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Crítica: Wonder

Con haber leído la sinopsis se puede tener ya una idea suficientemente aproximada de lo que depara este estreno. Estamos ante la típica película emotiva, en clave de autosuperación personal, que, sin embargo, consigue mantenerse alejada de la sensiblería artificiosa hasta prácticamente los últimos compases, excesivamente alargados.

Partiendo de la exitosa novela ‘La lección de August’, publicada en 2012 y obra de la escritora Raquel Palacio, nos lleva hasta el seno de la familia Pullman, en la que el pequeño Auggie, de 10 años, tiene que afrontar la difícil tesitura de ir por primera vez al colegio. Hasta ese momento su madre se ha encargado de educarle y él es reacio a ir a la escuela porque padece una deformación facial que lo hace diferente a primera vista.

Atendiendo a esos presupuestos argumentales, logra construir una historia agridulce que evita casi siempre caer en terrenos empalagosos, abriéndose a otros temas propios de la infancia, como la amistad, el rechazo, la popularidad y la crueldad inconsciente. Al mismo tiempo, va reivindicando al protagonista por sus acciones y forma de ser, desdramatizando las situaciones con sutiles y acertadas notas de humor.

De manera paralela, incrementa los puntos de interés al poner la mirada en los padres y arropar el argumento central con la atención que dedica a la hermana de este chico, quien se siente algo arrinconada en casa. Además, el hecho de que vaya alternando a los narradores del relato, trasladándonos la experiencia y perspectiva de cada uno de ellos, lejos de resultar repetitivo, confiere al film un gran dinamismo.

Conforme se desarrolla sus mensajes se van haciendo visibles, sacando a relucir el lado más humano de estos personajes y contraponiéndolos a quienes se mueven por prejuicios o por soberbia, como sucede con un matrimonio capaz de defender los actos reprobables de su hijo. Con todo, se regodea en la resolución y ahí sí cae en la tentación de aplicar manidos recursos lacrimógenos, unos terrenos que conoce bien Steve Conrad, encargado de la adaptación del libro y que firmó el guion de ‘En busca de la felicidad’ (2006).

Owen Wilson y Julia Roberts, sin destilar una química magnífica, logran hacer que sus roles de esposos positivos y felices funcionen discretamente; pero quien se luce con soltura es el pequeño Jacob Tremblay, que ya nos maravilló con su papel en ‘La habitación’ (2015).

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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