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Crítica | Call me by your name

Cuatro nominaciones a los premios Óscar, entre ellas la de mejor película, avalan este largometraje que podría considerarse como un drama romántico, aunque ello queda muy matizado por los escenarios y la ligereza, al principio casi frívola, con que plantea la relación entre los protagonistas. A priori la producción tenía mimbres suficientes para haber deparado un resultado aún mejor, pero no acaba de ser redonda porque su director, Luca Guadagdigno (‘Cegados por el sol’), peca de gustarse y se recrea hasta la saciedad en distintas secuencias, transformando un relato sencillo en un film denso, alargándose sin motivos suficientes a 130 minutos.

La acción se sitúa en 1983 y nos lleva a una mansión en el corazón de Lombardía rodeada de bucólicos paisajes. Allí veranea con su familia Elio, un adolescente ocioso, amante de la música clásica. Su padre es profesor de Historia Antigua y como cada año ha invitado a pasar varias semanas con ellos a un estudiante aventajado; en esta ocasión el afortunado es el apuesto Oliver, que ha viajado desde Estados Unidos para ampliar sus conocimientos sobre el terreno. Entre los dos surgirá una fuerte amistad que desembocara en irreprimible atracción.

Con tal argumento se podría pensar que estamos ante una cinta próxima a ‘Brokeback Mountain’ (2005); sin embargo no es exactamente así. La narración se imbuye del entorno paradisíaco y de las licencias y futilidad a que parece abrirse la época estival. Estos elementos generan tanto atractivo como lo que está contando, que no deja de ser un romance aparejado al descubrimiento y a las dudas sobre las inclinaciones que pueden surgir en esa delicada edad, condicionado, además, por los prejuicios inherentes a la homosexualidad, en mayor medida en aquellos años. No obstante, el guion no hace sangre de estos aspectos y procura ser sutil en los apasionados encuentros entre ambos personajes, pese a que no siempre lo consiga. Por otra parte, se debe señalar superficialidad, sin salirse de los arquetipos, con la que perfila a estos jóvenes, especialmente al americano.

La fotografía saca partido de las localizaciones y a ello se suma la banda sonora, destacando las canciones que se escuchan de fondo por encima de la propia música incidental, que llega a ser machacona en ciertos momentos.

Luces y sombras se perciben en un estreno donde hay que aplaudir el trabajo de Timothée Chalamet, revelándose como un prometedor intérprete que ensombrece incluso al experimentado Armie Hammer. Solo Michael Stuhlbarg le aguanta el tipo y le gana la partida actoral pese a ocupar un rol secundario.

Tras su visionado, cabe convenir que los reconocimientos acumulados están ligeramente por encima de lo que ofrece.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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