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Crítica: Nuestra Vida en la Borgoña

Desde Francia llega esta entrañable película con aroma a vino, que se mueve con ligereza entre el drama y la comedia. Sin contar una gran historia, su visionado resulta agradable, a lo que contribuyen decisivamente los bellos paisajes en los que transcurre y la bondadosa y tierna caracterización de los personajes.

Cédric KlapischJean dejó la mansión familiar hace diez años para dar la vuelta al mundo. Asentado finalmente en Australia, decide regresar cuando su padre, un reputado viticultor con quien no se ha llevado bien, está a punto de morir. Tras el deceso del patriarca tendrá que acordar con sus hermanos el reparto de la herencia, que incluye varias hectáreas de viñedos; una cuestión difícil de resolver.

El relato evita ahondar en el conflicto de la partición, que surge puntualmente y siempre tamizado por los fuertes vínculos fraternales de los tres protagonistas. Prefiere, por el contrario, poner el acento en los recuerdos de la infancia, los problemas personales que cada uno de ellos tiene pendientes de resolver y en la manera en que se apoyan mutuamente, madurando al ritmo que pasan las estaciones y han de tomar decisiones trascendentales.

De esta forma, además de apostar continuamente por los sentimientos más auténticos y sinceros, va construyendo un homenaje a las raíces y al amor paternofilial, colocando en el centro a estos jóvenes y proyectándolo tanto a sus progenitores, a través de emotivos flashbacks, como a sus propios hijos. Consigue así componer una propuesta con la que es fácil empatizar, ya que cualquiera se puede sentir próximo a sus inquietudes. No obstante, el desenlace deja algunos cabos sueltos, causando la impresión que el argumento central en el que se apoya ese largo reencuentro era un mero pretexto para hablarnos de cosas más profundas.

Por otra parte, la realización rentabiliza perfectamente el entorno embriagador en que sitúa la acción; incorporando un canto a la cultura vinícola, centrada en la Borgoña pero extrapolable a otras regiones de países mediterráneos, aprovechando además este apartado, tanto para ofrecernos una fotografía deslumbrante como para introducir guiños irónicos sobre costumbres y principios asentados por la enología.

Pio Marmaï, Ana Girardot y François Civil consiguen hacer real la fuerza de los lazos que les unen, a quienes se suma, muy convincente, María Valverde.

Estamos ante un recomendable estreno que pasa por ser el trabajo más sobresaliente del director Cédric Klapisch (‘Una casa de locos’, ‘Las muñecas rusas’).

Ficha técnica en IMDB

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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