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Crítica | Invitación de Boda

El choque generacional y cultural se desarrollan de manera entrañable y amena en esta producción aparentemente localista, pero cuyos contenidos son fácilmente extrapolables a distintos ámbitos. El hecho de que se situé en Israel permite esbozar con mayor claridad las diferencias entre Oriente Medio y Occidente a través de un relato sereno y equilibrado en clave paternofilial, donde se contraponen dos caracteres reconocibles y amables, pese a sus pequeñas y continuas desavenencias.

El joven Shadi regresa a Nazaret con el fin de asistir a la boda de su hermana. Hace tiempo que se marchó a vivir a Italia para trabajar como arquitecto. Allí ha encontrado el amor y ha adquirido una mentalidad más abierta. Ahora, durante unos días, se dedicará a repartir las invitaciones de las nupcias a amigos y familiares acompañando a su padre, un venerable maestro que no ve con buenos ojos que se haya distanciado de los suyos y discrepa de sus novedosas ideas.

El film, con hechuras propias de una road movie urbana, comprime en una sola jornada la acción y aprovecha cada secuencia para escenificar conflictos de calado, pecando de ambicioso, pero siendo elocuente a la hora de argumentar posiciones de difícil conciliación: las tradiciones ancestrales tropiezan con los pensamientos modernos y liberales, que ven en ellas costumbres caducas; el sentimiento terruñero choca con el espíritu aventurero y mundano, y la idiosincrasia oriental con la occidental.

Con todo, todavía se atreve a extender sus intenciones a otros terrenos. Así el guion caracteriza perfectamente a los protagonistas y destapa sus íntimos secretos y las heridas compartidas, vinculadas a una esposa y madre que abandonó el hogar muchos años atrás. A ello suma la circunstancia de que son palestinos, por lo que deben sobrellevar la opresión del gobierno judío.

Sin un gran despliegue de medios, dibuja un panorama que no tiene desperdicio, transitando de cuestiones particulares a problemas generales. Esa es su mejor virtud y a la vez su propósito, porque la resolución carece del veredicto que dirima tan razonable confrontación y opta por el cierre justo y afable que merece la película; ya que aquí lo importante no es tanto el destino como el camino.

Resulta loable la desenvoltura que muestra el veterano Mohammad Bakri, imbuyendo de naturalidad al personaje que encarna, a quien le da réplica su hijo de verdad, el también actor Saleh Bakri. Ambos crean la química idónea para sostener la historia desde el principio hasta el final.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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