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Crítica: SAW VIII

A estas alturas, una nueva entrega de tan longeva saga de terror poco puede sorprender al público para bien o para mal. Cuando han pasado ya trece años desde que se estrenara ‘Saw’, lo mejor que se puede decir de ella es que, reincidiendo en los argumentos habituales, salva dignamente un proyecto que no defraudará a sus incondicionales. Precisamente para esos aficionados está fundamentalmente concebido este film que contiene guiños a algunos de los títulos anteriores.

La mano de Jigsaw parece estar en el juego letal que tiene como víctimas a cinco desconocidos encerrados en las instalaciones de una granja, aunque, supuestamente, el maquiavélico asesino lleva tiempo enterrado. Todos esconden terribles delitos que deben reconocer si quieren seguir con vida. Mientras, un detective trata de obtener pistas partiendo de los datos que proporcionan las autopsias de los cadáveres que van apareciendo.

El guion opta acertadamente por diversificar los puntos de atención; de manera que el asfixiante escenario donde se suceden las sádicas pruebas a que son sometidos los prisioneros del psicópata, alterna el interés y la atención con la investigación policíaca. Con esto consigue matizar la parte ineludiblemente previsible de la película si atendemos a sus antecesoras y al mismo tiempo introduce pequeños giros e inquietantes detalles que confieren más acicates a esta otra vertiente de la historia, próxima a una típica intriga de cine negro.

En cualquier caso, lo digerible del resultado es meritorio si se toma en consideración que estamos ante una producción de serie B, sin un gran presupuesto y con un plantel de actores de segunda fila sin tirón en la cartelera. Esta limitación en los recursos se suple con el ingenio volcado en maximizar su rendimiento ante la cámara, lo que incluso le permite no desparramarse demasiado en los terrenos del gore.

A lo anterior se suma un gran golpe final, tan inesperado como maestro, que a muchos, y es admisible, les puede parecer una tomadura de pelo, pero seguro que no deja a nadie indiferente. La perspectiva cambia si se piensa que desde el principio la trama lanza un reto al espectador, invitándole a que participe y encuentre la respuesta correcta al enigma que plantea antes de que se llegue a su resolución.

El elenco rinde a la altura que requiere este relato coral, sin que pueda destacarse a ninguno de los intérpretes por encima del resto. Tampoco es que sus papeles sean especialmente exigentes y a varios de ellos seguro que este trabajo les da la visibilidad que no tenían hasta ahora.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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