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Mes: marzo 2018

Crítica | El Insulto

Desde el Líbano llega este magnífico largometraje con valiosas lecturas sobre el conflicto que se sufre en Oriente Medio y especialmente en ese pequeño país, donde conviven diferentes etnias en un frágil equilibrio. El film, nominado justamente al Óscar a mejor película de habla no inglesa, pone en pantalla una historia absorbente que transita del drama personal al judicial con trascendencia social, creciendo en intensidad con cada secuencia.

Lo que comienza como un insignificante altercado entre el capataz de las obras ordenadas por el ayuntamiento y un vecino que discrepa de la actuación de los operarios en su vivienda, alcanzará repercusiones insospechadas. En el fondo pesa el odio latente que enfrenta a sus pueblos desde hace décadas y que hará de esta cuestión singular el detonante potencial de revueltas incontroladas.

Es meritorio como el guion desarrolla su presupuesto argumental para que ese incidente aislado se vaya agrandando con argumentos bien sostenidos. Además, conforme los protagonistas se ven inmersos en una espiral de acontecimientos imprevistos, experimentan una palpable transformación que afecta a su elevado orgullo. Para lograrlo, profundiza en su personalidad y recurre, en los momentos precisos, a parcelas íntimas y ocultas de su pasado que han marcado el carácter de ambos.

Al tiempo que esgrime mensajes con ánimo de denuncia, invitando a recapacitar acerca del sinsentido actual de esa ira enquistada que amenaza la endeble paz alcanzada en esos territorios, no descuida ningún detalle de la trama para atrapar la atención del espectador. Así, cuando escenifica los juicios penales los letrados hacen gala de una dialéctica que convierte las vistas en duelos verbales de altura con notas de intriga y tensión sobre el devenir del caso.

Los actores que encabezan el reparto, Adel Karem (‘Caramel’) y Kamel El Basha, insuflan a sus personajes la naturalidad y el carisma adecuados para llenar la pantalla e invitar al público a implicarse en sus causas, completando dos interpretaciones brillantes.

Estamos ante un estreno plenamente recomendable que no deja indiferente.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | Peter Rabbit

Siguiendo la estela de ‘Babe’, ‘Garfield’ y ‘Paddington’, da el salto a la gran pantalla el personaje más popular de la ilustradora y escritora británica Beatrix Potter. El resultado es una cinta de entretenimiento puramente infantil, recorrida fundamentalmente por humor blanco, que actualiza las aventuras literarias con toques gamberros, pero algo descompensada: el carisma que tiene el protagonista, bien secundado por sus congéneres, choca con el carácter tontorrón y ridículo de los adultos con quienes se relaciona.

Peter es el conejo más temerario del bucólico Distrito de los Lagos. Con la ayuda de su familia, se pasa los días robando verduras del huerto del señor McGregor, que sueña con darle caza algún día. Por fortuna, cuenta con la protección y el cariño de una pintora amante de los animales. Sin embargo, este panorama cambia para mal cuando llega al florido edén un nuevo propietario dispuesto a acabar con los intrusos.

Entre los puntos fuertes de la película, procede destacar la agilidad narrativa de la que hace gala, salvando, gracias a ese ritmo trepidante, ciertas carencias del guión, que a los pocos minutos deja entrever las intenciones y avanza la senda de lo que será su desarrollo y resolución.

El resto de virtudes de esta producción radica en los apartados técnicos. Cada uno de los habitantes del bosque está tratado con un esmero loable, al punto de que todos se antojan muy reales. Además, la realización se toma licencias muy curiosas: así cuando los Rabbit y sus colegas centran la acción se presentan dotados de las facultades propias de los seres humanos, mientras que si interactúan con los actores se muestran con su apariencia natural. A ello se suman pequeñas secuencias de animación tradicional, completando un repertorio visualmente atractivo.

Junto a las creaciones digitales, en el reparto encontramos a Rose Byrne y Domhnall Gleeson, asumiendo unos roles demasiado estirados, con poca gracia y que caen constantemente en lo grotesco. Por su parte, el veterano Sam Neill tiene una corta participación y cuesta reconocerle.

En la versión en castellano, Dani Rovira, Belén Cuesta y Silvia Abril, entre otros, desarrollan su trabajo como si fueran profesionales del doblaje, aunque este tipo de ganchos publicitarios son innecesarios.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | El Aviso

Lo que se presenta como un thriller absorbente que introduce sin estridencias elementos paranormales, va deshinchándose paulatinamente hasta llegar a un desenlace fallido. El film se sustenta en dos historias desarrolladas paralelamente, evidenciando ciertos desequilibrios en la capacidad para intrigar al espectador en uno y otro caso, hasta descarrilar cuando convergen.

Jon, tras presenciar un tiroteo en el que resulta gravemente herido su mejor amigo, descubre que en el mismo lugar se han venido produciendo, cada cierto tiempo, sucesos similares. Diez años más tarde, Nico, un niño que es víctima de acoso escolar, visita con asiduidad la tienda que se encuentra en ese emplazamiento maldito, ignorando el peligro que corre.

Sin poner en tela de juicio la buena realización del consumado director Daniel Calparsoro (‘Asfalto’, ‘Guerreros’, ‘Cien años de perdón’), ni la implicación completa del elenco de intérpretes con los que ha contado, se debe apuntar que el guion traiciona esos virtuosismos con una trama que empieza de forma prometedora y acaba dando bruscos bandazos, haciendo que se desvanezcan las dosis de suspense generadas.

La propuesta contaba, en principio, con los elementos adecuados para haber construido el enigmático y sorprendente relato que cabría esperar: un matemático eminente afectado por brotes esquizofrénicos, el patrón numérico que siguen los crímenes cometidos, un triángulo amoroso de pasiones soterradas, el bullying, las conexiones entre diferentes planos temporales y la posibilidad de que se produzca un terrible asesinato. Tal vez sean demasiados ingredientes, porque la receta no termina de cuajar y al partir de premisas tan atractivas la decepción se multiplica.

Lo anterior no quita, como se ha señalado, para aplaudir el compromiso y desaprovechado esfuerzo del reparto. Raúl Arévalo nuevamente hace gala del excelente oficio que le ha convertido en uno de los actores con mayor peso en nuestro actual panorama cinematográfico. Aunque eclipsa a quienes acompañan, a su lado intenta mantener el tipo Belén Cuesta, cumpliendo en un papel dramático, algo poco habitual hasta ahora en su carrera. Igualmente, se deben destacar las participaciones de Aura Garrido y del siempre eficaz Antonio Dechent, a quienes se unen el jovencísimo y prometedor Hugo Arbués y varios nombres relevantes en pequeñas intervenciones.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | María Magdalena

Lo que podría entenderse como un biopic de María Magdalena es, básicamente y salvo en los primeros compases, una nueva recreación de los últimos días de la vida de Cristo, donde los pocos aspectos novedosos que se introducen sucumben ante su cansino ritmo narrativo, deparando un largometraje desangelado.

La acción arranca cuando quien se convertiría en discípula de Jesús, intenta eludir la intención de su familia de casarla con un viudo. Al conocer al Mesías siente la necesidad de seguirle y se une a los apóstoles en el camino a Jerusalén, dejando atrás a los suyos en Magdala.

La puesta en escena se antoja minimalista y muy sobria, buscando un efecto de verosimilitud que se pierde cuando nos acerca a los personajes. Salvando un pequeño prólogo innecesario y fallido como metáfora visual, la descripción inicial de la protagonista apunta un dinamismo que decae pocos minutos después.

La irrupción del Salvador lejos de insuflar energía produce prácticamente el efecto contrario. Se presenta con unos aires demasiado místicos, como un ser más divino que humano, que solo emerge con fuerza en contados momentos. Ello no sirve para sacar del letargo a la realización, empeñada en conferir un aura trascendente a la película que provoca el distanciamiento con el público.

La mejor lectura que deja tiene que ver con la reivindicación de esta figura femenina, durante mucho tiempo denostada y a la que se trata de hacer justicia en sintonía con la actual visión eclesial.

Rooney Mara (‘Carol’) evidencia el compromiso asumido con este proyecto, al tiempo que da la impresión de que se ha visto constreñida a la hora de desarrollar el papel y no ha podido darle el carisma que merecía. Justo lo contrario le sucede a Joaquin Phoenix, a quien se le ve a gusto en perfiles introspectivos que tienen puntales reacciones airadas como el que aquí asume. Junto a ellos es justo citar al actor francés Tahar Rahim, que metido plenamente en la piel de Judas Iscariote llena de apreciables matices su interpretación.

Aunque llega en las fechas adecuadas, soportar esta cinta hasta el final se convierte en una penitencia cinematográfica.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | Winchester: la casa que construyeron los espíritus

Pese a publicitarse como “basada en hechos reales” y contar con una actriz de la talla de la oscarizada Helen Mirren (‘The Queen’), esta producción no aporta nada significativo al género de terror. Si bien gracias a su cuidada ambientación logra sumergir al espectador en los preámbulos del relato, pronto acaba derivando en una cinta mediocre que aplica recursos vistos hasta la saciedad, viendo mermada su capacidad de sorprender.

En 1906 los socios de Sarah Winchester en la popular compañía de rifles que fundó su marido le pidieron a un médico que emitiera un dictamen sobre su salud mental, ya que decía tratar con fantasmas. El propósito real era incapacitarla para apartarla de la empresa. Los aterradores sucesos que padeció el doctor en la mansión de esta dama difuminaron por completo la idea que tenía antes de conocerla.

Más allá de un prólogo innecesario, la introducción a la historia resulta hechizante, particularmente en lo que corresponde a la llegada del facultativo a la inmensa casona. En esos minutos, los mejores del film, se percibe una atmósfera opresiva en el marco idóneo para que se produzcan fenómenos espeluznantes.

Sin embargo, conforme se van sucediendo los acontecimientos las expectativas de reducen y en mayor medida al destapar las claves del tramo final. Su desarrollo se torna previsible y las supuestas secuencias escalofriantes responden a patrones de manual, desperdiciando tanto los medios invertidos como los, a priori, elementos originales de esta propuesta, que acaba por no diferenciarse de otros títulos vulgares con argumentos similares.

Los apartados técnicos y especialmente lo que toca a la dirección artística, no merecen reproche alguno, antes al contrario, resultan determinantes para evitar el desastre completo.

La actriz británica es, de entre todas la presencias, quien sale mejor parada, aunque da la sensación de que ha sacado adelante este papel tirando lo justo de su reputado oficio. Jason Clarke, que lleva el peso de la narración, sin realizar una interpretación descollante, salva su participación con corrección académica.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | Un pliegue en el tiempo

Disney presenta esta bienintencionada historia infantil en clave de fantasía con matices emotivos; un film que, sin embargo, nunca acaba de darle la forma y continuidad adecuadas a los argumentos que maneja. El relato puede resultar aceptable para niños poco exigentes y aun así es mucho aventurar. Los adultos seguramente se verán abrumados por su colorido abigarrado y las inaceptables licencias argumentales que se toma.

Meg ha perdido todas las ilusiones desde que su padre, un reputado científico, desapareció sin dejar rastro cuando estaba experimentando con la posibilidad de viajar a otra dimensión. Todo comienza a cambiar cuando irrumpe en casa una extraña que pronto se revela como una especie de hada procedente de un universo paralelo. A ella se unirán dos deidades más que transportarán a la niña, a su hermano y a un amigo a planetas increíbles no exentos de peligros.

‘El mago de Oz’ o ‘Alicia en el país de las maravillas’ son lejanas referencias de esta producción olvidable, donde se despliegan ostentosamente los recursos técnicos empleados en diferentes apartados, aunque sin la conjugación idónea. Lo que comienza siendo embriagador se torna empalagoso conforme transcurren los minutos.

A ello se suman los bandazos del guion y las piruetas forzadas e increíbles con que salpica su desarrollo y que incluso dentro de los parámetros imaginarios en que se mueve la película, descolocan por completo. Ni siquiera el previsible desenlace se plasma de manera eficaz; malogrando así los loables propósitos, que se atisban con dificultad, en torno al ensalzamiento de los valores paternofiliales.

La joven Storm Reid (’12 años de esclavitud’) se esfuerza por que luzca su papel, en lo que acaba siendo una misión imposible; pese a superar sobradamente las grotescas intervenciones del resto de los actores que le acompañan. Particularmente, Reese Witherspoon queda bastante ridícula y nada mejor se puede decir de Oprah Winfrey o del pequeño y redicho Deric McCabe, quien asume un rol cargante. Solo Chris Pine y Gugu Mbatha-Raw mantienen el tipo a duras penas en este discreto largometraje.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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