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Crítica: The Square

Desde Suecia llega la película ganadora de último Festival de Cannes; una propuesta original y demasiado ambiciosa, cuya intención de hacer un retrato de la hipocresía social, que va de lo particular a lo general, se pierde muchas veces en un metraje innecesariamente alargado hasta dos horas y veintidós minutos. Su buena factura técnica, un protagonista con gancho y la incertidumbre sobre los acontecimientos que pone en escena permiten mantener cierto interés por su resolución, pero tras la espera, el desenlace es insustancial y frío, debiendo entender que los contenidos con los que quiere espolear la atención al espectador se han escenificado anteriormente.

La acción nos lleva hasta Estocolmo, donde el director creativo de un museo prepara la siguiente exposición, cuya obra central será un pequeño espacio en el suelo en el que simbólicamente todos tendrán los mismos derechos y obligaciones, invitando al altruismo de los visitantes. Tan bienintencionada metáfora artística, contrasta con las reacciones de este personaje después de que le roben el móvil y la cartera a plena luz del día.

El film es una sucesión, en ocasiones dispersa, de situaciones con las que se pretende hacer un retrato mordaz de las sociedades modernas y de como se manipulan sus valores más preciados. Pero en ese marco también incorpora una visión irónica sobre las tendencias vanguardistas en el terreno de las artes plásticas e ironiza con los peligros de las redes sociales. Sin embargo, la manera de representar tales ideas transita desde lo convencional a lo experimental y surrealista, con detalles que descolocan.

Afortunadamente, siempre están presentes unas notas de humor, adecuadamente amalgamadas con las diferentes peripecias que afectan al atribulado ejecutivo y que llegan a extenderse a ámbitos muy personales para enfatizar su cinismo.

Técnicamente no merece reparos y la realización se adorna frívolamente en ocasiones con música minimalista o con recursos visuales singulares, pero sin abusar de ellos.

Por otra parte, un actor nórdico poco conocido, el danés Claes Bang, conduce la historia con una soltura apreciable, confiriendo al papel que asume el punto de carisma exacto para darle una prestancia decisiva en el resultado que vemos en pantalla. Entre quienes le acompañan, destacan las intervenciones de Elisabeth Moss y de Christopher Læssø; mientras que la participación de Dominic West es prácticamente testimonial.

Ruben Östlund, director de la también premiada ‘Fuerza mayor’ (2014), arriesga ahora con este título tan especial, imposible de recomendar abiertamente.

Ficha técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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