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Crítica: Asesinato en el Orient Express

Basta dar un vistazo rápido a su cartel para entender la razón por la que este es uno de los estrenos más esperados de las últimas semanas. Como sucedió en su día con la versión cinematográfica de 1974, dirigida por Sidney Lumet, la nueva adaptación de la popular novela de Agatha Christie ha contado con un elenco irresistible. El resultado no está a la altura de las mejores expectativas, pero en líneas generales mantiene bien la intriga y se vale de las posibilidades que ofrecen las actuales técnicas digitales, aplicándolas con eficaz diligencia para conseguir imágenes atractivas.

Incorpora, como novedad, una introducción que se sitúa en Jerusalén en 1934 (año de publicación del libro en que se basa). Básicamente se sirve de ese populoso escenario para presentar al sagaz Hercule Poirot de tal forma que es inevitable sentirse cautivado por sus dotes de deducción y por la afable y curiosa personalidad que muestra.

Son esos minutos iniciales los de mayor esplendor visual del largometraje, con un despliegue de recursos que tiene continuación en Estambul, desde donde parte el lujoso Orient Express con un variopinto grupo de pasajeros. Tras realizar el apresurado repaso por los personajes que participan en la intriga, pone su atención en el horrible crimen que acaba con uno de ellos. A partir de ahí se centra en las pesquisas del prestigioso detective belga, quien tendrá que poner a funcionar su talento para dar con el culpable.

Como la propia obra, la trama juega con presentar inicialmente el asesinato como un caso cuya resolución no se antoja demasiado difícil, partiendo de la aparente evidencia del móvil. Sin embargo, poco a poco se va complicando, haciendo ver que el asunto no esta tan claro, ganándose así la máxima atención del espectador, sobre todo si desconoce el texto de la autora británica.

No obstante, el vertiginoso y alegre ritmo de las primeras secuencias sufre algún receso coincidiendo con la inesperada parada que debe realizar el tren. Es a partir de ese momento cuando se permite algunas licencias que se alejan del tono clásico imperante en el resto, hasta llevarnos a un final apreciable por la lectura que deja y la manera en que afecta a los inquebrantables principios de su protagonista principal, y no por como se recrea tal desenlace, que peca de cierta precipitación.

Kenneth Branagh realiza un digno trabajo tanto delante de la cámara como en la dirección de esta película que tiene un reparto de lujo, del que merecen ser destacados, Johnny Depp, mostrando su rostro menos amable, Daisy Ridley (‘Star Wars’) y una glamurosa Michelle Pfeiffer, quien además interpreta la canción que acompaña a los créditos de cierre. Con mayor discreción pasan, entre otros, Judi Dench, Willem Dafoe y Penélope Cruz, también debido a que sus papeles tienen un menor recorrido.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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