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Etiqueta: alexandre desplat

Crítica | Isla de Perros

Lo primero que hay que advertir es que no estamos ante una película infantil, aunque sea de animación y el título y su cartel inviten a pensar lo contrario, e incluso pese a no encontrar en ella contenidos inapropiados, ni salidas de tono.

Igual de importante resulta saber que su director es Wes Anderson y conocer su peculiar manera de hacer cine. En este caso, el realizador de ‘El gran hotel Budapest’ y ‘Viaje a Darjeeling’, entre otras, vuelve a apostar por un género que ya trató con hechuras similares en ‘Fantástico Sr. Fox’ (2009). Por lo tanto, si se disfrutaron estos títulos en su día, esta será, sin duda, una acertada elección. Si no es así, al espectador le costará entrar plenamente en la propuesta del cineasta tejano, nuevamente recorrida por la ironía y la mordacidad, introducidas tan sutil y sobriamente que el conjunto peca de cierta sequedad.

La acción se sitúa en Japón, donde el alcalde de Megasaki ha decidido desterrar a los perros a una isla que sirve de vertedero, al estimar que son los causantes del brote de gripe canina que está propagándose por toda la ciudad. El joven sobrino del regidor se presentará allí con el objetivo de recuperar a su mascota, lo que se convertirá en el inicio de una rebelión.

Es innegable el extraordinario trabajo desarrollado por los diferentes departamentos técnicos del film para conseguir, con la laboriosa técnica de captura del movimiento (stop motion), sus llamativas imágenes, a las cuales se debe estar muy atento si se quiere reparar en la cantidad de detalles que contienen. Este pasa por ser el apartado más virtuoso de la producción, en la que han participado alrededor de 700 especialistas durante cuatro años.

No obstante, lo anterior no impide señalar que, si bien la narración transcurre sin atascarse, carece de la energía suficiente para implicar al público en su mensaje y moraleja, que quedan algo deslucidos, desaprovechando parte del potencial de los personajes caninos.

En cuanto a la banda sonora, obra de Alexandre Desplat (‘La forma del agua’), procede destacar lo meritorio de su labor, al componer una partitura completamente dominada por la percusión nipona en la instrumentación, que tiene espacio para el lucimiento al principio y al final de la cinta. Sin embargo, en ocasiones se abusa de su utilización hasta tornarse innecesariamente machacona.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | La forma del Agua

Guillermo del Toro firma esta extraordinaria película en la que se conjugan los ingredientes característicos de su filmografía con la maestría de la premiada ‘El laberinto del fauno’ (2006), su otra gran obra. Estamos ante una historia que seduce desde los instantes iniciales, sea en clave de thriller o como un bonito cuento romántico. Nada falla en la puesta en escena y así logra meternos de lleno en unos escenarios que pronto ponen de manifiesto su relevancia.

La acción se sitúa en plena Guerra Fría y nos presenta a Elisa, una joven del servicio de limpieza de un centro de investigación del Gobierno. Sus relaciones sociales se han visto condicionadas por el hecho de ser muda, al punto de contar únicamente con la amistad de una compañera de trabajo y de su solitario vecino. Todo cambia cuando conoce al extraño ser que se custodia en el laboratorio: un humanoide anfibio.

Basta con escuchar los primeros compases de la deliciosa banda sonora compuesta por Alexandre Desplat y atender a la breve pero seductora introducción, mediante una voz en off, para engancharnos al relato que va a comenzar.

Esas altas expectativas que despierta su apertura se ven corroboradas de inmediato. Con encomiable agilidad, perfila adecuadamente a los protagonistas, dejando claro el lugar que ocupa cada uno y avanzando el sentido que tomará la trama. A poco que se piense, los argumentos que la sustentan, al margen de la fantasía de que esta imbuida, no son especialmente complejos y denotan cierta inspiración en obras clásicas, como ‘La bella y la bestia’. Precisamente ahí radica buena parte del mérito de esta producción, en darles una envoltura tan atractiva que nos mantiene atentos a la pantalla de principio a fin.

Su poesía visual, acicalada con moderadas notas de realismo mágico, proporcionan secuencias hechizantes, igual que vibrante, dramática y tensa resulta la intriga en otros momentos.

Los apartados técnicos son determinantes en las apreciables excelencias de la cinta. La dirección artística no solo nos traslada a los albores de los 60, sino que además escoge las localizaciones adecuadas. Sin aplicar recursos deslumbrantes, crea las atmósferas propicias y evidencia la minuciosidad con que se han tratado hasta los más mínimos detalles, a ello se suma la notable labor de vestuario y la fotografía, que le da a las imágenes un cierto aroma a cine negro de los 50, pese a ser en color.

Sally Hawkins, que ya había ido dejando excelentes muestras de su elevada talla interpretativa en títulos como ‘Happy, un cuento sobre la felicidad’ (2008), ‘Blue Jasmine’ (2013) y ‘Maudie, el color de la vida’ (2016), borda este papel e irradia ternura, delicadeza y buenos sentimientos. El resto del plantel brilla prácticamente a la misma altura: Richard Jenkins está sobresaliente en un rol lleno de matices; Octavia Spencer se aproxima mucho a su personaje de ‘Criadas y señoras’ (2011), que le valió el Óscar a la mejor actriz secundaria y Michael Shannon encarna al necesario villano con rotundidad y convicción, sin caer en los excesos. A ellos se une el imprescindible Michael Stuhlbarg; mientras que a Doug Jones lo intuimos tras la ceñida piel de ese singular espécimen que parece descendiente de la criatura de ‘La mujer y el monstruo’ (1954).

Otro estreno recomendable que se incorpora a una cartelera pletórica de ofertas irresistibles en estos días.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica: Suburbicon

George Clooney se ha puesto detrás de la cámara para presentar este thriller de aires vintage, en lo que parece un homenaje al cine de Hitchcock con matices muy perceptibles que denotan la participación de los hermanos Coen en la escritura del guion. Así que nos encontramos con una película intrigante hasta cierto punto, dada la facilidad para prever algunos de los acontecimientos que se suceden, e impregnada de un tono truculento que va in crescendo a lo largo del metraje.

‘Suburbicon’ es una comunidad de apariencia tranquila, donde se han asentado personas procedentes de diferentes ciudades de Estados Unidos para llevar una vida cómoda y sin sobresaltos. Sin embargo, todo cambia cuando dos malhechores asaltan el hogar de un ejecutivo con terribles consecuencias para él y los suyos, dejando una profunda conmoción anímica en su hijo, quien pronto comenzará a percibir detalles extraños en el comportamiento de su padre.

La historia responde a un andamiaje narrativo tradicional, avanzando con un efecto bola de nieve, donde a medida que los engaños y traiciones van adquiriendo entidad se multiplican y ramifican sus trágicas consecuencias. Si bien la capacidad para sorprendernos es limitada, resulta virtuosa a la hora de ir transformando a varios protagonistas, enfrentados entre ellos pero vinculados por tal grado de codicia y mezquindad que les lleva a perder los papeles paulatinamente.

En paralelo, desarrolla una subtrama vinculada a la discriminación y al acoso violento que sufre una familia afroamericana repudiada por sus vecinos. Este hilo conductor secundario sirve para maximizar la denuncia sobre la hipocresía social y el cinismo que pretende escenificar, aunque no alcanza a tener una entidad bien definida.

La acción va de menos a más hasta caer en lo descarnado y acelerarse en los últimos minutos de metraje, para poner un colofón conciliador con quienes los merecen, a la vez que ciertamente desangelado.

Técnicamente, no cabe oponer reparos al diseño de producción, donde se ha cuidado cada detalle, especialmente el vestuario, la fotografía y las localizaciones, para meternos de lleno en la década de los 50, a lo que se une la acertada partitura de Alexandre Desplat, haciéndose notar desde los instantes iniciales.

Matt Damon se luce en un rol difícil y con muchas aristas, lo mismo que Julianne Moore, multiplicada por dos al interpretar a unas hermanas gemelas. Del resto del elenco merece mencionarse al joven actor británico Noah Jupe (‘Wonder’) y a la breve pero convincente intervención de Oscar Isaac.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova.

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