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Crítica | El Hilo Invisible

Las excelentes interpretaciones del trío protagonista matizan una historia irregular, cuya intencionada elegancia y exquisitez llevan a conferirle un tono demasiado frío, perceptible sobre todo en su primera hora. El film se sustenta básicamente en una especie de tour de force psicológico a tres bandas, donde las frustraciones, los deseos y las pasiones reprimidas le dan un halo de complejidad sostenida que eclosiona de forma tan sorprendente como mesurada.

La acción nos lleva al Londres de los años 50. Allí vive Reynolds Woodstock, el modisto preferido por las damas de la alta sociedad de media Europa. Ha estado siempre tan volcado en el trabajo que no ha tenido tiempo para el amor; no obstante, dos mujeres condicionan lo que hace: su hermana, una solterona de carácter recio y su madre, cuyo recuerdo tiene siempre presente. Inesperadamente conocerá a una camarera que le llegará al corazón, aunque no parece preparado para integrarla en la disciplinada vida que lleva.

La narración se contagia desde el principio del carácter introvertido y perfeccionista del reputado y genial diseñador y se desarrolla con los alicientes justos, componiendo bellas imágenes a las que, sin embargo, le falta fuerza. No es que la historia se atasque pero hasta que adquiere la entidad esperada parece avanzar sin rumbo. Solo el magnetismo que generan los personajes, cuyos recovecos emocionales se muestran con ribetes maquiavélicos y los atractivos escenarios en que se mueven permiten mantener la atención en la pantalla.

Pese a no abandonar ese aire retorcido, cobra mayor interés en su tramo final, donde hay detalles que se intuyen más que se ven, en consonancia con su título; hasta culminar con un desenlace poco estimulante. Por eso, después del visionado, es difícil de entender que haya sido bendecida con la candidatura al Óscar a la mejor película del año entre las seis nominaciones con las que cuenta, si bien el resto son relativamente defendibles.

El conjunto de los apartados técnicos pasa por ser uno de sus puntos fuertes, con mención destacada para el vestuario y la fotografía. Por otro lado, la banda sonora compuesta por Jonny Greenwood, con hechuras de música clásica, es de una belleza indiscutible, a pesar de que Paul Thomas Anderson se excede en la manera de utilizarla, superponiéndola reiteradamente al resto de elementos en varias secuencias.

Daniel Day-Lewis vuelve a demostrar su oficio y roza la excelencia, aun cuando no alcanza las elevadas cotas de algunos de sus recordados papeles. Frente a él, no le pierde la cara la joven y prometedora Vicky Krieps, ratificando su buen momento tras ‘El joven Karl Marx’ (2017). Pone la guinda la veterana Lesley Manville, completando el magnífico elenco del que son deudores muchos de los reconocimientos obtenidos por esta producción.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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