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Crítica | The Party

Aun partiendo de un texto original para el cine, prácticamente el espectador se va a encontrar con una representación teatral en clave de comedia mordaz que tiene algunos altibajos. El guion maneja ideas loables y muy adecuadas con el fin de escenificar sus auténticos y corrosivos propósitos; sin embargo, en ocasiones se pierde en discusiones densas que le restan chispa y ralentizan el desarrollo de los acontecimientos, a pesar de que el metraje no supera los 70 minutos.

La nueva ministra de Sanidad, con motivo de su nombramiento, organiza una reunión de amigos en casa. Entre los participantes, además del esposo de la anfitriona, aparentemente ajeno a la celebración y absorto en sus pensamientos, se encuentran una pareja de lesbianas, un ejecutivo de las finanzas bastante alterado y su mejor amiga, cuyo marido es aficionado a la medicina natural. Distintas circunstancias enrarecerán el ambiente hasta cotas insospechadas.

En este marco, se suceden pequeños incidentes que sirven para ir destapando el lado agrio y cínico de las debilidades humanas, dejando al aire elocuentes muestras de hipocresía social y personal. Para ello se vale del sarcasmo y del drama matizado con la ironía, de forma que los personajes se van poniendo en ridículo, al tiempo que se atisban la dianas que subyacen en las intenciones de esta historia. Las envidas, falsas apariencias y rencillas soterradas en los círculos más cercanos, el feminismo mal entendido, la infidelidad, las vilezas que provoca el dinero y hasta las listas de espera en la atención sanitaria (también se dan en el Reino Unido) son puestos en solfa, al principio de manera contenida y después demasiado exagerada, con hechuras tragicómicas propias de un sainete, pero sin dejar títere con cabeza.

Con todo, queda lejos de alcanzar las cotas sublimes que tal planteamiento merecía, coqueteando con la bufonada, sensación compensada con su inesperado desenlace, a modo de gag eficaz y resolutivo.

El blanco y negro confiere un tono de calidez a las imágenes que permite al espectador colocarse en la posición de invitado invisible.

En el reparto destacan especialmente Kristin Scott Thomas, Timothy Spall y Cillian Murphy, pese a que sus papeles evolucionan a registros histriónicos. Otros cumplen correctamente, como Patricia Clarkson, Emily Mortimer, Bruno Ganz y Cherry Jones.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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