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Star Wars: Los Últimos Jedi

Podría pensarse que si ‘Star Wars: El despertar de la Fuerza’ (2015) era un trasunto remozado del film de 1977, este episodio seguiría la senda apuntada y depararía una reinterpretación de ‘El imperio contraataca’ (1980). Sin embargo, constituye una grata sorpresa apreciar que no es exactamente así, aunque son numerosos los guiños hacia el que está considerado el mejor título de la saga.

Más allá de ello, logra componer impecablemente la transición entre el universo de referencia creado por sus tres predecesores, cerrándolo prácticamente con los honores que merece, y unos dignos sucesores, avanzando en los argumentos cuya resolución deberá completarse en 2019, en lo que, visto lo visto, supone un reto de altura.

La historia se retoma justo en el punto en que terminaba la anterior y desde el inicio va simultaneando el seguimiento de los diferentes protagonistas. Por un lado, explota en profundidad la relación entre el veterano maestro Jedi y su discípula, imbuida de una palpable tensión dramática, e incorpora un recurso narrativo sorprendente que abre incógnitas y eleva la atención por el devenir de la joven Rey.

Por otra parte, cuando pone la mirada en sus amigos y en los últimos guardianes de la Resistencia, la película entronca con sus orígenes y se explaya en secuencias de acción vibrante, llevando a estos héroes a situaciones extremadamente delicadas. Tal vez, en esta parcela, se podría haber recortado algo de metraje para evitar sus 150 minutos de duración, dos horas y media matizadas, no obstante, por una parte final absolutamente cautivadora.

Entre las novedades destacadas, junto a giros en la intriga de todo punto inesperados y las continuas pinceladas cómicas, hay que señalar la subtrama que nos transporta a una especie de Las Vegas galactica. Pese a que su introducción en el relato se antoja cogida por los pelos, el resultado que depara en la pantalla lo compensa sobradamente, además de servir para incorporar a un personaje que da mucho juego.

El tercio final es sin duda arrebatador, fusionando viejas referencias y escenarios conocidos con momentos trepidantes, sin descuidar el fondo que sustenta al conjunto, que incluso entre tanta agitación sale plenamente reforzado.

La música de John Williams actúa como otro apreciable elemento vertebrador en ese relevo generacional definitivo, recuperando leitmotivs clásicos, con diferentes variaciones, cuya audición por sí sola es suficientemente ilustrativa, y deleitándonos, a la vez, con otros motivos de nuevo cuño, algunos no tan retentivos pero eficaces en su cometido.

A los actores principales se les ve asentados completamente en sus respectivos papeles, dando una prestancia, si cabe, superior a la primera vez que los asumieron y haciendo valer las razones de sus ascendentes carreras: Daisy Ridley (‘Asesinato en el Orient Express’), Oscar Isaac (‘La promesa’, ‘Suburbicon’), John Boyega (‘Detroit’) y Adam Driver (‘Paterson’, ‘El secreto de los Logan’), conforman ya un reparto de plenas garantías.

Les arropan veteranos como un notable Mark Hamill, que invita a preguntarnos por qué su carrera no ha sido más fructífera y la desaparecida Carrie Fisher, justamente homenajeada antes de los créditos; ambos consiguen tocar la fibra sensible de los nostálgicos. De entre las incorporaciones al elenco, se hace valer el camaleónico Benicio del Toro, un acierto del casting, a quien se suma una correcta Laura Dern, en un rol de perfil bajo.

El cambio de director, de J.J. Abrams a Rian Johnson, si se nota en algo es para bien porque ha logrado cumplir con las elevadas expectativas de los incondicionales de ‘La guerra de las galaxias’.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova.

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