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Crítica: Una Bolsa de Canicas

Entrañable, conmovedor y emocionante, resulta este drama basado en la odisea que vivieron dos niños en la Francia ocupada y que fue recogida en el best seller escrito por uno de ellos, Joseph Joffo, publicado en 1973. La historia, perfectamente trenzada, recorre diferentes estados de ánimo, sin decaer un solo instante ni perder el halo de frescura que la recorre. A diferencia de lo que se pudiera pensar en un principio, marca diferencias suficientes con otros títulos de trasfondo bélico que la hacen merecedora de una especial consideración.

La acción arranca en el invierno de 1942, en París, donde un matrimonio judío decide enviar a sus hijos a la llamada “zona libre” para evitar la deportación. Los más pequeños inician así una peligrosa aventura en la que tendrán que recorrer medio país para poner sus vidas a salvo, sorteando distintas adversidades mientras van presenciando los horrores de la guerra.

El film se contagia de la naturalidad y desenvoltura de los chicos y marca su camino hacia la pérdida de la inocencia, a la par que hace visibles la fuerza de los lazos fraternales que les vinculan. Sin esconder la tragedia, su escenificación queda matizada por el carácter de estos muchachos de buen corazón.

La narración fluye con encomiable agilidad, salpicada de momentos de elevada tensión y desenlace incierto y sorprendiendo por la manera de resolver situaciones muy delicadas. No obstante, tampoco renuncia a introducir ligeras notas de humor y resortes sensibleros vinculados al amor de los protagonistas hacia sus padres y hermanos, plenamente eficaces a la hora de ponernos el corazón en un puño.

Es determinante para el resultado que vemos en la pantalla, la notable realización de Christian Duguay, arropado por unos impecables apartados técnicos, entre los que sobresalen el diseño de la producción y la dirección de fotografía que, sin buscar la espectacularidad, cuidan los detalles precisos para dotar de luminosidad y realismo a las imágenes.

Los jóvenes actores debutantes, Dorian Le Clech y Batyste Fleurial, llevan a cabo un fenomenal trabajo, especialmente el primero de ellos y la complicidad artística entre ambos es completa, al punto de ensombrecer a los intérpretes adultos, donde encontramos a Patrick Bruel (‘El nombre’), Elza Zylberstein (‘Hace mucho que te quiero’) y Christian Clavier (‘Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho?’).

Este estreno constituye una buena propuesta para comenzar el año cinematográfico.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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