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Mes: abril 2018

Crítica | Isla de Perros

Lo primero que hay que advertir es que no estamos ante una película infantil, aunque sea de animación y el título y su cartel inviten a pensar lo contrario, e incluso pese a no encontrar en ella contenidos inapropiados, ni salidas de tono.

Igual de importante resulta saber que su director es Wes Anderson y conocer su peculiar manera de hacer cine. En este caso, el realizador de ‘El gran hotel Budapest’ y ‘Viaje a Darjeeling’, entre otras, vuelve a apostar por un género que ya trató con hechuras similares en ‘Fantástico Sr. Fox’ (2009). Por lo tanto, si se disfrutaron estos títulos en su día, esta será, sin duda, una acertada elección. Si no es así, al espectador le costará entrar plenamente en la propuesta del cineasta tejano, nuevamente recorrida por la ironía y la mordacidad, introducidas tan sutil y sobriamente que el conjunto peca de cierta sequedad.

La acción se sitúa en Japón, donde el alcalde de Megasaki ha decidido desterrar a los perros a una isla que sirve de vertedero, al estimar que son los causantes del brote de gripe canina que está propagándose por toda la ciudad. El joven sobrino del regidor se presentará allí con el objetivo de recuperar a su mascota, lo que se convertirá en el inicio de una rebelión.

Es innegable el extraordinario trabajo desarrollado por los diferentes departamentos técnicos del film para conseguir, con la laboriosa técnica de captura del movimiento (stop motion), sus llamativas imágenes, a las cuales se debe estar muy atento si se quiere reparar en la cantidad de detalles que contienen. Este pasa por ser el apartado más virtuoso de la producción, en la que han participado alrededor de 700 especialistas durante cuatro años.

No obstante, lo anterior no impide señalar que, si bien la narración transcurre sin atascarse, carece de la energía suficiente para implicar al público en su mensaje y moraleja, que quedan algo deslucidos, desaprovechando parte del potencial de los personajes caninos.

En cuanto a la banda sonora, obra de Alexandre Desplat (‘La forma del agua’), procede destacar lo meritorio de su labor, al componer una partitura completamente dominada por la percusión nipona en la instrumentación, que tiene espacio para el lucimiento al principio y al final de la cinta. Sin embargo, en ocasiones se abusa de su utilización hasta tornarse innecesariamente machacona.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | Un Lugar Tranquilo

Sin prescindir de los recursos básicos del cine de terror, la original propuesta que lleva a la pantalla esta notable producción le da una vuelta de tuerca a las referencias clásicas del género y consigue plenamente su propósito: acongojar al espectador de principio a fin. Con los medios precisos, evitando caer en los terrenos del gore y reduciendo al mínimo las imágenes horripilantes, proporciona sensaciones espeluznantes.

Nos presenta a una familia que ha sobrevivido al devastador ataque de los terribles extraterrestres que han invadido la tierra. Estos seres lanzan sus ataques letales cuando escuchan algún sonido, por eso este matrimonio y sus hijos han aprendido a vivir en completo silencio, pero cualquier descuido les puede poner en peligro.

La premisa, aceptando su singularidad, no deja de ser bastante sencilla y a lo largo de su desarrollo encontramos detalles previsibles junto a giros sorprendentes e impactantes, plasmados siempre con sobriedad, lo que le da un valor añadido a la cinta. Solo en el tramo final se eleva el tono en la medida en que lo exige el desenlace de la intriga, si bien llega a ese punto de forma paulatina, manteniendo la coherencia narrativa que recorre el film.

Con esa apariencia de humildad en la puesta en escena, alcanza a conseguir un resultado cercano al que en su día pudieron provocar títulos como ‘Alien, el octavo pasajero’ (1979) o ‘Depredador’ (1987) y ‘Señales’ (2002), cuyas influencias se perciben en diferentes momentos de la trama.

Técnicamente, además de lo ya señalado, genera las atmósferas adecuadas para que desde el primer instante acompañemos a los protagonistas en su angustiosa y callada supervivencia, de manera que en los instantes realmente estremecedores el público comparta con ellos los escalofríos y la desesperación. Impecable igualmente resulta el montaje para mantener la tensión constante y la elocuencia visual que suple a los diálogos.

John Krasinski realiza un meritorio trabajo delante de la cámara y aun mejor como director de la película. A su lado ejerce de sufrida esposa quien lo es también en la vida real: Emily Blunt, compenetrándose ambos la perfección, igual que lo hacen los jóvenes Noah Jupe (‘Suburbicon’) y la brillante Millicent Simmonds (‘Wondesrstruck. El museo de las maravillas’), que es sordomuda y rinde a la misma altura que sus padres en esta ficción.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | Alma Mater

Sin apenas necesidad de recurrir a la violencia explícita, este drama, que se desarrolla enteramente en una vivienda de Siria, resulta sobrecogedor por su realismo. A pesar de tener esa única localización, elude los condicionantes que podrían teatralizar la puesta en escena y logra presentar una historia áspera, de tensión elevada, que va in crescendo a la par que transmite las angustiosas experiencias de los protagonistas, víctimas inocentes del conflicto bélico, cuyo hogar se halla en medio del campo de batalla.

No desperdicia ni un instante de sus 87 minutos de metraje y rápidamente describe sus premisas, llevándonos a la casa donde viven a escondidas una mujer con sus tres hijos, el abuelo y la criada, a quienes se ha unido un joven matrimonio con su bebé, tras haberse quedado sin techo y otro chico amigo de la familia. Desde el interior se pueden percibir las atrocidades de la guerra: bombardeos, disparos de francotiradores, delincuentes que merodean por la zona, escasez de agua, etc.

Lo primero que llama la atención, a medida que recorremos las distintas estancias y atendemos a los enseres, es apreciar la similitud con cualquier piso de la clase media occidental, lo que provoca que nos sintamos más cerca de estos personajes y del horror que soportan.

En ese contexto, casi sin solución de continuidad, pero de manera coherente y asumible, se suceden los sobresaltos e imprevistos que endurecen el relato, impactando en el ánimo del espectador inevitablemente. Precisamente ahí radica la mayor virtud del film: consigue sensibilizarnos escenificando circunstancias terribles, sin que en ello se atisbe una intención deliberada de exagerar las situaciones. Además, nunca pierde de vista los aspectos humanos que surgen en la convivencia de esas personas, atrapadas en el pequeño infierno en que se ha convertido su hábitat cotidiano.

La actriz palestina Hiam Abbass (‘Los limoneros’, ‘The Visitor’) pone lo mejor de su temperamento y borda la madre coraje que interpreta, preocupada de cada detalle para mantener a salvo a los suyos. Sobresaliente es igualmente la participación de Diamand Bou Abboud, a quien hace varias semanas vimos ejercer de abogada en ‘El insulto’ y que vuelve a estar impecable en un registro bien diferente.

El film obtuvo el Premio del Público en la Berlinale y similar galardón en el Festival de Sevilla; reconocimientos indudablemente merecidos.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | La Casa Torcida

Prácticamente desde el principio se tuerce esta desacertada adaptación de la novela homónima de Agatha Christie y ni tan siquiera el golpe de efecto final, sello inconfundible de las obras de la escritora británica, logra enderezarla. Es un querer y no poder donde la mediocridad recorre los apartados artísticos y la mayoría de aspectos técnicos, echando por tierra el resultado que merecía la historia.

El film traslada la acción a finales de los años 50. Tras la repentina muerte de un famoso multimillonario en su lujosa mansión, el detective londinense Charles Hayward recibe la visita de la nieta del difunto. Está convencida de que su abuelo fue asesinado por algún miembro de su familia y por eso le encarga la investigación a este joven con quien tuvo un affaire tiempo atrás.

Lo primero que falla de manera clamorosa es el escaso carisma del protagonista: Max Irons presenta un perfil pusilánime y se muestra incapaz de darle al papel la entidad que merece. Se supone que es el hijo de un insigne policía de Scotland Yard y desde luego, nada parece haber heredado de él (tampoco el actor de su padre, Jeremy Irons). Esta carencia no queda ni mucho menos compensada por el resto del elenco de personajes que le van acompañando: mujeres extravagantes y tipos histriónicos, todos, sin excepción, muy artificiosos.

A ello se suma la desentonada realización que proporciona una narración errática y precipitada, además del abierto tono teatrero que evidencia la puesta en escena en demasiados momentos. Más allá de algunos detalles de la ambientación, poco se puede salvar. La misma casa a que hace referencia el título parece un collage de estancias variopintas, cuya decoración pasa alegremente de lo clásico a lo tétrico o a lo moderno y colorido, y los temas musicales se introducen a destiempo.

Con tantos desaciertos, la sorpresa que guarda celosamente el relato para coronar la intriga, aun no siendo inverosímil, llega tarde y sin la fuerza suficiente para hacer olvidar las sensaciones de cuanto le precede.

En el reparto encontramos nombres de peso, sin que ninguno alcance a brillar especialmente: Glenn Close, Gillian Anderson, Julian Sands, Christina Hendricks y Terence Stamp, en un rol secundario, unos pecan de exagerados y otros de acartonados.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | El Buen Maestro

Se disfruta mientras se ve, gracias a la caracterización de su protagonista, quien traspasa la pantalla con humildad y buen corazón; sin embargo no perdurará en la memoria porque sus argumentos ya los hemos visto muchas veces en el cine. Estamos ante la típica historia del maestro que se enfrenta a alumnos de barrios marginados, cercanos a entornos delictivos en algunos casos, sin que, en líneas generales, encontremos aportaciones especialmente significativas respecto a la multitud de antecedentes que cabe recordar. No obstante, la sencillez y afabilidad que recorren la cinta compensan sobradamente su visionado.

François es, como su padre, profesor de literatura del prestigioso liceo Henri IV de París. Circunstancias imprevistas le llevan a aceptar la tutoría de una clase en un centro del extrarradio, con adolescentes problemáticos, nada dispuestos a prestarle atención.

El guión marca perfectamente los tiempos y dedica las secuencias precisas para describir a este personaje en su entorno habitual y así poder enfatizar el contraste cuando pasa a otro ambiente diametralmente opuesto al que domina. No obstante, en ese nuevo escenario se muestra muy ingenioso a la hora de escenificar los acertados métodos que se saca de la chistera para recabar el interés de los chicos. Es loable como introduce las referencias a ‘Los miserables’ de Víctor Hugo y adapta hábilmente los contenidos de la novela para conseguir que los estudiantes se enganchen a ella, gracias a su eficaz dialéctica.

Otro mérito pasa por contraponer a este docente con sus jóvenes colegas, encasillados en recursos convencionales y descreídos sobre la posibilidad de poner en el camino adecuado a los chavales más díscolos; para acabar dándoles una modesta pero elocuente lección sobre la manera de educar.

Todo ello sin renunciar al sentido del humor, al salpicar el relato de sutiles notas de comicidad debidamente mesuradas para no alejarse del discurso central. Aunque en algún instante, mediado el metraje, parece atascarse ligeramente, se resarce conforme se acerca al tramo final, imbuido de emotividad contenida.

Denis Podalydès (‘De Nicolas a Sarkozy’) logra transmitir la imagen entrañable que requiere su papel y es decisivo para que los actores no profesionales y debutantes que le acompañan se muevan con absoluta naturalidad delante de las cámaras, al punto de que, por momentos, el film se asemeja a un documental.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | Proyecto Rampage

Ni los primeros veinte minutos aguanta esta infumable y abrumadora producción que sigue los peores patrones del cine estadounidense de ciencia-ficción, aventuras y acción, pretendiendo aproximarse, sin conseguirlo, a distintos títulos de éxito comercial. Pese a partir ya de premisas inverosímiles, parece esforzarse constantemente en hacernos ver que nada es mínimamente creíble y conforme avanza se va hundiendo en terrenos tan bochornosos como agotadores. No debe servir de excusa el hecho de estar inspirado en el popular videojuego ‘Rampage’ que triunfó a mediados de los 80.

Davis Okoye es el primatólogo del parque natural de San Diego. Allí cuida de George, el gorila albino con quien mantiene un vínculo muy especial, al punto de que ambos se comunican perfectamente por medio del lenguaje de signos. Cuando una sustancia química cae accidentalmente en esa zona, varios animales empiezan a crecer de forma exponencial y a arrasar con cuanto encuentran a su paso, entre ellos este simio aventajado.

En poco tiempo la película se convierte en un recargado y cansino festival de pirotecnia hollywoodense. Todo vale con tal de mantener ese tono vibrante de destrucción imparable a cargo de tres criaturas devastadoras. Intentando emular a films como ‘Godzilla’ o ‘King Kong’, el guion pierde el hilo y no le importa ir dejando detalles ridículos e inasumibles por el camino.

Como en cualquier historia del género, hay unos personajes malvados, en este caso los rectores de la empresa que experimenta con la mutación genética: dos hermanos, la lista y el tonto apocado (Malin Akerman y Jake Lacy), que ejercen de payasos fuera de contexto. Si ya su presencia resulta chirriante la manera en que cierran sus respectivas participaciones no tiene nombre, hasta hacernos dudar sobre cual era realmente su auténtica función. No sale mucho mejor parado, en un rol secundario, el militar de turno que quiere acabar a las bravas con los enfurecidos monstruos.

En cuanto a los protagonistas se refiere, Dwayne Johnson, habitual en estas lides, hace lo que puede para mantener el tipo, pero aquí su carisma es insuficiente. Naomie Harris se salva algo más de la quema y Jeffrey Dean Morgan (‘The Walking Dead’) está tan preocupado de caer bien que se olvida del papel.

Brad Peyton realizador de títulos como ’Viaje al centro de la Tierra 2: La isla misteriosa’ (2012) y ‘San Andrés’ (2015), continua en caída libre.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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