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Categoría: General

Crítica | ¿Verdad o reto?

Estamos ante otra de esas mediocridades que denigra el cine de terror juvenil donde, afortunadamente, sin ser lo más habitual, encontramos títulos muy notables. En esta ocasión se recurre a una formula simplona, ya explotada repetidas veces, que presenta argumentos originales únicamente en apariencia (son evidentes las similitudes con ‘Destino final’), aglutinando los ingredientes básicos con el propósito de asegurarse los beneficios en taquilla gracias al incondicional público adolescente.

Un grupo de amigos, durante unas pequeñas vacaciones en México, acaba en una iglesia abandonada en mitad de la nada y allí mismo deciden ponerse a jugar a ‘¿verdad o reto?’, desconociendo que tan atrevida distracción está dominada por un ser demoníaco. A partir de ese momento deberán aceptar los terribles desafíos que les proponga ese ente maligno, ya que en caso contrario morirán.

Lo peor del film no es que desarrolle su premisa siguiendo el manual y sin salirse de los tópicos, sino la burda manera de provocar y concatenar las situaciones que sostienen la trama. Basta leer la sinopsis para intuir la forma chocante y absurda que tiene de escenificar el arranque de la intriga.

No contento con ello, las incongruencias son constantes, a lo que se suma la escasa imaginación volcada en el guion, que abusa de los pocos recursos utilizados y se torna repetitivo. En sintonía con el conjunto, los personajes son, en general, superficiales; la mayoría meros títeres cuyo trágico destino es totalmente previsible.

Ni siquiera los apartados técnicos son dignos de destacar. Los efectos visuales se limitan básicamente a darle cara a la letal amenaza a la que se enfrentan los protagonistas, con un resultado absolutamente grotesco y que termina cansando.

El reparto lo conforman jóvenes y atractivos actores de un perfil tipo ‘Sensación de vivir’ actualizado, como Lucy Hale, Tyler Posey y Violett Beane, todavía sin unos currículum apreciables y si siguen en esta línea será difícil que los tengan. Su participación y la del resto de compañeros es inversamente proporcional a su caché, que no ha de ser demasiado elevado; pero ni tan solo en ese aspecto la película se permite sorprender saltándose los esquemas.

Mucho cuidado con los juegos que eligen, no sea que aparezca un diablillo con malas intenciones y les rete a ver este estreno.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | Mi Querída Cofradía

No será, ni mucho menos, la comedia del año y probablemente a la hora de votar las candidaturas a los Goya, dentro de unos cuantos meses, este título se habrá borrado de la memoria de los académicos, a pesar de contar con un par de actrices sobradamente merecedoras de nominación. Por lo demás, estamos ante un vodevil cinematográfico que tiene varias secuencias tronchantes, igual que tira de humor rancio en momentos puntuales.

En un pueblo andaluz encontramos a Carmen, que lleva toda la vida dedicada plenamente a su cofradía, tanto que sueña con ser nombrada presidenta, pero quien gana las elecciones es Ignacio, un tipo prepotente y machista. Cuando accidentalmente el nuevo rector de la hermandad se queda inconsciente en el baño de su casa, se ve en un aprieto de difícil solución. Su hija, esposa del alcalde, y una vecina de confianza tratarán de ayudarla, y ello a pocas horas de que comience la procesión.

El guión construye con gracejo la típica intriga de enredo que avanza con el efecto de bola de nieve, concatenando circunstancias inesperadas, algunas con ligeros toques surrealistas. Tres cuartos de su ajustado y bien aprovechado metraje tienen lugar en la vivienda de la protagonista, con una puesta en escena muy teatral. Sin embargo, esta es la parte que mejor funciona, dinamizando su desarrollo con constantes entradas y salidas de personajes y detalles que incrementan el suspense de tan hilarante situación.

Al alejarse de ese marco que domina a la perfección, el film decae sensiblemente. Cuando traslada la acción a la iglesia y tiene que resolver la trama parece perderse. En esos terrenos se salva básicamente el mensaje feminista en contra de ciertas tradiciones bastante trasnochadas; una reivindicación expresada con absoluto respeto a las costumbres religiosas, evitando cualquier agravio posible de manera meritoria.

Gloría Muñoz, habitual en roles secundarios, resuelve de forma sobresaliente el tour de force que exige su papel, con una implicación digna de elogio. Junto a ella, Carmen Flores Sandoval constituye la auténtica revelación de la película, haciendo gala de tal vis cómica que cada intervención resulta descacharrante, recordando, guardando las distancias, a la desaparecida Chus Lampreave en las colaboraciones con Pedro Almodóvar. Por esta actuación fue justamente galardonada en el pasado Festival de Málaga. Son igualmente apreciables las aportaciones de Pepa Aniorte, Manuel Morón y Joaquín Núñez.

No es para echar cohetes, pero, sin grandes recursos, consigue un aceptable divertimento.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | Paella Today

Desde que ‘Ocho apellidos vascos’ (2014) triunfará en la taquilla, son varios los largometrajes nacionales que han intentado seguir su estela, explotando el choque de culturas y caricaturizando los elementos más populares del folclore local. En esa línea nos encontramos con esta producción imbuida de la frescura y el desenfado propio del carácter levantino, haciendo de ello su aspecto mejor tratado y compensando la endeblez de la historia con un agradecido toque mediterráneo.

La relación fraternal entre dos amigos de toda la vida se ve alterada por la visita de una atractiva joven que les roba el corazón. Mientras ambos piensan en ella como la pareja ideal, la recién llegada quiere pasarlo bien, disfrutando del “poliamor” sin complicaciones ni compromisos. Sorprendentemente, un concurso de paellas en el centro histórico de Valencia les proporcionará la solución a sus dilemas.

Al revés de lo que suele ser habitual, las secuencias menos acertadas las encontramos en el tramo inicial de la película. El relato se precipita con formas trasnochadas, lo que choca con la moderna y desinhibida propuesta en torno a la que se construye. Esa aceleración para alcanzar cuanto antes el eje argumental descoloca y lastra el visionado de esos compases de apertura.

Afortunadamente, asentada la situación sobre la que pivota el guion, gana en comicidad, no tanto en el apartado romántico, un tanto irregular, sino gracias a las pequeñas pero hilarantes aportaciones que incorporan los personajes secundarios y algunas intervenciones en clave de cameo. De manera que la sal gruesa que puntualmente emerge en ese triángulo amoroso queda compensada por los ingeniosos gags que, en paralelo, vertebran el desarrollo narrativo del film.

En los papeles protagonistas encontramos a Olga Alamán, que le insufla a su papel la desenvoltura y toque frívolo que precisa. Junto a ella, constituye un grato descubrimiento la participación de Pau Gregori que llega a ensombrecer a su compañero Pablo Rivero (‘Cuéntame como pasó’).

Completan el elenco varias caras conocidas que hacen gala de una apreciable vis cómica, comenzando por el tándem, madre e hijo, que interpretan Mamen García y Brays Efe, a los que hay que sumar el desparpajo de Alberto Jo Lee (‘Tapas’) como un chino valenciano y las breves apariciones de, entre otros, Lolita Flores, Pablo Carbonell y Chimo Bayo.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | El Viaje de sus Vidas

No es ni mucho menos una película redonda, pero el hecho de contar con dos grandes actores y lo acertado del guion, en cuanto que va de menos a más, termina por tocar la fibra sensible y despertar suficientes emociones como para salir satisfecho del cine. La historia es bastante sencilla y tiene los alicientes justos, de esto se resiente especialmente su arranque que, como los propios protagonistas, parece avanzar sin rumbo fijo. No obstante, logra mantener abiertas las expectativas, extremo esencial para que cuando adquiere algo de entidad el espectador siga interesado en lo que vaya a ocurrir

John y Ella han llegado a la vejez como un matrimonio feliz, pero ahora han de lidiar con sendas enfermedades: él padece Alzheimer y a ella le han diagnosticado un tumor. Sin embargo, todavía les quedan energías para realizar juntos el que puede ser su último viaje, recorriendo la ruta por la que transitaban con su autocaravana cuando se iban de vacaciones décadas atrás.

A pesar de lo que podría pensarse a tenor de este argumento, equilibra bastante bien el humor y el drama, de manera que durante buena parte del metraje transcurre en un tono desenfadado, con situaciones puntuales que inevitablemente hacen reír. En ese apartado es fundamental la caracterización que se realiza de ambos ancianos, de forma que nos resultan completamente entrañables desde el primer instante. A ello se van sumando notas nostálgicas muy comunes, creando así un clima que invita a la empatía con el público.

Todo lo contrario cabe apuntar de los personajes secundarios, fundamentalmente sus dos hijos y la vecina de confianza, necesarios para estructurar la narración y jugar su papel en ciertos momentos, aunque nunca superan la superficialidad con que se presentan.

Siendo previsible en determinados aspectos, también se permite sorprendernos con circunstancias insospechadas y adecuadamente introducidas que espolean el desarrollo de los compases finales de esta road movie.

Donald Sutherland y Helen Mirren (nominada al Globo de Oro como mejor actriz de comedia por este trabajo) se compenetran a la perfección y vuelven a dar otra lección de excelente madurez interpretativa. Solo por ellos vale la pena pasar por taquilla.

El director italiano Paolo Virzi (‘La prima cosa bella’, ‘Locas de alegría’. ‘El capital humano’) demuestra nuevamente su tacto para abordar relatos intimistas.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | El Insulto

Desde el Líbano llega este magnífico largometraje con valiosas lecturas sobre el conflicto que se sufre en Oriente Medio y especialmente en ese pequeño país, donde conviven diferentes etnias en un frágil equilibrio. El film, nominado justamente al Óscar a mejor película de habla no inglesa, pone en pantalla una historia absorbente que transita del drama personal al judicial con trascendencia social, creciendo en intensidad con cada secuencia.

Lo que comienza como un insignificante altercado entre el capataz de las obras ordenadas por el ayuntamiento y un vecino que discrepa de la actuación de los operarios en su vivienda, alcanzará repercusiones insospechadas. En el fondo pesa el odio latente que enfrenta a sus pueblos desde hace décadas y que hará de esta cuestión singular el detonante potencial de revueltas incontroladas.

Es meritorio como el guion desarrolla su presupuesto argumental para que ese incidente aislado se vaya agrandando con argumentos bien sostenidos. Además, conforme los protagonistas se ven inmersos en una espiral de acontecimientos imprevistos, experimentan una palpable transformación que afecta a su elevado orgullo. Para lograrlo, profundiza en su personalidad y recurre, en los momentos precisos, a parcelas íntimas y ocultas de su pasado que han marcado el carácter de ambos.

Al tiempo que esgrime mensajes con ánimo de denuncia, invitando a recapacitar acerca del sinsentido actual de esa ira enquistada que amenaza la endeble paz alcanzada en esos territorios, no descuida ningún detalle de la trama para atrapar la atención del espectador. Así, cuando escenifica los juicios penales los letrados hacen gala de una dialéctica que convierte las vistas en duelos verbales de altura con notas de intriga y tensión sobre el devenir del caso.

Los actores que encabezan el reparto, Adel Karem (‘Caramel’) y Kamel El Basha, insuflan a sus personajes la naturalidad y el carisma adecuados para llenar la pantalla e invitar al público a implicarse en sus causas, completando dos interpretaciones brillantes.

Estamos ante un estreno plenamente recomendable que no deja indiferente.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | Peter Rabbit

Siguiendo la estela de ‘Babe’, ‘Garfield’ y ‘Paddington’, da el salto a la gran pantalla el personaje más popular de la ilustradora y escritora británica Beatrix Potter. El resultado es una cinta de entretenimiento puramente infantil, recorrida fundamentalmente por humor blanco, que actualiza las aventuras literarias con toques gamberros, pero algo descompensada: el carisma que tiene el protagonista, bien secundado por sus congéneres, choca con el carácter tontorrón y ridículo de los adultos con quienes se relaciona.

Peter es el conejo más temerario del bucólico Distrito de los Lagos. Con la ayuda de su familia, se pasa los días robando verduras del huerto del señor McGregor, que sueña con darle caza algún día. Por fortuna, cuenta con la protección y el cariño de una pintora amante de los animales. Sin embargo, este panorama cambia para mal cuando llega al florido edén un nuevo propietario dispuesto a acabar con los intrusos.

Entre los puntos fuertes de la película, procede destacar la agilidad narrativa de la que hace gala, salvando, gracias a ese ritmo trepidante, ciertas carencias del guión, que a los pocos minutos deja entrever las intenciones y avanza la senda de lo que será su desarrollo y resolución.

El resto de virtudes de esta producción radica en los apartados técnicos. Cada uno de los habitantes del bosque está tratado con un esmero loable, al punto de que todos se antojan muy reales. Además, la realización se toma licencias muy curiosas: así cuando los Rabbit y sus colegas centran la acción se presentan dotados de las facultades propias de los seres humanos, mientras que si interactúan con los actores se muestran con su apariencia natural. A ello se suman pequeñas secuencias de animación tradicional, completando un repertorio visualmente atractivo.

Junto a las creaciones digitales, en el reparto encontramos a Rose Byrne y Domhnall Gleeson, asumiendo unos roles demasiado estirados, con poca gracia y que caen constantemente en lo grotesco. Por su parte, el veterano Sam Neill tiene una corta participación y cuesta reconocerle.

En la versión en castellano, Dani Rovira, Belén Cuesta y Silvia Abril, entre otros, desarrollan su trabajo como si fueran profesionales del doblaje, aunque este tipo de ganchos publicitarios son innecesarios.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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