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Crítica | 50 Sombras liberadas

Lo mejor que se puede decir de la tercera entrega de esta trilogía es que pone fin a las infumables adaptaciones a la gran pantalla de las novelas de Erika Leonard James. Esta vez los liberados son los espectadores o cuanto menos quienes por obligación hemos tenido que soportar estas cintas, tan prometedoras al principio como decepcionantes y empalagosas al final. Ahora, hasta que algún iluminado de Hollywood, probablemente en convivencia con la autora, nos traiga una precuela, secuela, remake o similar (“poderoso caballero es don Dinero”) podemos relajarnos sin necesidad de meternos en ninguna habitación roja.

Hubiera sido milagroso que el remate de la serie cinematográfica superase a sus antecesoras y eso que en los instantes iniciales apunta buenas maneras. Deja entrever que va a desarrollar un thriller consistente y que los sofisticados encuentros sexuales entre los protagonistas serán simplemente un acompañamiento necesario. Desgraciadamente pronto nos percatamos de que solo era un señuelo porque sucede justamente lo contrario.

En esta ocasión la historia se abre con la boda de Christian y Anastasia, para pasar rápidamente a la luna de miel por Europa, interrumpida a causa del robo perpetrado en la sede corporativa de Grey, que les obliga a regresar. Al parecer, detrás de esa acción esta el editor al que despidió tras acosar a quien ahora es su esposa.

Se deben aguantar 70 minutos de metraje para que el film retome, con un mínimo de entidad, la trama de suspense que ha ido introduciendo de forma deslavazada entre las ridículas o hilarantes, según se mire, escenas eróticas. En estas secuencias se amaga con subir el tono respecto a las de películas precedentes, pero igualmente no se libran del efecto gaseosa y se desbravan de inmediato entre canciones de fondo metidas con calzador.

Los actores siguen en la línea de las anteriores y poco se aprecia su contribución en un relato condenado por el guion desde el inicio, aunque Dakota Johnson sigue superando a Jamie Dornan. La interpretación de Eric Johnson, encarnando a un tipo supuestamente tan inteligente como frustrado, que se ha desequilibrado completamente, es de chiste, lo mismo que el personaje.

Desde luego, las sombras se agigantan hasta extremos insospechados con este birrioso desenlace, oscurecidas en mayor medida con el epílogo que aparece tras los primeros créditos.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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