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Crítica | Sweet Country

Avalada por magníficas críticas y el Premio Especial del Jurado del Festival de Venecia, entre otros galardones, se estrena este wéstern australiano cuyo visionado hace dudar de las razones que fundamentan tantos reconocimientos, más allá de sus excelencias técnicas. El loable realismo que se percibe en cada secuencia choca con el ritmo narrativo pusilánime que incluso se torna exasperante en los compases finales.

La acción se sitúa en los áridos parajes de Australia a mediados de los años 20. Allí se instala un veterano de guerra que no ha superado los traumas padecidos durante su paso por el frente de batalla. Su vecino, un predicador, accede a cederle a sus aborígenes para que le ayuden a reparar la cerca de su rancho. Poco a poco el recién llegado se dejará llevar por la ira y por sus prejuicios racistas, provocando una tragedia que obligará a huir a los nativos.

La puesta en escena tiene el tono de las historias crepusculares del género y unos loables visos de verosimilitud. En este marco es meritorio como, partiendo de un caso singular, exhibe una denuncia contundente sobre la opresión que padecieron los originarios habitantes de las antípodas, despojados de sus tierras y además esclavizados por el hombre blanco; un tema que pocas veces ha merecido la atención cinematográfica.

Las vastas y tórridas localizaciones naturales en las que transcurre el relato juegan un rol determinante a la hora de transmitir las angustiosas sensaciones que padecen los protagonistas cuando intentan escapar de la justicia, a lo cual contribuye la ausencia de música, que constituye un acierto en ese sentido.

Es una lástima que con tan apreciables mimbres, el tempo con el que se desarrollan los acontecimientos resulte irregular, dando la sensación de atascarse en distintos momentos, a lo que también coadyuva el carácter taciturno de los personajes, restando capacidad de impacto a las últimas e inesperadas secuencias.

El reparto al completo rinde a un nivel excelente, tanto en lo que toca a los veteranos conocidos, entre quienes encontramos a Sam Neill y a Bryan Brown, como a los actores no profesionales, Hamilton Morris y Natassia Gorey Furber, que conducen buena parte del film de manera muy convincente.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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