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Crítica | Noche de Juegos

La sucesión de momentos absolutamente descacharrantes de esta comedia de enredo, sostenida por argumentos propios de un thriller convencional, hacen de ella un estreno muy recomendable que asegura el divertimento de principio a fin. La agilidad con que se desarrolla y el ingenioso sentido del humor que vuelca en cada gag invitan a disfrutarla entre sonrisas y carcajadas.

Funciona prácticamente como una película coral, siendo fundamental el trabajo realizado en la adecuada caracterización de los personajes, a quienes no se priva de ridiculizar, explotando hábilmente sus debilidades; de manera que todos realizan aportaciones destacadas cuando intervienen.

Nos presenta a varias parejas que habitualmente se reúnen para pasar la noche con algún juego de mesa. El hermano acomodado de uno de los participantes, después de estar varios años fuera, se une a tan lúdicas veladas y les propone una fórmula interactiva, donde la ficción y la realidad se confunden en un reto que consiste en resolver un supuesto secuestro.

El guion trufa el relato con inesperados acontecimientos que sorprenden tanto a los protagonistas como a los espectadores, que se convierten en concursantes a distancia. La trama va creciendo y concatenando situaciones cada vez más explosivas, pero siempre manteniendo la coherencia y sin abandonar el sarcasmo al sacar a luz los secretos, frustraciones y obsesiones de este grupo de amigos que transitan de la mentira a la verdad y viceversa; además introduce diversas referencias cinematográficas con chispeantes matices irónicos.

Rachel McAdams y Jason Bateman, dos habituales del género, se compenetran a la perfección y demuestran dominar sus respectivos papeles. Kyle Chandler (‘El lobo de Wall Street’) cambia de registro y está a la altura. Sin embargo, quien se lleva la palma es Jesse Plemons (‘Los archivos del Pentágono’) en un rol inicialmente secundario, el del policía seco que fue excluido de las animadas sesiones nocturnas por sus vecinos. Cuando aparece en escena, especialmente en los últimos compases, resulta completamente tronchante, efecto que logra por su desafiante presencia, lo que contrasta con las circunstancias en que se ve envuelto.

Para no perderse nada y poder reírse hasta el final, hay que esperar a que terminen los títulos de crédito y atender al chiste de cierre, merece la pena.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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