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Títulos de Crédito Entradas

Crítica: Perfectos Desconocidos

Ya el tráiler adelanta una tentación cinematográfica irresistible, al proponer un juego que el espectador puede disfrutar en la distancia, sin que se vea implicado ni corra el riesgo de que sus secretos mejor guardados salgan a la luz; de ahí que se disfrute en grande viendo como lo hacen otros, unos extraños. En este aspecto la diversión está asegurada porque Álex de la Iglesia nos trae uno de los mejores títulos que ha firmado en los últimos años. El realizador bilbaíno se ha hecho cargo del remake de la exitosa cinta italiana ‘Perfetti sconosciuti’ (2016) y pone las gotas precisas de su desbordante ingenio para ofrecernos un film actual y tronchante que transcurre con agilidad, aprovechando cada instante y excediéndose lo justo.

Tres matrimonios y un amigo soltero se reúnen para cenar en la casa de una de las parejas. La velada, que coincide con un eclipse lunar, no promete grandes sorpresas; sin embargo, la cosa cambia cuando alguien alardea de no guardar secretos en su móvil, lo que suscribe rápidamente el resto. Para demostrarlo deciden poner sus teléfonos encima de la mesa y leer en voz alta los mensajes que reciban, además de contestar las llamadas en modo ‘altavoz’.

Con esta idea tan sencilla y a la vez original, el primer aspecto abordado con la diligencia que requería esta propuesta es la caracterización de los personajes, de forma que todos tienen recorrido suficiente en la hilarante intriga. En ese apartado se aprecia un trabajo notable, que va acompañado del equilibrio en su participación, de manera que en este relato coral el protagonismo de los comensales queda bien repartido, aunque al final la balanza se incline ligeramente del lado masculino.

Los diálogos están imbuidos de chispa de principio a fin y las situaciones chocantes se van sucediendo sin atropellarse, acertando de pleno en el siempre difícil tránsito de pasar al drama después de haber escenificado la mayor parte del relato como una comedia desternillante. Deja también, en un tono abiertamente mordaz, claras advertencias sobre los aparentemente inapreciables peligros a que nos exponen las redes sociales y las nuevas tecnologías, vinculados a la mezquindad que esconden las relaciones con las personas más cercanas.

El único punto débil, afortunadamente presente solo en pequeñas dosis, es el correspondiente a las suaves pinceladas de realismo mágico que introduce en el devenir de los acontecimientos, vinculados al fenómeno astral y que no acaban de encajar.

El reparto al completo rinde y da prestancia a esta cinta en la que sobresalen especialmente Eduard Fernández, Belén Rueda y Ernesto Alterio.

‘Perfectos desconocidos’ es, desde luego, una apuesta segura para pasar un buen rato y saber a qué jugar en las entrañables reuniones navideñas que se aproximan.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova.

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Crítica: Wonder

Con haber leído la sinopsis se puede tener ya una idea suficientemente aproximada de lo que depara este estreno. Estamos ante la típica película emotiva, en clave de autosuperación personal, que, sin embargo, consigue mantenerse alejada de la sensiblería artificiosa hasta prácticamente los últimos compases, excesivamente alargados.

Partiendo de la exitosa novela ‘La lección de August’, publicada en 2012 y obra de la escritora Raquel Palacio, nos lleva hasta el seno de la familia Pullman, en la que el pequeño Auggie, de 10 años, tiene que afrontar la difícil tesitura de ir por primera vez al colegio. Hasta ese momento su madre se ha encargado de educarle y él es reacio a ir a la escuela porque padece una deformación facial que lo hace diferente a primera vista.

Atendiendo a esos presupuestos argumentales, logra construir una historia agridulce que evita casi siempre caer en terrenos empalagosos, abriéndose a otros temas propios de la infancia, como la amistad, el rechazo, la popularidad y la crueldad inconsciente. Al mismo tiempo, va reivindicando al protagonista por sus acciones y forma de ser, desdramatizando las situaciones con sutiles y acertadas notas de humor.

De manera paralela, incrementa los puntos de interés al poner la mirada en los padres y arropar el argumento central con la atención que dedica a la hermana de este chico, quien se siente algo arrinconada en casa. Además, el hecho de que vaya alternando a los narradores del relato, trasladándonos la experiencia y perspectiva de cada uno de ellos, lejos de resultar repetitivo, confiere al film un gran dinamismo.

Conforme se desarrolla sus mensajes se van haciendo visibles, sacando a relucir el lado más humano de estos personajes y contraponiéndolos a quienes se mueven por prejuicios o por soberbia, como sucede con un matrimonio capaz de defender los actos reprobables de su hijo. Con todo, se regodea en la resolución y ahí sí cae en la tentación de aplicar manidos recursos lacrimógenos, unos terrenos que conoce bien Steve Conrad, encargado de la adaptación del libro y que firmó el guion de ‘En busca de la felicidad’ (2006).

Owen Wilson y Julia Roberts, sin destilar una química magnífica, logran hacer que sus roles de esposos positivos y felices funcionen discretamente; pero quien se luce con soltura es el pequeño Jacob Tremblay, que ya nos maravilló con su papel en ‘La habitación’ (2015).

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica: El sacrificio de un Ciervo Sagrado

Antes de mirar el elenco interpretativo de este título, llamativo sin duda, habría que fijarse en el nombre del director, Yorgos Lanthimos y saber que ha firmado películas tan reputadas e inclasificables como ‘Canino’ (2009) y ‘Langosta’ (2015). Estamos ante un cineasta que aplica una impronta de elegante surrealismo a cada historia que lleva a la pantalla y ésta no iba a ser menos. De ahí que quien no acepte ese tipo de propuestas tan originales y meritorias en determinados aspectos, como imposibles de entender desde parámetros convencionales, hará bien en abstenerse de acercarse a su proyección.

En esta ocasión nos presenta a un eminente cardiólogo que entabla amistad con el hijo adolescente de uno de sus pacientes, que murió cuando estaba siendo sometido a una operación a corazón abierto. Realmente el chico culpa al cirujano por la muerte de su padre y acaba augurándole terribles desgracias. Los funestos presagios comienzan a hacerse realidad cuando, repentinamente, el hijo del médico pierde la movilidad en las dos piernas.

Lo que mejor hace el film es crear el ambiente de permanente y creciente tensión psicológica que pide el guion para funcionar dignamente, dinamitando esa situación angustiosa con acontecimientos puntuales que descolocan por completo; un clima turbador que estalla con brotes violentos secos e inesperados.

Esa atmósfera, perfectamente lograda, contrasta con lo inexplicable de los hechos dramáticos y truculentos que se van sucediendo y también con ciertas reacciones difíciles de justificar de los protagonistas, lo que arrastrará al desquicio del espectador si busca darle un sentido lógico a todos los elementos del relato. En esa línea nos aboca a un desenlace áspero, extraño e incomodo, ajustado a cuanto le precede.

En otro orden de cosas, conviene señalar que abusa de la música atonal y estridente hasta resultar molesta, como si no tuviera ya bastante con las imágenes que, eso sí, responden a una cuidada dirección técnica.

El otro punto fuerte de tan singular producción pasa por el reparto, donde luce el temperamento que vuelca en su personaje Colin Farrell, llenándolo de matices. Frente a él, se ratifica como una promesa en firme el joven Barry Keoghan (‘Dunkerque’), más expresivo y hasta aterrador con sus miradas y gestos que con las palabras. Igualmente notable resulta la actuación de Nicole Kidman, destapando sus virtudes actorales en el rol de madre atormentada por lo que les ocurre a los suyos.

Estreno dirigido a los seguidores del realizador griego y a los amantes de las rarezas cinematográficas.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica: La Vida y Nada Más

Con una tibia acogida en la sala, se saldó el paso de esta producción española por el Festival de San Sebastián. Seguramente porque quiere y consigue ser tan realista que pierde el sentido del ritmo cinematográfico adecuado. Ello provoca tanto que tarde en alcanzar su nudo argumental, como que, prácticamente, hasta en su último cuarto no generé demasiado interés por el devenir de sus protagonistas.

La acción se sitúa en una ciudad de Florida, donde una mujer afroamericana, divorciada y cuyo exmarido está en la cárcel, debe de hacerse cargo de una niña de corta edad y de un adolescente problemático y con antecedentes penales; además de trabajar duramente cada día. Su vida comienza a ver un poco de luz cuando conoce a un hombre que parece haberse enamorado de ella.

Para introducir a los personajes el film se basta de pocos minutos. Con las primeras secuencias consigue describirlos perfectamente a través de la difícil realidad en la que se mueven. Sin embargo, cumplido este propósito, le cuesta dar continuidad a la narración y prefiere recrearse en detalles de su quehacer cotidiano que tienden a aletargar la historia.

La película va transitando por los terrenos del drama contenido y soterrado, sin buscar artificios lacrimógenos ni perder el halo de verosimilitud que logra desde una realización discreta y eficaz. Afortunadamente, hay un momento en que los acontecimientos se precipitan y adquiere una mayor intensidad emocional.

Por otra parte, antes del cierre, el relato da un pequeño salto temporal que le permite poner un colofón cargado de una emotividad elocuente, mejorando las sensaciones que deja en el espectador, más allá de lo que era previsible.

Una de las bazas esenciales de esta propuesta de aires independientes pasa por su reparto que conforman actores debutantes: Regina Williams se revela como una actriz temperamental, llenando la pantalla y transmitiendo con rotundidad el desasosiego de la madre coraje que interpreta. Junto a ella, Andrew Bleechington sale airoso poniéndose en la piel de un joven que flirtea con la delincuencia.

Quienes prefieren el cine indie, no saldrán defraudados de este estreno, modesto en las formas y con un ligero exceso de metraje, que termina rozando la fibra sensible.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica: Coco

El estreno estrella de Disney-Pixar, habitual en la proximidad a las fiestas navideñas, responde plenamente a las expectativas que había generado entre el público infantil. Aunque emparenta directamente con ‘El libro de la vida’, que Guillermo del Toro produjo en 2014 y esto le resta méritos en cuanto a originalidad se refiere, la puesta en escena y el calado de sus mensajes lo compensan sobradamente.

Miguel es un niño con vocación de mariachi, pese a que sus padres y especialmente su abuela se niegan a que se acerque a un instrumento musical. Durante la popular fiesta del Día de los Muertos viajará hasta el inframundo donde conocerá a sus antepasados, pero sobre todo tratará de encontrar a Ernesto de la Cruz, una antigua estrella de la canción que idolatra y a quien sueña con emular algún día.

Desde el principio la película aprovecha perfectamente la cara colorida del folclore mexicano para hacer brillar las imágenes, ya sea en el pueblo donde arranca la acción o al dibujar el populoso universo de los difuntos. A este marco se suma el magnífico repertorio musical que acompaña el desarrollo de la historia, tanto en lo que se refiere a las canciones, incluyendo temas tradicionales, como el resto de la banda sonora, compuesta por Michael Giacchino.

Tales excelencias técnicas, apreciables hasta en los pequeños detalles, sirven incluso para cubrir los escasos baches de una aventura que se mantiene casi siempre en un tono álgido, salpicada de gags y notas cómicas que funcionan. En este apartado se incluyen unas simpáticas caricaturas de Frida Kahlo y Jorge Negrete, amén de guiños a otros personajes conocidos. Por supuesto, como era de esperar, la parte final resulta tan brillante como emotiva y complaciente.

En el fondo, son muy apreciables las lecturas que deja acerca de la importancia y la fuerza de los lazos familiares, además de remarcar que quienes ya no están aquí se mantienen vivos en la memoria de los que les recuerdan. A ello incorpora una visión desmitificada y, paradójicamente, vitalista del más allá.

Este entretenimiento familiar, absolutamente recomendable, constituye también un homenaje a México y a su cultura por parte de la popular factoría de animación.

Ficha técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica: En Realidad, Nunca Estuviste Aquí

Joaquin Phoenix es un actor que se prodiga lo justo en la gran pantalla, pero cuando lo hace deja muestras de su grandísima talla interpretativa, capaz de mejorar cualquier proyecto. Dos años después de su colaboración con Woody Allen en ‘Irrational man’ (2015), vuelve con este thriller sórdido y desgarrador de la mano de la directora Lynne Ramsay (‘Tenemos que hablar de Kevin’), donde borda el rol de una especie de justiciero a sueldo.

Joe es un veterano de las Guerras del Golfo que se ha especializado en rescatar a chicas explotadas sexualmente, una tarea para la que no tiene miramientos con los captores. Su nuevo cliente es un senador cuya hija adolescente ha sido raptada con el propósito de ser prostituida. Lo que para él supone un trabajo cotidiano, se complicará cuando entren en juego circunstancias imprevistas relacionadas con el reputado político.

El film, sin una historia de gran recorrido, comprime en 90 minutos esta intriga redonda en su concepción. No obstante, la puesta en escena peca de abusar de los flashbacks intermitentes, a modo de destellos que interrumpen la narración y acaban siendo innecesarios tras haber quedado suficientemente ilustrada la parte del pasado del protagonista que le atormenta.

Es notable como atempera la recreación de las secuencias más violentas para que las imágenes no resulten repulsivas, valiéndose para ello de la habilidosa aplicación de recursos técnicos como los juegos de luces o movimientos de cámara que nos permiten intuir, antes que ver, los detalles truculentos de las actuaciones de este tipo rudo y taciturno.

Entre el suspense y la acción, sin que decaiga un instante la tensión, nos lleva hasta un cierre frío pero certero y prácticamente el que mejor encaja con la trama, construida alrededor de un solo personaje que llena la pantalla, un antihéroe que no genera empatía alguna y aun así cautiva, al punto de que es difícil cuestionarle.

Estamos ante un estreno de altura no apto para todos los estómagos que, guardando las distancias, parece inspirado parcialmente en títulos tan reconocidos y aparentemente diferentes como ‘Taxi Driver’ y ‘Valor de ley’.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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