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Mes: noviembre 2017

Crítica: Asesinato en el Orient Express

Basta dar un vistazo rápido a su cartel para entender la razón por la que este es uno de los estrenos más esperados de las últimas semanas. Como sucedió en su día con la versión cinematográfica de 1974, dirigida por Sidney Lumet, la nueva adaptación de la popular novela de Agatha Christie ha contado con un elenco irresistible. El resultado no está a la altura de las mejores expectativas, pero en líneas generales mantiene bien la intriga y se vale de las posibilidades que ofrecen las actuales técnicas digitales, aplicándolas con eficaz diligencia para conseguir imágenes atractivas.

Incorpora, como novedad, una introducción que se sitúa en Jerusalén en 1934 (año de publicación del libro en que se basa). Básicamente se sirve de ese populoso escenario para presentar al sagaz Hercule Poirot de tal forma que es inevitable sentirse cautivado por sus dotes de deducción y por la afable y curiosa personalidad que muestra.

Son esos minutos iniciales los de mayor esplendor visual del largometraje, con un despliegue de recursos que tiene continuación en Estambul, desde donde parte el lujoso Orient Express con un variopinto grupo de pasajeros. Tras realizar el apresurado repaso por los personajes que participan en la intriga, pone su atención en el horrible crimen que acaba con uno de ellos. A partir de ahí se centra en las pesquisas del prestigioso detective belga, quien tendrá que poner a funcionar su talento para dar con el culpable.

Como la propia obra, la trama juega con presentar inicialmente el asesinato como un caso cuya resolución no se antoja demasiado difícil, partiendo de la aparente evidencia del móvil. Sin embargo, poco a poco se va complicando, haciendo ver que el asunto no esta tan claro, ganándose así la máxima atención del espectador, sobre todo si desconoce el texto de la autora británica.

No obstante, el vertiginoso y alegre ritmo de las primeras secuencias sufre algún receso coincidiendo con la inesperada parada que debe realizar el tren. Es a partir de ese momento cuando se permite algunas licencias que se alejan del tono clásico imperante en el resto, hasta llevarnos a un final apreciable por la lectura que deja y la manera en que afecta a los inquebrantables principios de su protagonista principal, y no por como se recrea tal desenlace, que peca de cierta precipitación.

Kenneth Branagh realiza un digno trabajo tanto delante de la cámara como en la dirección de esta película que tiene un reparto de lujo, del que merecen ser destacados, Johnny Depp, mostrando su rostro menos amable, Daisy Ridley (‘Star Wars’) y una glamurosa Michelle Pfeiffer, quien además interpreta la canción que acompaña a los créditos de cierre. Con mayor discreción pasan, entre otros, Judi Dench, Willem Dafoe y Penélope Cruz, también debido a que sus papeles tienen un menor recorrido.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica: El Autor

Manuel Martín Cuenca, director de ‘La flaqueza del bolchevique’ (2003) y ‘Caníbal’ (2013), nos ofrece ahora una película tan inteligente y original como fría en su conjunto, que funciona como un apreciable thriller pese a resentirse de ligeros altibajos.

Basada en la obra corta ‘El móvil’, escrita por Javier Cercas, tiene como protagonista a un empleado de notaría, con vocación de escritor, que sueña con tener el éxito editorial de su esposa. El divorcio supone un golpe y a la vez un revulsivo para intentar hacer realidad esa ilusión. Atendiendo a los consejos de un profesor, se dará cuenta que sus propios vecinos podrían ser los personajes de una novela.

Lo que comienza como un drama da paso a una intriga con mucha miga, que va ampliando sus horizontes, a la par que crece la incertidumbre sobre su resolución, realmente imprevisible. En su desarrollo se introducen contados pero agradecidos golpes de humor que le dan un poco de chispa a la trama, aunque en algunos momentos parece exagerar las situaciones, rozando lo grotesco.

Aun así y pese a que este tipo, aparentemente tan peculiar, nunca proyecte hacia el público la empatía cautivadora con la que se le caracteriza, generando un cierto distanciamiento, el guion consigue hacernos ver como se puede manipular a los demás valiéndose de la seducción, a partir de unas habilidades maquiavélicas nada extraordinarias. De esta manera, durante el visionado, invita al espectador a que reflexione sobre si está más cerca de este perfil tan retorcido o del de sus víctimas.

El relato también aborda temas que deben contarse en el haber de esta propuesta, como la ventaja que da, a quienes tenemos cerca, el conocimiento de nuestras debilidades y la fuerza que insufla un elevado concepto del amor propio, además de cuestionar los límites éticos de la frase hecha “el fin justifica los medios”.

El punto más fuerte del film pasa, sin duda, por sus magníficos intérpretes. A la cabeza encontramos a Javier Gutiérrez, enorme llevando todo el peso de la historia. Al actor asturiano le secunda un plantel que también raya a gran altura y que depara magníficas intervenciones a cargo de, entre otros, Antonio de la Torre, Adelfa Calvo, la mexicana Adriana Paz y María León.

Podría haber llegado aún más lejos, pero tiene aspectos verdaderamente estimables.

Ficha técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica: Una Razón para Vivir

El biopic de Robin Cavendish se recrea en la gran pantalla como una historia dramática y de autosuperación, atemperada por momentos hermosos y románticos, a la que no obstante le faltan alicientes. Aun así se ha de convenir que consigue un resultado digno gracias a la factura técnica, sobresaliente en los diferentes apartados y a unas interpretaciones comprometidas del elenco al completo.

Los preámbulos, que se remontan a finales de los años 50, están imbuidos de belleza y sensibilidad, al presentar al protagonista como un joven emprendedor y aventurero con negocios en África, a la par que de forma muy ágil comprime con elocuencia el intenso romance con quien se convertirá en su esposa. Este tono tan idílico y cautivador se rompe cuando le diagnostican poliomielitis y queda postrado en una cama, conectado a un respirador y sin posibilidad de mover más que los músculos faciales.

A partir de ahí la narración va concatenando situaciones duras y emotivas con otras que abren la puerta a la esperanza de mejorar su calidad de vida, aligerando la tensión al dar paso al ingenioso mecanismo móvil que le hizo llevadero el día a día, absolutamente novedoso en aquellos tiempos. Se transforma, pues, en un relato de lucha y determinación y de amor verdadero, el de su mujer. Ello no es óbice para adornarse puntualmente con agradecidos toques de humor, además de aportar detalles históricos de interés que marcaron una evolución en el tratamiento de este tipo de pacientes.

A pesar de contar con esos elementos en su favor, también procede señalar que se percibe una intención abierta de provocar las lágrimas del público enfatizando y alargando las escenas familiares especialmente delicadas, lo que se hace bien perceptible en el último tramo de metraje.

Por otra parte, se ha de reconocer el excelente diseño de producción, patente en las localizaciones y en la fotografía que las capta en todo su esplendor, consiguiendo unas atrayentes imágenes a las que acompaña el lirismo que domina la banda sonora.

Andrew Garfield, tras ‘Hasta el último hombre’, se postula como un valor seguro con una actuación notabilísima. No le pierde la cara la actriz británica Claire Foy, que constituye un grato descubrimiento, mientra que Tom Hollander se multiplica por dos en un papel ligero que se presta a la comicidad.

Ficha técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica: Musa

Jaume Balagueró, todo un especialista en el cine de terror (‘Los sin nombre’, ‘Darkness’, ‘Frágiles’, ‘[•REC]’), nos trae esta original y correcta película de género que nunca pierde interés. Sin grandes pretensiones, logra lo que se propone, aunque en su contra pesa una cierta precipitación en determinados pasajes que enmarañan la trama.

Basada en la novela ‘La dama número trece’ (2003), obra de José Carlos Somoza, la acción se sitúa en Irlanda, donde un profesor de literatura intenta superar la inesperada tragedia que le hundió en la tristeza. Su vida dará un vuelco cuando los noticiarios televisivos se hacen eco de un macabro asesinato que él había soñado días antes. Tras visitar el lugar del crimen se percatará de los amenazantes elementos sobrenaturales que lo rodean.

La puesta en escena consigue, desde el principio, recrear los ambientes que requiere el desarrollo de la intriga. Las localizaciones interiores y la fotografía devienen en cómplices determinantes a la hora de crear la atmósfera tenebrosa precisa para mantener el suspense en cotas elevadas.

Es en esa línea, la de sostener la máxima tensión sin desparramarse, va alimentando el relato con giros, acontecimientos y personajes misteriosos que dan un vuelco a la idea que se tiene de las musas inspiradoras de los grandes poetas. No obstante, las pesquisas del protagonista, a las que se suma una mujer con percepciones similares, se resienten de algunas idas y venidas aturrulladas y de interrogantes sobre detalles secundarios que quedan en el aire.

Su desenlace se antoja justo y se agradece que mantenga el tono mesurado de cuanto le precede, de manera que nos deja la sensación de haber visto un film digno.

El británico Ellilot Cowan, sin ser un actor carismático, cumple con el papel, lo mismo que el resto del reparto, donde figuran la rumana Ana Ularu, Franka Potente y también las españolas Leonor Watling y Manuela Vellés con pequeñas pero determinantes intervenciones; además del veterano Christopher Lloyd (‘Regreso al futuro’), quien asume un rol de recorrido limitado.

Ficha técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica: La Liga de la Justicia

Tras la farragosa y dispersa ‘Batman v Superman: El amanecer de la justicia’ (2016) que dirigió Zack Snyder, DC volvió a confiar en el mismo realizador para esta producción todavía más ambiciosa, aunque razones personales obligaron a sustituirlo, superada la mitad del rodaje, por Josh Whedon (director de ‘Los Vengadores’). En cualquier caso, el resultado, sin ser tan mediocre como su predecesora, deja la sensación de haber desaprovechado buena parte del potencial de este proyecto. Después de que, recientemente, Patty Jenkins realizará un notable trabajo con ‘Wonder Woman’, cabe preguntarse cómo es posible desperdiciar la oportunidad que brindaba ‘Liga de la Justicia’. Seguro que los aficionados terminarán añorando la mano maestra que demostró en estos terrenos Christopher Nolan, todo un lujo que se antoja irrepetible.

Al morir Superman los habitantes de la Tierra se sienten desprotegidos frente al mal. Ese contexto es propicio para atraer a un demoledor ser conocido como ‘Steppenwolf’ y a sus huestes letales. Ante esta terrible amenaza, Bruce Wayne (Batman) formará un equipo de superhéroes para enfrentarse a tan poderoso y despiadado enemigo.

La película aguanta bien los primeros minutos, cuando se dedica a presentar a los distintos protagonistas, con el aliciente añadido de ir incorporando nuevos personajes a este grupo e ilustrarnos sobres sus orígenes, además de aportar varios detalles que enlazan con los films anteriores. Ahora bien, concluida la introducción, que incluye la espectacular entrada en acción del asolador villano de turno, la historia se ralentiza hasta llegar al clímax final, con secuencias y diálogos insulsos, hasta quedarse muy justa de alicientes. La, supuestamente, mejor baza de esta aventura se ve venir casi desde el principio.

En los apartados técnicos poco sorprende su puesta en escena y si algo llama la atención es una impronta recargada de un excesivo colorido en los momentos espectaculares, además de aplicar recursos visuales que confieren a las imágenes un tono poco o nada atractivo. Se salva la banda sonora de Danny Elfman que, sin aportar un motivo central retentivo, tiene el acierto de recuperar leitmotivs fácilmente reconocibles.

Uno de los aspectos que funciona intermitentemente es el que corresponde al sentido del humor, pese a que esté centralizado en la figura del joven Flash, encarnado por Erza Miller, siendo de lo mejor del reparto; lo que tiene mayor mérito dado que es uno de los últimos fichajes de la franquicia, junto a Jason Momoa y Ray Fisher, a quienes supera con creces. Del resto, Gal Gadot vuelve a dejar claro que el papel de aguerrida heroína le va como anillo al dedo, justo lo contrario que le sucede a Ben Affleck en estas lides. Otros, como Jeremy Irons, Amy Adams, Diane Lane, Connie Nielsen o J.K. Simmons, cumplen en sus pequeñas participaciones.

Se debe advertir, a quienes tengan previsto ir a verla que cuando acaban los créditos encontrarán un anticipo de la siguiente entrega.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica: La Librería

De la mano de Isabel Coixet llega a la cartelera la adaptación de la novela homónima de Penélope Fitzgerald. El resultado es una película delicada y hermosa; un relato de emociones contenidas y a la vez, un retrato inteligente y mordaz de la hipocresía social en una pequeña comunidad de los años 50, que sigue siendo de plena actualidad.

Florence Green es una mujer resuelta y de buen corazón que no puede olvidar a su marido, fallecido en la guerra, con quien compartía la pasión por la lectura. Para recuperar las ilusiones perdidas proyecta abrir una librería en el pequeño pueblo en el que vive, pero su sueño chocará con los caprichosos intereses de la mujer más rica de la zona.

La historia transcurre de forma lineal pero sin atascarse en ningún momento. La presentación de los diferentes personajes que intervienen en la trama se realiza a fuego lento, con sutileza y acompañada de los detalles que les confieren la rotunda personalidad que esconden bajo su fachada. En ese microuniverso encontramos seres afables y bondadosos, como la protagonista; otros rudos y simples; los hay, por supuesto, prepotentes y manipuladores y hasta algún tipo inteligente que ha decidido vivir lejos del mundanal ruido. Así, logra dibujar un cuadro bien reconocible a poco que se mire alrededor, donde el guion consigue asignar a cada participante un papel esencial.

Tras completar esta fase, centra adecuadamente su argumento: el choque entre, por un lado, el pensamiento idealista y bienintencionado, en este caso en pro de la cultura, y los propósitos arbitrarios y tiránicos, por otro. Tal confrontación, además de mostrarse sin estridencias destacables, se acompaña del esbozo de un romance imposible, escenificado con detalles de indudable calado emotivo vinculados a las afinidades afectivas y a la melancolía de la soledad.

La producción también se beneficia de las excelencias técnicas que evidencian las imágenes: desde la atrayente selección de escenarios a la fotografía que los lleva a la pantalla, pasando por el vestuario y la notable ambientación que se aprecia en cada secuencia.

Emily Mortimer le pone encanto y dulzura a su papel y acaba por ablandar y seducir al espectador casi sin quererlo. Patricia Clarkson tira de experiencia para componer un carácter repulsivo, mientras que Bill Nighy está extraordinario en su rol de misántropo a la fuerza; sin olvidar el desparpajo de la jovencísima Honor Kneafseay.

Sería mucho decir que es lo mejor de la directora si atendemos a su extensa y granada filmografía, pero si lo circunscribimos a los últimos trabajos, desde luego que sí.

Ficha técnica IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanov

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