Pulsa "Enter" para saltar al contenido

Crítica | Isla de Perros

Lo primero que hay que advertir es que no estamos ante una película infantil, aunque sea de animación y el título y su cartel inviten a pensar lo contrario, e incluso pese a no encontrar en ella contenidos inapropiados, ni salidas de tono.

Igual de importante resulta saber que su director es Wes Anderson y conocer su peculiar manera de hacer cine. En este caso, el realizador de ‘El gran hotel Budapest’ y ‘Viaje a Darjeeling’, entre otras, vuelve a apostar por un género que ya trató con hechuras similares en ‘Fantástico Sr. Fox’ (2009). Por lo tanto, si se disfrutaron estos títulos en su día, esta será, sin duda, una acertada elección. Si no es así, al espectador le costará entrar plenamente en la propuesta del cineasta tejano, nuevamente recorrida por la ironía y la mordacidad, introducidas tan sutil y sobriamente que el conjunto peca de cierta sequedad.

La acción se sitúa en Japón, donde el alcalde de Megasaki ha decidido desterrar a los perros a una isla que sirve de vertedero, al estimar que son los causantes del brote de gripe canina que está propagándose por toda la ciudad. El joven sobrino del regidor se presentará allí con el objetivo de recuperar a su mascota, lo que se convertirá en el inicio de una rebelión.

Es innegable el extraordinario trabajo desarrollado por los diferentes departamentos técnicos del film para conseguir, con la laboriosa técnica de captura del movimiento (stop motion), sus llamativas imágenes, a las cuales se debe estar muy atento si se quiere reparar en la cantidad de detalles que contienen. Este pasa por ser el apartado más virtuoso de la producción, en la que han participado alrededor de 700 especialistas durante cuatro años.

No obstante, lo anterior no impide señalar que, si bien la narración transcurre sin atascarse, carece de la energía suficiente para implicar al público en su mensaje y moraleja, que quedan algo deslucidos, desaprovechando parte del potencial de los personajes caninos.

En cuanto a la banda sonora, obra de Alexandre Desplat (‘La forma del agua’), procede destacar lo meritorio de su labor, al componer una partitura completamente dominada por la percusión nipona en la instrumentación, que tiene espacio para el lucimiento al principio y al final de la cinta. Sin embargo, en ocasiones se abusa de su utilización hasta tornarse innecesariamente machacona.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

Sé el Primero en Comentar

Deja un comentario

Ir a la barra de herramientas