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Crítica: El Sentido de un Final

La adaptación del libro homónimo de Julian Barnes nos deja un correcto drama intimista, recorrido por la nostalgia hacia los sentimientos y traumas que dejan huella para siempre. Se echa en falta, sin embargo, que ese tono contenido impida una eclosión más rotunda de los argumentos que maneja, bien trenzados pero todavía más aprovechables en la gran pantalla. Ritesh Batra, realizador de la premiada y notabilísima ‘The Lunchbox’ (2013), ha optado por mantener una línea narrativa similar, aunque en aquella funcionaba sensiblemente mejor.

Nos presenta a un hombre solitario, divorciado y a punto de ser abuelo, dedicado a sus quehaceres rutinarios. Un día recibe la noticia de que la madre de quien fue su primer amor, le ha dejado en herencia el diario de un compañero de estudios universitarios que se quedó con su novia. La posibilidad de que pueda esconder la clave de los sucesos que le marcaron entonces, le llevará a revivir y a enfrentarse a las decisiones que tomó 40 años atrás.

La película navega bien entre las indagaciones del protagonista, en búsqueda de una ansiada expiación y los recuerdos de su juventud; estos últimos salpicados de acontecimientos que van elevando el interés por el devenir de la trama y por saber lo que se esconde detrás de ciertos hechos de tintes trágicos. Por otra parte, para dotar de alicientes su situación actual, dibuja convenientemente el entorno de este personaje, introduciendo la relación con su exmujer, a quien le confiesa secretos que nunca le había contado y con su hija embarazada, dando entidad a estos secundarios y dejando para la parte final un esperado reencuentro.

Es en el último tramo del film donde a medida que vamos conociendo más detalles de ese pasado, nunca enterrado y de como reaparece para converger con el presente, cuando, por fin, se perciben las emociones con el alcance debido para cerrar un círculo y poner el broche satisfactorio a que se refiere el título.

Aunque técnicamente no aprovecha los escenarios londinenses ni su mirada retrospectiva hacia los 60 para lucirse visualmente, compensa estos apartados con el equipo artístico, destacando los tres nombres que encabezan el reparto: un magnífico Jim Broadent, espléndido a la hora de dar profundidad a los maduros perfiles que asume; Charlotte Rampling, dominadora absoluta de los papeles melodramáticos, como vuelve a demostrar aquí, y la también veterana Harriet Walter. A ellos se suman las pequeñas intervenciones de unos muy correctos Emily Mortimer y Matthew Goode. Menos convincentes resultan los jóvenes Billy Howle y Freya Mayor a quienes les gana la partida el prometedor Joe Alwyn (‘Billy Lynn’), pese a que su participación sea más limitada.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova.

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