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Crítica | Roman J. Israel, Esq.

Estamos delante de uno de esos casos en los que la descollante interpretación de su protagonista convierte la película en una propuesta, cuanto menos, digna de atención. Denzel Washington se ha implicado plenamente a la hora de caracterizar a Roman J. Israel, Esq., quizá atraído porque es un tipo muy diferente a aquellos que encarna más habitualmente. Ello compensa la irregularidad de la intriga, en ocasiones desenfocada.

Un abogado penalista de Los Ángeles, con especial debilidad por los delitos en que están implicadas personas desfavorecidas, se ve en aprietos cuando su mentor, titular del bufete en el que lleva años trabajando, sufre un infarto. Poco después se encontrará en la tesitura de aceptar o rechazar la oferta que le hace una importante firma, de mayor categoría, pero alejada de los ideales que defiende.

Las secuencias iniciales se esfuerzan en dibujarnos adecuadamente a los personajes, especialmente a este letrado comprometido con los derechos civiles, con el fin de poder enfatizar la transformación que experimenta en tan solo tres semanas. En ese apartado, que se aborda aceleradamente, tiene la habilidad de voltear su forma de pensar y actuar, a la vez que va cambiando de apariencia física, pasando de ser un “sabio despistado” desaliñado y despreocupado por la manera de vestir, a presentarse como un elegante y atractivo caballero. Esta parcela y algunas frases brillantes son lo mejor de un guion que no es redondo.

Pese a sus buenas intenciones, para alcanzar a tocar el punto débil de ese hombre íntegro, ante las tentaciones y corruptelas que le rodean en las altas esferas, se precipita y recurre a argumentos burdos, acumulando torpemente pequeñas desgracias y contratiempos que le superan, además de dispersarse en la narración. Así, la defensa de los valores vinculados a la decencia, igualdad y justicia que él representa pierde fuerza por el camino.

El actor neoyorquino, justamente nominado al Óscar, llena la pantalla y ensombrece a sus compañeros de reparto, entre quienes figura Colin Farrell, en un rol bastante seco y de registros similares a los que asume frecuentemente, si bien al final acaba dando un súbito bandazo difícil de creer. Por su parte, Carmen Ejogo queda en una posición secundaria, aunque necesaria para subrayar el mensaje del film, propósito que se consigue a medias.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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