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Crítica | Cavernícola

La factoría Aardman es sinónimo de diversión para toda la familia. Sin buscar la grandilocuencia que proporcionan hoy las aplicaciones digitales empleadas en el cine de animación, consigue unos resultados redondos si nos atenemos al sentido del humor que recorre cada cinta y esta no es una excepción. Con la laboriosa técnica stop-motion que ha caracterizado a estos estudios, los muñecos de plastilina vuelven a cobrar vida en una aventura sin descanso que provoca la sonrisa del espectador desde la primera hasta la última escena.

Esta vez los ingeniosos animadores británicos llevan la acción a la prehistoria y nos acercan hasta una tribu cuyas inmemoriales rutinas se ven alteradas cuando en su valle irrumpen las huestes del gobernador de una ciudad ya instalada en la Edad de Bronce. Sin embargo, tendrán la oportunidad de recuperar sus tierras si vencen al laureado equipo de fútbol de la populosa urbe; el problema es que no tienen ni idea de jugar al balón.

Desde las secuencias iniciales el film demuestra una encomiable agilidad narrativa que hace volar los 85 minutos de metraje, destacando su agitado clímax que corresponde al emocionante encuentro deportivo.

Guiños a títulos dedicados a la hazañas deportivas, como ‘Evasión o victoria’ (1981), están bien presentes a lo largo de la cinta que se gana al público gracias a la simpatía que transmiten los ingenuos protagonistas, especialmente el cavernícola aventajado del grupo, Dug y su inteligente e hilarante mascota, Cerdog. A ellos se suma una figura femenina que será determinante en el devenir de los acontecimientos, en lo que supone un acierto pleno del guion.

Además, hábilmente la película extrapola el enfrentamiento en el terreno de juego a un choque de culturas entre los alegres personajes de la Edad de Piedra, cuya felicidad es completa disfrutando con sencillez de la naturaleza que envuelve su hábitat y quienes gozan de avances revolucionarios, lo que aprovecha para caricaturizar algunos efectos perversos muy extendidos en las sociedades modernas.

Por otra parte, las aportaciones, en el doblaje al castellano, de Hugo Silva, Chenoa y Mario Vaquerizo constituyen un reclamo innecesario.

En esta época del año, sin la excusa de las vacaciones, se agradecen estrenos como este para el disfrute conjunto de niños y adultos.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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