Pulsa "Enter" para saltar al contenido

Crítica | La Última Bandera

Altibajos demasiado pronunciados marcan el desarrollo de esta agridulce road movie que habla de reencuentros y de la necesidad de saldar deudas con el pasado, a partir de un drama personal que navega entre la denuncia y los matices patrioteros, sin decantarse claramente.

El director y guionista Richard Linklater ha demostrado a lo largo de su carrera el dominio de los diálogos; títulos como ‘Antes de amanecer’ (1995) y sus continuaciones, y la premiada ‘Boyhood (Momentos de una vida)’ (2014) son prueba de ello. Sin embargo, aquí da la sensación de que, superada la presentación de la historia, se le atraganta este apartado y su desarrollo toma un cariz errático que distancia al espectador de lo que está contando.

El film sigue a tres veteranos de Vietnam que, décadas después de compartir los horrores de la guerra, se reúnen por iniciativa de uno de ellos, quien acaba de perder a su hijo en Irak. El propósito de ese padre abatido es que sus antiguos amigos le acompañen a recoger el cadáver para enterrarlo en su pueblo y no en el cementerio de Arlington, como marca el protocolo militar. Durante el viaje se destaparán los recuerdos de amargas vivencias que permanecían soterradas.

Los compases iniciales son verdaderamente prometedores: la introducción de los protagonistas se acompaña de notas cómicas precisas; incluso cuando la trágica noticia sale a la luz, el guion se mueve perfectamente en un difícil y logrado equilibrio entre el pesar contenido y el contrapunto desenfadado que aportan ligeras pinceladas de humor.

Pero ese patrón deja de funcionar superados todos los preámbulos. Alcanzado el nudo del relato se atasca en conversaciones nostálgicas, a veces grotescas y alargadas. Solo cuando consigue zafarse de esta espiral de anécdotas insulsas recupera potencial. Así, asistimos a una parte final que trata del sentimiento de culpa y del intento de redimirse reconociendo los errores cometidos. Lo que no quita para señalar su patente tibieza a la hora de esgrimir un mensaje antibelicista, que igual se apunta claridad, que queda matizado por detalles que ensalzan el compromiso con el Ejército.

La buena química que fluye entre los actores es decisiva para evitar un resultado mediocre. Especialmente afortunado está Bryan Cranston, asumiendo un personaje fresco al que dota de soltura y naturalidad, sin que esto suponga restar méritos a los notables trabajos de Steve Carell y Laurence Fishburne.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

Sé el Primero en Comentar

Deja un comentario

Ir a la barra de herramientas