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Crítica: Ferninand

El cuento de Munro Leaf, que ya inspiró un cortometraje de Walt Disney en 1938, sirve de base a esta digna película de animación, con mensaje, humor y momentos brillantes; pese a que su factura técnica no sea especialmente deslumbrante. Al margen de ello, son muchos quienes han querido ver en esta producción básicamente una denuncia antitaurina. Sin embargo, quedarse con eso, supone obviar el valioso contenido que subyace en esta bienintencionada historia, pensada para el público infantil, destinatario principal de este estreno y de la obra que adapta.

Ferdinand es un becerro al que no le gusta embestir, prefiere contemplar las flores aunque le tilden de cobarde. Cuando consigue escapar de la finca donde está recluido es acogido por un granjero y su hija. En su nuevo hábitat podrá disfrutar de una vida apacible; pero la felicidad le durará poco y deberá enfrentarse al destino que le marca su naturaleza.

Sobre estos argumentos construye un relato que va de menos a más, introduciendo secuencias vibrantes y otras gratamente sorprendentes, como el duelo de bailes entre tres caballos de doma y el variopinto grupo de bóvidos entre los que se encuentra el protagonista. Sin decaer en ningún instante alcanza el movido tramo final que transcurre en Madrid. En el camino quedan aprovechables lecturas sobre aspectos como la amistad, el respeto por los seres que son diferentes a los demás y el rechazo a la violencia.

Por otra parte, suma alicientes con un elenco de secundarios, caracterizados en su mayoría para reforzar la comicidad de la cinta, con papel destacado para tres intrépidas comadrejas, a quienes se suman los equinos y los singulares astados, ilusionados con acabar enfrentándose en la arena a un ilustre torero.

La recreación de los lugares en los que la acción se desarrolla evidencia un conocimiento detallado de los escenarios reales. Así, inicialmente, resulta fácil identificar el puente de Ronda con la población al fondo y posteriormente, cuando se traslada a la capital de España, pasa por la Puerta de Alcalá, la estación de Atocha y la plaza de Las Ventas, además de incorporar detalles propios de la ciudad.

No obstante, también es innegable que, a pesar de la documentación que demuestra sobre el mundo de los toros, altera a voluntad algunas referencias clásicas para que encajen adecuadamente con el sentido que quiere darle a la narración.

Carlos Saldanha, codirector de ‘Ice Age: La edad de hielo’ (2009) y ‘Robots’ (2005) y responsable de ‘Rio’ (2011), vuelve a cumplir con las expectativas aun sin llegar al mismo grado de lucimiento y si bien, en conjunto, no supera la propuesta de Disney (‘Coco’), constituye una apreciable alternativa.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova.

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