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Etiqueta: niños

Crítica | The Florida proyect

La original propuesta de esta producción de aires independientes tiene el don de atraer la atención con una historia fútil y ligera que solo alcanza a adquirir una entidad bien estructurada en su último tramo.

La cámara nos lleva, de la mano de las correrías de unos niños, al corazón de un edificio de apartamentos que parece estar en mitad de ninguna parte; un motel de Orlando cercano a Disney World en el que viven personas muy humildes. En ese marco se centra inicialmente en seguir a estos chicos, auténticos diablillos deslenguados, que alternan juegos con travesuras durante sus vacaciones estivales. No obstante, poco a poco va abriendo la perspectiva a la triste realidad que soportan sus mayores hasta resultar elocuentemente dramática.

La frescura que irradia la película llega por la desenvoltura de los pequeños, en quienes contrasta su precocidad, el inconsciente gamberrismo y la mala educación con detalles que en ocasiones les hacen ser graciosos y entrañables. Sin embargo, con loable habilidad, el relato va desviando la mirada, cada vez más, hacia los adultos y concretamente a las familias rotas, madres solteras y jóvenes, con pocos o nulos ingresos, que tratan de salir adelante cada día. Así, casi sin darnos cuenta, desemboca en situaciones desgarradoras, agrias y duras, para rematar de forma contundente, aunque matizando la secuencia de cierre para dejar sensaciones agridulces.

Entre todos se hace de valer la figura del conserje, otra de las genialidades del film, al que el guion deja sabiamente en un aparente rol secundario, a la vez que le imprime cierta sensación de omnipresencia. Este tipo con aires paternalistas, nunca reconocido por los huéspedes, antes al contrario, es como un guardián que vela por ellos; un rol extraordinariamente interpretado por Willem Dafoe, poco habitual en estos registros, que justifica sobradamente su nominación al Óscar.

El otro punto fuerte, sin duda, pasa por el desparpajo de Brooklyn Prince, a sus 7 años (alguno menos en el rodaje) se muestra desbordante y acumula ya varios galardones bien merecidos. Aquí hace dudar al espectador sobre si realmente está actuando o es ella misma. En cualquier caso, resulta imposible no quedarse boquiabierto y difícil reprimir las ganas de aplaudirle cuando acaba la proyección, aunque su personaje no sea precisamente un ejemplo. Finalmente, también es digna de mención la participación Bria Vinaite, la actriz de origen lituano debuta con honores en la gran pantalla bajo la dirección de Sean Barker.

Desde luego no estamos ante un estreno comercial recomendable abiertamente, pero cualquier aficionado al cine indie lo apreciará en su justa medida.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | Ganar al viento

Tan conmovedor como vitalista resulta ese documental, que igual toca la fibra sensible y pone un nudo en la garganta, que provoca la sonrisa del público ante la espontaneidad y franqueza de los pequeños en quienes centra su mirada.

Cinco niños, de entre seis y nueve años, son los protagonistas de esta emotiva producción. Cada uno de ellos padece una enfermedad de las llamadas raras, de difícil curación y que condena a los enfermos a un fatal desenlace antes o después. Con este triste presupuesto argumental, choca que el desparpajo y las distintas maneras de disfrutar de estos chicos, con las limitaciones propias de su estado de salud, logren transmitir sensaciones bien diferentes a las que cabría esperar.

Sus testimonios, sinceros, naturales y mucho más maduros de lo que corresponde a la edad que tienen, están tratados con delicadeza y hacen reflexionar sobre temas que nos alcanzan a todos: valorar los instantes de felicidad y el bienestar cotidiano, el amor de quienes nos rodean, relativizar los pesares y desterrar el miedo a la inevitable muerte, subrayando lo importante que es como se vive y no tanto cuanto se vive son mensajes muy presentes en el film.

No obstante, hay que reconocer que encontramos secuencias duras, ante las que es imposible no emocionarse a pesar de los matices de verdad y optimismo que surgen de forma imprevista; especialmente a medida que los vamos conociendo y encariñando con ellos desde la distancia.

A estos actores reales indudablemente las cámaras les quieren, porque son capaces de proyectar sus palabras con rotundidad, traspasando la pantalla con la fuerza y convicción que les gustaría tener a algunos profesionales.

La debutante directora, Anne-Dauphine Julliand, es también benevolente y acaba la película cuando procede, sin intentar llevar las cosas a terrenos intencionadamente lacrimógenos o excesivamente dramáticos. Ella misma conoce bien lo que nos está contando puesto que perdió a dos hijas que pasaron por este trance. Pese a ser su ópera prima, tras sus reconocimientos como periodista y escritora, demuestra un loable conocimiento del lenguaje cinematográfico que le hacen merecedora de los mayores elogios.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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