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Crítica | Thi Mai, Rumbo a Vietnam

Con discreción, contadas chispas de humor y algún momento emotivo se salda esta comedia con fondo dramático centrada en la peculiar odisea de tres españolas en Hanói; un relato bienintencionado pero fallido al caer continuamente en lo grotesco.

Nos presenta a una mujer que queda destrozada tras la inesperada muerte de su hija. Poco después descubre que estaba a punto de adoptar una niña vietnamita llamada Thi Mai. Por esa razón, decide viajar hasta aquel lejano país para traerse a la pequeña. En esta aventura le acompañaran sus dos mejores amigas.

La historia, tal como se ha plasmado, se aleja de cualquier apariencia de verosimilitud y trata de explotar el choque de culturas a toda costa, llegando a resultar bochornosa en determinadas secuencias. Además, a las protagonistas se une un compatriota, aspirante a actor, que intenta salir adelante después de que su pareja le haya dado calabazas. Este personaje, que se revela finalmente necesario para la trama, chirría bastante y el guion le da demasiado recorrido, sin que llegue a funcionar el supuesto gracejo que quiere imprimirle.

De hecho, aunque da la sensación de querer que el humor se imponga en el conjunto de la cinta, los altibajos pronunciados en este apartado llevan a concluir que es mucho más eficaz al transitar por los tonos sensibleros. Es en ese tipo de escenas cuando, apartándose de lo exagerado y de las ridiculeces, logra ser parcialmente asumible.

No obstante, en su favor, cabe apuntar la agilidad narrativa con que transcurre desde el principio, lo que permite que la sucesión de instantes agridulces sea soportable, aun a costa de diluir ciertos temas de peso que subyacen en sus argumentos como la caricatura del machismo hiriente y trasnochado o la reivindicación de las familias monoparentales.

Sin lugar a dudas, el auténtico pilar artístico de esta producción es Carmen Machi, quien se luce en la cara amarga de madre desolada, quedando muy por encima de los registros cómicos con los que compatibiliza dicha faceta. Por otra parte, Adriana Ozores hace gala de un desparpajo en ocasiones forzado y Aitana Sánchez-Gijón cumple interpretando a una ejecutiva en paro. Menos afortunadas son las intervenciones de Dani Rovira cuyo papel parece estirado.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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