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Mes: febrero 2018

Crítica | The Party

Aun partiendo de un texto original para el cine, prácticamente el espectador se va a encontrar con una representación teatral en clave de comedia mordaz que tiene algunos altibajos. El guion maneja ideas loables y muy adecuadas con el fin de escenificar sus auténticos y corrosivos propósitos; sin embargo, en ocasiones se pierde en discusiones densas que le restan chispa y ralentizan el desarrollo de los acontecimientos, a pesar de que el metraje no supera los 70 minutos.

La nueva ministra de Sanidad, con motivo de su nombramiento, organiza una reunión de amigos en casa. Entre los participantes, además del esposo de la anfitriona, aparentemente ajeno a la celebración y absorto en sus pensamientos, se encuentran una pareja de lesbianas, un ejecutivo de las finanzas bastante alterado y su mejor amiga, cuyo marido es aficionado a la medicina natural. Distintas circunstancias enrarecerán el ambiente hasta cotas insospechadas.

En este marco, se suceden pequeños incidentes que sirven para ir destapando el lado agrio y cínico de las debilidades humanas, dejando al aire elocuentes muestras de hipocresía social y personal. Para ello se vale del sarcasmo y del drama matizado con la ironía, de forma que los personajes se van poniendo en ridículo, al tiempo que se atisban la dianas que subyacen en las intenciones de esta historia. Las envidas, falsas apariencias y rencillas soterradas en los círculos más cercanos, el feminismo mal entendido, la infidelidad, las vilezas que provoca el dinero y hasta las listas de espera en la atención sanitaria (también se dan en el Reino Unido) son puestos en solfa, al principio de manera contenida y después demasiado exagerada, con hechuras tragicómicas propias de un sainete, pero sin dejar títere con cabeza.

Con todo, queda lejos de alcanzar las cotas sublimes que tal planteamiento merecía, coqueteando con la bufonada, sensación compensada con su inesperado desenlace, a modo de gag eficaz y resolutivo.

El blanco y negro confiere un tono de calidez a las imágenes que permite al espectador colocarse en la posición de invitado invisible.

En el reparto destacan especialmente Kristin Scott Thomas, Timothy Spall y Cillian Murphy, pese a que sus papeles evolucionan a registros histriónicos. Otros cumplen correctamente, como Patricia Clarkson, Emily Mortimer, Bruno Ganz y Cherry Jones.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | Deber Cumplido

Desde ‘Los mejores años de nuestra vida’ (1946) a ‘El francotirador’ (2014), pasando por ‘El cazador’ (1978) y unos cuantos títulos más, el cine ha llevado a la pantalla, con argumentos similares, el drama de los soldados que retornan de la guerra. La imposibilidad de superar las secuelas psicológicas causadas por las terribles experiencias vividas y lo difícil que resulta volver a integrarse en la sociedad y llevar una vida normal han servido de hilos conductores a estas películas. Estas referencias son suficientemente ilustrativas para conocer, en líneas generales, lo que depara este estreno, solo que aquí los protagonistas han participado en una contienda reciente y se actualizan las circunstancias.

Basándose en hechos reales, recogidos en el libro ‘Gracias por sus servicios’, obra de David Finkel, nos traslada hasta 2007, cuando tres marines estadounidenses regresan a su país tras haber pasado varios meses en Iraq. Pronto se darán cuenta de las dificultades que supone ese cambio súbito y de lo que les cuesta recuperar sus antiguas rutinas y deshacerse del estrés postraumático derivado de los sangrientos recuerdos que llevan consigo.

En el fondo, no aporta elementos especialmente novedosos a este tipo de historias, pero interpretaciones notables, una factura técnica solvente y la buena realización del film, pese a suponer el debut del director Jason Hall, permiten ofrecernos un trabajo digno, que no pierde el interés en ningún momento.

Cuando amaga con atascarse en idas y venidas a centros de atención a veteranos, la narración se ve espoleada por acontecimientos impactantes, que aun siendo previsibles en algunos casos terminan captando la atención del espectador. Todo ello sin derivar a terrenos conmovedores, dado que el guion está preocupado en concienciarnos de las consecuencias menos visibles de la confrontación y que a la larga, de una forma u otra, siegan tantas vidas como las armas.

Miles Teller (‘Whiplash’) sostiene la cinta asumiendo un rol muy exigente en el que convence, reafirmándose como uno de los actores con mayor proyección de los de su generación. Del resto del reparto merecen ser destacados Beulah Koale, hasta ahora encasillado en la pequeña pantalla y que apunta magníficas maneras y Haley Bennett, cuyas intervenciones aportan la apreciable perspectiva femenina de estas situaciones.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Critica | Black Panther

No es esta una producción estrella de Marvel, sin que sea indigna, pero después de haber tocado el cielo cinematográfico con la transposición de las aventuras de distintos superhéroes a la gran pantalla, sabe a poco. La parafernalia visual y las formas de un personaje atractivo tratan de compensar las carencias de la historia.

Los aficionados a este tipo de films recordarán que Black Panther se dio a conocer en ‘Capitán América: Civil War’ (2016), donde se hacía de notar a pesar de ocupar un rol secundario. Así que, como ha sucedido con otras figuras emblemáticas de esta factoría, estaba cantado que iba a tener una película propia que, en la línea de lo que suele ser habitual, nos ilustra sobre sus agitados orígenes. Sin poner en entredicho la fidelidad a los cómics, no acaba de convencer, especialmente en la primera parte.

La introducción al relato es confusa, aunque todo se resume en varios enfrentamientos tribales y familiares para hacerse con el trono de Wakanda, una pequeña nación africana que encubre su verdadero tesoro: el Vibranium. Con este mineral se pueden fabricar armas demoledoras y eso despierta la avidez de poder de quienes se creen con derecho a administrarlo. En ese contexto, el joven T’Challa, legítimo heredero del trono, tendrá que afrontar diferentes desafíos.

Los elementos que hacen diferente esta propuesta son sus mayores atractivos. El hecho de que en gran parte se desarrolle en parajes naturales, se aprovecha para componer secuencias de acción vistosas. En ese marco transcurre, no obstante, una trama tan llevadera como superficial y precipitada, sostenida con endebles argumentos. Tampoco las contadas notas de humor que salpican el metraje tienen mucha gracia, deparando simplemente un largometraje necesario para completar el universo ‘Vengadores’ y bastante discreto.

El reparto lo conforman mayoritariamente actores afroamericanos, con nombres de peso: Lupita Nyong’o (‘12 años de esclavitud’), Forest Whitaker y Angela Bassett. Sin embargo, es el actor principal, Chadwick Boseman, quien parece andar justo de carisma cuando se desprende del atuendo de ‘Pantera Negra’, lo mismo que Daniel Kaluuya, alejado de las buenas sensaciones que causó en ‘Déjame entrar’ (2017).

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | La forma del Agua

Guillermo del Toro firma esta extraordinaria película en la que se conjugan los ingredientes característicos de su filmografía con la maestría de la premiada ‘El laberinto del fauno’ (2006), su otra gran obra. Estamos ante una historia que seduce desde los instantes iniciales, sea en clave de thriller o como un bonito cuento romántico. Nada falla en la puesta en escena y así logra meternos de lleno en unos escenarios que pronto ponen de manifiesto su relevancia.

La acción se sitúa en plena Guerra Fría y nos presenta a Elisa, una joven del servicio de limpieza de un centro de investigación del Gobierno. Sus relaciones sociales se han visto condicionadas por el hecho de ser muda, al punto de contar únicamente con la amistad de una compañera de trabajo y de su solitario vecino. Todo cambia cuando conoce al extraño ser que se custodia en el laboratorio: un humanoide anfibio.

Basta con escuchar los primeros compases de la deliciosa banda sonora compuesta por Alexandre Desplat y atender a la breve pero seductora introducción, mediante una voz en off, para engancharnos al relato que va a comenzar.

Esas altas expectativas que despierta su apertura se ven corroboradas de inmediato. Con encomiable agilidad, perfila adecuadamente a los protagonistas, dejando claro el lugar que ocupa cada uno y avanzando el sentido que tomará la trama. A poco que se piense, los argumentos que la sustentan, al margen de la fantasía de que esta imbuida, no son especialmente complejos y denotan cierta inspiración en obras clásicas, como ‘La bella y la bestia’. Precisamente ahí radica buena parte del mérito de esta producción, en darles una envoltura tan atractiva que nos mantiene atentos a la pantalla de principio a fin.

Su poesía visual, acicalada con moderadas notas de realismo mágico, proporcionan secuencias hechizantes, igual que vibrante, dramática y tensa resulta la intriga en otros momentos.

Los apartados técnicos son determinantes en las apreciables excelencias de la cinta. La dirección artística no solo nos traslada a los albores de los 60, sino que además escoge las localizaciones adecuadas. Sin aplicar recursos deslumbrantes, crea las atmósferas propicias y evidencia la minuciosidad con que se han tratado hasta los más mínimos detalles, a ello se suma la notable labor de vestuario y la fotografía, que le da a las imágenes un cierto aroma a cine negro de los 50, pese a ser en color.

Sally Hawkins, que ya había ido dejando excelentes muestras de su elevada talla interpretativa en títulos como ‘Happy, un cuento sobre la felicidad’ (2008), ‘Blue Jasmine’ (2013) y ‘Maudie, el color de la vida’ (2016), borda este papel e irradia ternura, delicadeza y buenos sentimientos. El resto del plantel brilla prácticamente a la misma altura: Richard Jenkins está sobresaliente en un rol lleno de matices; Octavia Spencer se aproxima mucho a su personaje de ‘Criadas y señoras’ (2011), que le valió el Óscar a la mejor actriz secundaria y Michael Shannon encarna al necesario villano con rotundidad y convicción, sin caer en los excesos. A ellos se une el imprescindible Michael Stuhlbarg; mientras que a Doug Jones lo intuimos tras la ceñida piel de ese singular espécimen que parece descendiente de la criatura de ‘La mujer y el monstruo’ (1954).

Otro estreno recomendable que se incorpora a una cartelera pletórica de ofertas irresistibles en estos días.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | The Florida proyect

La original propuesta de esta producción de aires independientes tiene el don de atraer la atención con una historia fútil y ligera que solo alcanza a adquirir una entidad bien estructurada en su último tramo.

La cámara nos lleva, de la mano de las correrías de unos niños, al corazón de un edificio de apartamentos que parece estar en mitad de ninguna parte; un motel de Orlando cercano a Disney World en el que viven personas muy humildes. En ese marco se centra inicialmente en seguir a estos chicos, auténticos diablillos deslenguados, que alternan juegos con travesuras durante sus vacaciones estivales. No obstante, poco a poco va abriendo la perspectiva a la triste realidad que soportan sus mayores hasta resultar elocuentemente dramática.

La frescura que irradia la película llega por la desenvoltura de los pequeños, en quienes contrasta su precocidad, el inconsciente gamberrismo y la mala educación con detalles que en ocasiones les hacen ser graciosos y entrañables. Sin embargo, con loable habilidad, el relato va desviando la mirada, cada vez más, hacia los adultos y concretamente a las familias rotas, madres solteras y jóvenes, con pocos o nulos ingresos, que tratan de salir adelante cada día. Así, casi sin darnos cuenta, desemboca en situaciones desgarradoras, agrias y duras, para rematar de forma contundente, aunque matizando la secuencia de cierre para dejar sensaciones agridulces.

Entre todos se hace de valer la figura del conserje, otra de las genialidades del film, al que el guion deja sabiamente en un aparente rol secundario, a la vez que le imprime cierta sensación de omnipresencia. Este tipo con aires paternalistas, nunca reconocido por los huéspedes, antes al contrario, es como un guardián que vela por ellos; un rol extraordinariamente interpretado por Willem Dafoe, poco habitual en estos registros, que justifica sobradamente su nominación al Óscar.

El otro punto fuerte, sin duda, pasa por el desparpajo de Brooklyn Prince, a sus 7 años (alguno menos en el rodaje) se muestra desbordante y acumula ya varios galardones bien merecidos. Aquí hace dudar al espectador sobre si realmente está actuando o es ella misma. En cualquier caso, resulta imposible no quedarse boquiabierto y difícil reprimir las ganas de aplaudirle cuando acaba la proyección, aunque su personaje no sea precisamente un ejemplo. Finalmente, también es digna de mención la participación Bria Vinaite, la actriz de origen lituano debuta con honores en la gran pantalla bajo la dirección de Sean Barker.

Desde luego no estamos ante un estreno comercial recomendable abiertamente, pero cualquier aficionado al cine indie lo apreciará en su justa medida.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | 50 Sombras liberadas

Lo mejor que se puede decir de la tercera entrega de esta trilogía es que pone fin a las infumables adaptaciones a la gran pantalla de las novelas de Erika Leonard James. Esta vez los liberados son los espectadores o cuanto menos quienes por obligación hemos tenido que soportar estas cintas, tan prometedoras al principio como decepcionantes y empalagosas al final. Ahora, hasta que algún iluminado de Hollywood, probablemente en convivencia con la autora, nos traiga una precuela, secuela, remake o similar (“poderoso caballero es don Dinero”) podemos relajarnos sin necesidad de meternos en ninguna habitación roja.

Hubiera sido milagroso que el remate de la serie cinematográfica superase a sus antecesoras y eso que en los instantes iniciales apunta buenas maneras. Deja entrever que va a desarrollar un thriller consistente y que los sofisticados encuentros sexuales entre los protagonistas serán simplemente un acompañamiento necesario. Desgraciadamente pronto nos percatamos de que solo era un señuelo porque sucede justamente lo contrario.

En esta ocasión la historia se abre con la boda de Christian y Anastasia, para pasar rápidamente a la luna de miel por Europa, interrumpida a causa del robo perpetrado en la sede corporativa de Grey, que les obliga a regresar. Al parecer, detrás de esa acción esta el editor al que despidió tras acosar a quien ahora es su esposa.

Se deben aguantar 70 minutos de metraje para que el film retome, con un mínimo de entidad, la trama de suspense que ha ido introduciendo de forma deslavazada entre las ridículas o hilarantes, según se mire, escenas eróticas. En estas secuencias se amaga con subir el tono respecto a las de películas precedentes, pero igualmente no se libran del efecto gaseosa y se desbravan de inmediato entre canciones de fondo metidas con calzador.

Los actores siguen en la línea de las anteriores y poco se aprecia su contribución en un relato condenado por el guion desde el inicio, aunque Dakota Johnson sigue superando a Jamie Dornan. La interpretación de Eric Johnson, encarnando a un tipo supuestamente tan inteligente como frustrado, que se ha desequilibrado completamente, es de chiste, lo mismo que el personaje.

Desde luego, las sombras se agigantan hasta extremos insospechados con este birrioso desenlace, oscurecidas en mayor medida con el epílogo que aparece tras los primeros créditos.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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