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Etiqueta: Patricia Clarkson

Crítica | The Party

Aun partiendo de un texto original para el cine, prácticamente el espectador se va a encontrar con una representación teatral en clave de comedia mordaz que tiene algunos altibajos. El guion maneja ideas loables y muy adecuadas con el fin de escenificar sus auténticos y corrosivos propósitos; sin embargo, en ocasiones se pierde en discusiones densas que le restan chispa y ralentizan el desarrollo de los acontecimientos, a pesar de que el metraje no supera los 70 minutos.

La nueva ministra de Sanidad, con motivo de su nombramiento, organiza una reunión de amigos en casa. Entre los participantes, además del esposo de la anfitriona, aparentemente ajeno a la celebración y absorto en sus pensamientos, se encuentran una pareja de lesbianas, un ejecutivo de las finanzas bastante alterado y su mejor amiga, cuyo marido es aficionado a la medicina natural. Distintas circunstancias enrarecerán el ambiente hasta cotas insospechadas.

En este marco, se suceden pequeños incidentes que sirven para ir destapando el lado agrio y cínico de las debilidades humanas, dejando al aire elocuentes muestras de hipocresía social y personal. Para ello se vale del sarcasmo y del drama matizado con la ironía, de forma que los personajes se van poniendo en ridículo, al tiempo que se atisban la dianas que subyacen en las intenciones de esta historia. Las envidas, falsas apariencias y rencillas soterradas en los círculos más cercanos, el feminismo mal entendido, la infidelidad, las vilezas que provoca el dinero y hasta las listas de espera en la atención sanitaria (también se dan en el Reino Unido) son puestos en solfa, al principio de manera contenida y después demasiado exagerada, con hechuras tragicómicas propias de un sainete, pero sin dejar títere con cabeza.

Con todo, queda lejos de alcanzar las cotas sublimes que tal planteamiento merecía, coqueteando con la bufonada, sensación compensada con su inesperado desenlace, a modo de gag eficaz y resolutivo.

El blanco y negro confiere un tono de calidez a las imágenes que permite al espectador colocarse en la posición de invitado invisible.

En el reparto destacan especialmente Kristin Scott Thomas, Timothy Spall y Cillian Murphy, pese a que sus papeles evolucionan a registros histriónicos. Otros cumplen correctamente, como Patricia Clarkson, Emily Mortimer, Bruno Ganz y Cherry Jones.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica | El Corredor del Laberinto: La Cura Mortal

Igual que sucedió con ‘Los juegos del hambre’ y ‘Divergente’, asistimos ahora a la resolución de otra saga de aventuras juveniles, que si ya de partida era sensiblemente inferior a las citadas, ha seguido su mismo camino descendente en la trasposición de las entregas literarias a la gran pantalla. En esta ocasión dedica 140 minutos a rematar la trilogía, un metraje excesivo que provoca la extenuación antes de alcanzar las dos horas de proyección.

Los intrépidos protagonistas se preparan para liberar a los chicos capturados por CRUEL, la oscura organización que está dispuesta a sacrificarlos con el fin conseguir una vacuna contra el extendido virus que convierte en zombis a quienes lo contraen. Para ello deben infiltrarse en la última gran ciudad habitada del planeta. En tan arriesgada misión contarán con la inesperada ayuda de un grupo subversivo escondido junto a los inexpugnables muros que rodean la metrópoli.

El film comienza de forma trepidante, casi a modo de homenaje a ‘Mad Max’, con dos todoterrenos intentando abordar un tren a toda velocidad. Son esos instantes iniciales, cuando todavía desconocemos el devenir de la historia, los más apreciables de la película. Y es que tras el obligado receso, al volver a los terrenos vertiginosos se torna previsible y cargante hasta cotas excesivas.

La sucesión de secuencias abigarradas y la falta del sentido del ritmo para equilibrar adecuadamente los momentos dramáticos con aquellos supuestamente vibrantes, además de lo superficial que resulta el relato, generan inevitables sensaciones de agotamiento y el deseo frustrado de que se acabe cuanto antes.

Técnicamente ya no sorprenden los efectos visuales en imágenes que suenan a vistas hasta la saciedad. Basta recordar los otros títulos citados e incluso añadir algún otro como ‘Resident Evil’, para percatarse.

Dylan O’Brien, Kaya Scodelario, Thomas Brodie-Sangster y la veterana Patricia Clarkson no aportan nada especialmente reseñable a sus personajes que no hubiésemos visto antes.

De la dirección ha vuelto a encargarse, como de las anteriores, Wes Ball, quien ha ido perdiendo soltura por el camino.

Ficha Técnica en IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanova

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Crítica: La Librería

De la mano de Isabel Coixet llega a la cartelera la adaptación de la novela homónima de Penélope Fitzgerald. El resultado es una película delicada y hermosa; un relato de emociones contenidas y a la vez, un retrato inteligente y mordaz de la hipocresía social en una pequeña comunidad de los años 50, que sigue siendo de plena actualidad.

Florence Green es una mujer resuelta y de buen corazón que no puede olvidar a su marido, fallecido en la guerra, con quien compartía la pasión por la lectura. Para recuperar las ilusiones perdidas proyecta abrir una librería en el pequeño pueblo en el que vive, pero su sueño chocará con los caprichosos intereses de la mujer más rica de la zona.

La historia transcurre de forma lineal pero sin atascarse en ningún momento. La presentación de los diferentes personajes que intervienen en la trama se realiza a fuego lento, con sutileza y acompañada de los detalles que les confieren la rotunda personalidad que esconden bajo su fachada. En ese microuniverso encontramos seres afables y bondadosos, como la protagonista; otros rudos y simples; los hay, por supuesto, prepotentes y manipuladores y hasta algún tipo inteligente que ha decidido vivir lejos del mundanal ruido. Así, logra dibujar un cuadro bien reconocible a poco que se mire alrededor, donde el guion consigue asignar a cada participante un papel esencial.

Tras completar esta fase, centra adecuadamente su argumento: el choque entre, por un lado, el pensamiento idealista y bienintencionado, en este caso en pro de la cultura, y los propósitos arbitrarios y tiránicos, por otro. Tal confrontación, además de mostrarse sin estridencias destacables, se acompaña del esbozo de un romance imposible, escenificado con detalles de indudable calado emotivo vinculados a las afinidades afectivas y a la melancolía de la soledad.

La producción también se beneficia de las excelencias técnicas que evidencian las imágenes: desde la atrayente selección de escenarios a la fotografía que los lleva a la pantalla, pasando por el vestuario y la notable ambientación que se aprecia en cada secuencia.

Emily Mortimer le pone encanto y dulzura a su papel y acaba por ablandar y seducir al espectador casi sin quererlo. Patricia Clarkson tira de experiencia para componer un carácter repulsivo, mientras que Bill Nighy está extraordinario en su rol de misántropo a la fuerza; sin olvidar el desparpajo de la jovencísima Honor Kneafseay.

Sería mucho decir que es lo mejor de la directora si atendemos a su extensa y granada filmografía, pero si lo circunscribimos a los últimos trabajos, desde luego que sí.

Ficha técnica IMDB.

Artículo publicado originalmente en: Críticas de Cine de Eduardo Casanov

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