, con una puesta en escena muy teatral. Sin embargo, esta es la parte que mejor funciona, dinamizando su desarrollo con constantes entradas y salidas de personajes y detalles que incrementan el suspense de tan hilarante situación.

Al alejarse de ese marco que domina a la perfección, el film decae sensiblemente. Cuando traslada la acción a la iglesia y tiene que resolver la trama parece perderse. En esos terrenos se salva básicamente el mensaje feminista en contra de ciertas tradiciones bastante trasnochadas; una reivindicación expresada con absoluto respeto a las costumbres religiosas, evitando cualquier agravio posible de manera meritoria.

Gloría Muñoz, habitual en roles secundarios, resuelve de forma sobresaliente el tour de force que exige su papel, con una implicación digna de elogio. Junto a ella, Carmen Flores Sandoval constituye la auténtica revelación de la película, haciendo gala de tal vis cómica que cada intervención resulta descacharrante, recordando, guardando las distancias, a la desaparecida Chus Lampreave en las colaboraciones con Pedro Almodóvar. Por esta actuación fue justamente galardonada en el pasado Festival de Málaga. Son igualmente apreciables las aportaciones de Pepa Aniorte, Manuel Morón y Joaquín Núñez.

No es para echar cohetes, pero, sin grandes recursos, consigue un aceptable divertimento.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | Lucky

Harry Dean Stanton llena de humanidad esta sencilla historia que aporta reflexiones sobre el ocaso de la vida, en una película pequeña y que paradójicamente sirve de homenaje al actor, quien murió poco después de finalizar el rodaje. Es precisamente su interpretación el pilar fundamental del film, al impregnar de naturalidad y realismo cada secuencia; lo que tampoco es de extrañar si tenemos en cuenta que el protagonista está inspirado parcialmente en su propia biografía y además, le acompañan varios amigos en el reparto.

Lucky es un anciano sin familia que nunca se siente solo, ya que es muy querido por los vecinos del pueblo sureño en el que reside. Todos los días realiza ejercicios de gimnasia, acude a la misma cafetería y por las noches charla con los clientes del club nocturno que frecuenta. Sin embargo, cuando sufre un repentino mareo y acaba con sus huesos en el suelo empieza a tomar conciencia de que el final se acerca.

Con este argumento, el guion alterna ironías con certeras reflexiones imbuidas siempre de un espíritu vitalista y en ocasiones poético, intentando desdramatizar la pérdida y la muerte para acercarse a ello como algo ineludible y necesario.

Si bien el desarrollo del relato transcurre sin grandes altibajos y fluye con serenidad, sorprende con escenas emotivas, especialmente en los últimos compases, hasta llevarnos a un cierre que incluye un pequeño y simpático gag.

Por otro lado, se debe hacer mención de su correcta realización y más si se tiene en consideración que supone la ópera prima de John Carroll Lynch, secundario de peso habitual (‘Gran Torino’, ‘Zodiac’, ‘El fundador’), que se pasa a la dirección y demuestra un solvente manejo de la cámara y la capacidad para trasladarnos tanto la aridez de los parajes donde sitúa la acción como la afabilidad de sus gentes.

En el elenco encontramos las participaciones destacadas del cineasta David Lynch, y de los veteranos Barry Shabaka Henley, Ed Begley Jr. y Tom Skerritt, quienes aprovechan sus breves intervenciones.

El cinéfilo disfrutará con esta joya de aroma indie, estrenada en menos salas de las que merece.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | Invitación de Boda

El choque generacional y cultural se desarrollan de manera entrañable y amena en esta producción aparentemente localista, pero cuyos contenidos son fácilmente extrapolables a distintos ámbitos. El hecho de que se situé en Israel permite esbozar con mayor claridad las diferencias entre Oriente Medio y Occidente a través de un relato sereno y equilibrado en clave paternofilial, donde se contraponen dos caracteres reconocibles y amables, pese a sus pequeñas y continuas desavenencias.

El joven Shadi regresa a Nazaret con el fin de asistir a la boda de su hermana. Hace tiempo que se marchó a vivir a Italia para trabajar como arquitecto. Allí ha encontrado el amor y ha adquirido una mentalidad más abierta. Ahora, durante unos días, se dedicará a repartir las invitaciones de las nupcias a amigos y familiares acompañando a su padre, un venerable maestro que no ve con buenos ojos que se haya distanciado de los suyos y discrepa de sus novedosas ideas.

El film, con hechuras propias de una road movie urbana, comprime en una sola jornada la acción y aprovecha cada secuencia para escenificar conflictos de calado, pecando de ambicioso, pero siendo elocuente a la hora de argumentar posiciones de difícil conciliación: las tradiciones ancestrales tropiezan con los pensamientos modernos y liberales, que ven en ellas costumbres caducas; el sentimiento terruñero choca con el espíritu aventurero y mundano, y la idiosincrasia oriental con la occidental.

Con todo, todavía se atreve a extender sus intenciones a otros terrenos. Así el guion caracteriza perfectamente a los protagonistas y destapa sus íntimos secretos y las heridas compartidas, vinculadas a una esposa y madre que abandonó el hogar muchos años atrás. A ello suma la circunstancia de que son palestinos, por lo que deben sobrellevar la opresión del gobierno judío.

Sin un gran despliegue de medios, dibuja un panorama que no tiene desperdicio, transitando de cuestiones particulares a problemas generales. Esa es su mejor virtud y a la vez su propósito, porque la resolución carece del veredicto que dirima tan razonable confrontación y opta por el cierre justo y afable que merece la película; ya que aquí lo importante no es tanto el destino como el camino.

Resulta loable la desenvoltura que muestra el veterano Mohammad Bakri, imbuyendo de naturalidad al personaje que encarna, a quien le da réplica su hijo de verdad, el también actor Saleh Bakri. Ambos crean la química idónea para sostener la historia desde el principio hasta el final.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | Roman J. Israel, Esq.

Estamos delante de uno de esos casos en los que la descollante interpretación de su protagonista convierte la película en una propuesta, cuanto menos, digna de atención. Denzel Washington se ha implicado plenamente a la hora de caracterizar a Roman J. Israel, Esq., quizá atraído porque es un tipo muy diferente a aquellos que encarna más habitualmente. Ello compensa la irregularidad de la intriga, en ocasiones desenfocada.

Un abogado penalista de Los Ángeles, con especial debilidad por los delitos en que están implicadas personas desfavorecidas, se ve en aprietos cuando su mentor, titular del bufete en el que lleva años trabajando, sufre un infarto. Poco después se encontrará en la tesitura de aceptar o rechazar la oferta que le hace una importante firma, de mayor categoría, pero alejada de los ideales que defiende.

Las secuencias iniciales se esfuerzan en dibujarnos adecuadamente a los personajes, especialmente a este letrado comprometido con los derechos civiles, con el fin de poder enfatizar la transformación que experimenta en tan solo tres semanas. En ese apartado, que se aborda aceleradamente, tiene la habilidad de voltear su forma de pensar y actuar, a la vez que va cambiando de apariencia física, pasando de ser un “sabio despistado” desaliñado y despreocupado por la manera de vestir, a presentarse como un elegante y atractivo caballero. Esta parcela y algunas frases brillantes son lo mejor de un guion que no es redondo.

Pese a sus buenas intenciones, para alcanzar a tocar el punto débil de ese hombre íntegro, ante las tentaciones y corruptelas que le rodean en las altas esferas, se precipita y recurre a argumentos burdos, acumulando torpemente pequeñas desgracias y contratiempos que le superan, además de dispersarse en la narración. Así, la defensa de los valores vinculados a la decencia, igualdad y justicia que él representa pierde fuerza por el camino.

El actor neoyorquino, justamente nominado al Óscar, llena la pantalla y ensombrece a sus compañeros de reparto, entre quienes figura Colin Farrell, en un rol bastante seco y de registros similares a los que asume frecuentemente, si bien al final acaba dando un súbito bandazo difícil de creer. Por su parte, Carmen Ejogo queda en una posición secundaria, aunque necesaria para subrayar el mensaje del film, propósito que se consigue a medias.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | Cada Día

El original planteamiento de esta comedia romántica daba mucho más juego del que al final le saca el guion. Es una lástima que, aunque toda la historia pivota en torno a un elemento sorprendente y a priori, imprevisible, acabe desviándose hacia manidos tonos remilgados, e incluso pierda su capacidad para asombrarnos. No obstante, el resultado es, cuanto menos, una cinta entretenida y dirigida fundamentalmente al público adolescente, dejando en los adultos la sensación de haber desaprovechado una interesante premisa.

Rhiannon tiene en su novio del instituto la vía de escape a la crisis por la que atraviesan sus padres, pese a que no le presta la atención que le gustaría. Todo cambia el día en que lo encuentra muy diferente, mostrándose sumamente atento con ella. Poco después sabrá que fue poseído por una sensible alma errante, que cada 24 horas ocupa el cuerpo de una persona distinta; lo cual no impedirá que entre ambos comience a surgir una atracción irreprimible.

Además de lo apuntado, el mensaje inspirador del relato y de la novela en que se basa, obra de David Levithan, no acaba de aflorar con la emoción y significación que merece. Esa noble idea de poner en valor la belleza interior y no la física, se plasma de forma irregular, porque la protagonista siempre comparte los instantes de mayor intensidad emocional con chicos de buena apariencia.

Coartada por los parámetros clásicos y nada transgresores, a lo largo de la película apenas se atisba la complacencia con relaciones que se aparten de los modelos tradicionales. Ello también se aprecia en la resolución, a la que incorpora un ligero aire emotivo, para terminar optando por una fórmula políticamente correcta.

Angourie Rice (‘La seducción’) conduce el film con soltura y frescura en un rol de exigencia limitada, en el que encaja perfectamente. Del numeroso elenco de jóvenes actores que dan vida a los personajes en quienes recala el inquieto y enamoradizo espíritu, destacan Lucas Jude por su simpatía y vis cómica y el desenvuelto Owen Teague. Por otra parte, María Bello realiza pequeñas intervenciones y aporta lo justo.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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